MISIONES DE INVIERNO

“Allí donde hay un hermano que espera, comienza nuevamente nuestra misión”

Los días 7, 8 y 9 de agosto, la comunidad de Lo Prado, Curacaví, vivió con alegría las Misiones de Invierno del Carmelo Misionero Joven, en el marco del Mes de la Solidaridad, una hermosa tradición que nos invita en Chile a abrir el corazón y poner nuestras manos al servicio de quienes más lo necesitan.

Hasta este lugar llegaron 14 jóvenes provenientes de San Fernando, Los Ángeles y Santiago, acompañados por las hermanas Ruth, Ivonne, Pastora y Jacqueline. Dejando atrás sus propios planes, se dispusieron a vivir un fin de semana diferente, marcado por la oración, la formación, la fraternidad y, especialmente, el servicio.

Con alegría y disponibilidad, los jóvenes recorrieron distintos sectores de la comunidad para recolectar alimentos no perecibles, tocando las puertas de las casas y, al mismo tiempo, las puertas del corazón. Cada encuentro se convirtió en una oportunidad para compartir, escuchar y descubrir que la solidaridad comienza cuando somos capaces de mirar al otro y reconocer su dignidad.

Uno de los momentos más significativos fue la visita a los enfermos. Organizados en pequeños grupos, y acompañados por las hermanas y un miembro del CMS Jaime Gormaz(ministro de la comunión) los jóvenes llevaron compañía, alegría, consuelo y la presencia de Jesús Sacramentado a través de la Comunión. El encuentro con tantos adultos mayores que viven situaciones de enfermedad, dependencia y soledad les permitió acercarse al misterio del dolor y descubrir el valor de acompañar.

Tocar el dolor de los demás transforma nuestra mirada. Nos hace más sensibles, nos ayuda a empatizar y nos invita a agradecer aquello que muchas veces damos por supuesto.

La jornada también tuvo espacio para la fraternidad y la alegría a través de un bingo solidario, compartiendo con la comunidad y colaborando en esta cruzada de amor.

Durante la noche, la reflexión estuvo centrada en la humanización, iluminada por el mensaje del papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas. Después de haber encontrado rostros concretos durante el día, los jóvenes pudieron comprender que humanizar significa reconocer, acompañar y cuidar la dignidad de cada persona.

La jornada concluyó colocando en el corazón de Dios Padre los rostros y las historias encontradas, agradeciendo el regalo de haber podido servir.

Una misión al estilo de Francisco Palau

Esta experiencia nos recuerda profundamente a Francisco Palau, misionero apasionado por Cristo y amante de la Iglesia. Su vida nos enseña que contemplar a Cristo nos conduce necesariamente a salir al encuentro de los hermanos.

Como Palau, estamos llamados a descubrir el rostro de Cristo en cada persona y hacer de nuestra vida una entrega generosa al servicio de la Iglesia y de la humanidad.

El domingo 9, la misión culminó con la Eucaristía junto a la comunidad cristiana, que agradeció la presencia de los jóvenes durante este fin de semana.

Muchos pudieron verlos recorrer los caminos de esta tierra que los recibió con los brazos abiertos, llevando consigo la alegría de Cristo joven.

Pero la misión no termina aquí.

Ahora continúa en sus lugares de estudio y trabajo, en sus hogares, con sus familias y amigos, allí donde cada joven está llamado a ser presencia de Jesús mediante pequeños gestos de amor, servicio y solidaridad.

Porque ser misionero no es solamente salir de nuestro lugar: es aprender a mirar la realidad con los ojos de Jesús y dejar que el corazón se ponga en camino.

La misión continúa…

Que cada rostro encontrado en el camino permanezca grabado en nuestro corazón y nos recuerde que, mientras exista un hermano que necesite esperanza, siempre habrá una misión que comenzar.

 Comunidad El Vedra Lo Prado – Curacaví               Chile

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