«Os invito a escuchar y seguir a Jesús, y a dejaros transformar interiormente por sus palabras, que son Espíritu y vida». Papa Francisco.
Con el corazón lleno de gratitud, agradezco sinceramente a nuestra Superiora General, la Hna. Lila Ramírez, y a su Consejo, así como a la Hna. Marykutty Mathew, mi Superiora Provincial, y a su Consejo, por haberme brindado la valiosa oportunidad de participar en el Programa de Preparación para Formadoras organizado por la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) en Roma, del 12 de enero al 3 de julio de 2026. Junto con 46 participantes (44 congregaciones) procedentes de 22 países, el privilegio de convivir y aprender con hermanas de tantos países, culturas y congregaciones se convirtió en una profunda experiencia de comunión y en un camino sagrado de transformación personal, espiritual y humana.
El programa ofreció una formación rica e integral a través de diversas sesiones sobre trabajo en equipo, sinodalidad, vida consagrada, desarrollo humano, protección, discernimiento, formas de oración, integración psicosexual, empoderamiento de las mujeres, interculturalidad y acompañamiento espiritual, lo que me ayudó a descubrir que una formación eficaz no se basa únicamente en el conocimiento, sino en la conciencia de uno mismo, la apertura, la humildad, la escucha compasiva y la profunda comunión con Dios.
Un descubrimiento personal muy significativo fue reflexionar sobre mi propio nombre —Vasanta—, que significa «primavera» (novedad). Me recordó que Dios ha renovado continuamente mi vida y me ha llamado a acoger cada nueva experiencia con esperanza. Cada sesión, cada encuentro, cada oración, diálogo e integración me ayudaron a conocerme más profundamente, a responder de forma creativa a los retos del mundo actual, a reconocer la presencia amorosa de Dios en la vida y a abrirme más a su gracia transformadora. Aprendí a aceptar tanto mis puntos fuertes como mis vulnerabilidades, confiando en que Dios obra incluso a través de mis imperfecciones. La verdadera formación no comienza tratando de cambiar a los demás, sino permitiendo que Dios nos moldee y transforme continuamente.
El retiro en silencio, los momentos de reflexión y de compartir, las peregrinaciones a Asís, Siena, Padua, Venecia, Subiaco, las basílicas mayores y los lugares sagrados de la Iglesia han profundizado mi fe y mi relación con Cristo. Este programa me ha inspirado a convertirme en alguien que acompaña a los demás con el corazón compasivo de Cristo, la actitud de escucha de María y el espíritu de nuestro carisma. La formación es un camino que dura toda la vida; me pongo en manos del alfarero divino, con la esperanza de que Aquel que ha comenzado esta buena obra en mí siga moldeándome para su misión.
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la comunidad de la Casa General de Roma, donde he podido sentir el amor, el cariño y la comprensión sinceros de cada una de las hermanas. Su atenta preocupación, su generoso compartir y su apoyo fraternal me han dado fuerzas durante mi estancia. Siempre guardaré en mi corazón los hermosos recuerdos de la vida comunitaria, que me han reconfortado e inspirado.
HNA. VASANTA VASAVA CM.


