Me llamo Florence Yutiga, filipina y catequista en la parroquia de la Sagrada Familia, Can Bonet, Ibiza.

Como servidora en esta comunidad, me siento profundamente feliz y agradecida por haber participado en la celebración del Mes de María con el P. Francisco Palau, facilitado por la Hna. Loida, carmelita misionera y con el apoyo de nuestro parroco.

Durante estos cinco domingos de mayo, he sido testigo de algo hermoso: se ha creado un ambiente de alegría y unidad entre nosotros. He valorado las reflexiones de las virtudes de María que me ayudó en mi camino. Poco a poco he sentido, la alegría de la comunidad que se fue despertando al celebrar esta tradición aquí en Ibiza. Lo que más me llena el corazón es ver cómo esta devoción no se limita solo a los filipinos, sino que se extiende a personas de otras nacionalidades que también se unen con fe.

Es un ejemplo hermoso de comunión: juntos comprendemos la esencia de lo que significa Flores de Mayo como católicos — una ofrenda de amor a nuestra Madre María que nos une sin importar de dónde vengamos. Este mes ha sido un testimonio vivo de que la fe no tiene fronteras y de que María nos reúne como una sola familia.

— Mi milagro personal — Quiero compartir también una gracia muy especial que recibí de la Virgen María. Hace un tiempo me puse enferma: tenía un mioma. Con el corazón lleno de esperanza, recé a la Virgen María y le pedí la gracia de ser madre. En octubre comencé a rezar el Santo Rosario con toda mi fe, y en enero descubrí que estaba embarazada. Considero que fue un verdadero milagro en mi vida. Desde entonces, mi devoción a la Virgen María, especialmente a través del Santo Rosario, se ha convertido en el pilar de mi vida espiritual. Ella escucha, ella intercede, ella nos ama como solo una Madre puede hacerlo.

Florence Yutiga, Catequista

es_ESES
Compartir