Nuestra espiritualidad

Misterio de comunión: Dios y los prójimos

Nuestra espiritualidad hunde sus raíces en el Carmelo Teresiano, vivido al estilo de Francisco Palau. Se centra en la vivencia del misterio eclesial como misterio de comunión: Dios y los prójimos. Esto se concreta en la llamada a la comunión fraterna, la actitud contemplativa en el trato amistoso con Dios y escucha de su Palabra, el espíritu misionero, que nos hace salir hacia los que más nos necesitan.

Ser profetas y signos visibles de comunión supone también, avanzar en la misión compartida, valorando la complementariedad y fortaleciendo el sentido comunitario de la vida y la misión.

Hacer de la Eucaristía el centro de la vida (MRel 3, 1-12; 4, 22-24. 28; 11,4), como realización máxima de la unión con Dios y los hermanos, nos urge a hacerla expresión viva en la fraternidad y en el compartir con los pobres, anticipando así el banquete universal del Reino.

Presencia de María, como figura y tipo perfecto de la Iglesia, modelo de entrega a la voluntad de Dios y de entrega gratuita y generosa a los demás.

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