El pasado 11 de julio, como comunidad CMS Morelia Suárez, vivimos con inmensa alegría nuestro esperado retiro espiritual, un verdadero encuentro con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos. La jornada fue dirigida por la Hna. Lourdes Pera, quien, desde la riqueza de la espiritualidad carmelitana y con la sencillez que la caracteriza, nos condujo por un profundo itinerario de oración e interiorización, iluminado por La Noche Oscura y el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz.

Comenzamos el día celebrando la Santa Eucaristía y compartiendo un sencillo pero fraterno desayuno preparado con cariño por Claudia. Ese gesto de familia fue disponiendo nuestro corazón para lo que el Señor tenía preparado.

Luego nos dirigimos a la Casa de Encuentros Casa Blanca. Aunque, por un compromiso previo con la Escuela Paulautiana, solo pude incorporarme hacia las 10:30 de la mañana, bastaron unos minutos para sentir que Dios me estaba esperando allí. La reflexión ya había comenzado y giraba en torno a cuatro momentos del camino espiritual descrito por San Juan de la Cruz: el encuentro, la herida de amor, la transformación y la unión con Dios.

Desde ese instante una frase quedó grabada en lo más profundo de mi corazón: “Estamos heridos de Amor.”

Nunca antes había contemplado el significado de esa expresión. San Juan de la Cruz habla de una herida que no destruye, sino que nace del toque amoroso de Dios. Es una herida que despierta en el alma una sed tan profunda del Amado que nada de este mundo logra saciarla. No es signo de sufrimiento sin sentido, sino de un amor que ensancha el corazón, lo purifica y lo transforma.

Comprendí entonces que toda auténtica vida espiritual comienza precisamente allí: cuando Dios hiere el corazón con su amor y nace el deseo de buscarlo con todo el ser. Esa herida inaugura el camino; después llega la Noche Oscura, donde el Señor purifica silenciosamente todo aquello que impide amar con libertad, hasta conducir al alma a la unión con Él.

Uno de los momentos que más interpeló mi vida fue la reflexión sobre la purificación interior y los pecados capitales espirituales. Descubrí que muchas veces estas actitudes permanecen escondidas incluso en quienes desean seguir sinceramente al Señor. San Juan de la Cruz enseña que la noche oscura no es ausencia de Dios, sino la manifestación más profunda de su amor. Él mismo escribe que Dios introduce al alma en esta noche para sacarla de sus imperfecciones y prepararla para una vida nueva. Como el leño que, antes de convertirse en fuego, debe secarse y desprenderse de toda su humedad, así también el alma necesita ser purificada para quedar transformada por el mismo Amor que la consume.

Comprendí entonces que las heridas de Dios son un verdadero regalo. Todo proceso de transformación puede doler, pero ese dolor nunca es estéril; purifica, fortalece y hace crecer. Resonaban continuamente en mi interior las palabras de San Juan de la Cruz: «Por herida de amor muero», expresión que ya no percibía como sufrimiento, sino como el anhelo más profundo de vivir plenamente unido al Amado.

Más tarde pasamos a la capilla para realizar una profunda Revisión de Vida. En el silencio de la oración, acompañado por la música y los cantos, pude abrir mi corazón al amor misericordioso de Dios, reconocer mis fragilidades y pedirle que continuara realizando en mí esa obra silenciosa de purificación. En lo más profundo experimenté una certeza que llenó mi alma de paz: «Aquí estoy, porque te amo.»

Después compartimos el almuerzo en un ambiente de verdadera fraternidad. Fue un tiempo sencillo, lleno de alegría, conversación y encuentro, que hizo visible cómo el amor de Dios también se manifiesta en los pequeños gestos de comunidad.

Por la tarde contemplamos el documental sobre Carlo Acutis, cuyo testimonio nos recordó que la santidad sigue siendo posible en nuestro tiempo. Su profundo amor por la Eucaristía y su vida ofrecida completamente al Señor fueron un hermoso broche para una jornada que nos invitó a mirar la santidad como un camino concreto, vivido desde lo cotidiano.

Al finalizar el retiro solo quedaba en mi corazón una inmensa gratitud. Más que recibir unas enseñanzas sobre San Juan de la Cruz, experimenté una invitación a dejarme transformar por ese Amor que hiere para sanar, purifica para embellecer y vacía para llenar de Dios.

Agradezco profundamente a la Hna. Lourdes Pera por conducir este retiro con tanta sabiduría, sensibilidad y profundidad espiritual, ayudándonos a descubrir que la verdadera herida del amor de Dios no destruye, sino que abre el corazón para hacerlo plenamente suyo. Gracias también a la Hna. Irene por su cercanía y acompañamiento, y a cada uno de los integrantes del CMS Morelia Suárez por hacer de esta jornada una auténtica experiencia de fraternidad y encuentro con el Señor. Que, como escribió San Juan de la Cruz, podamos caminar siempre “sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía”, dejándonos conducir por ese Amor que, en la noche, purifica el alma hasta transformarla completamente en Él.

Miryam Jaramillo Coordinadora CMS Morelñia Suarez Ibagué.

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