Nuestro viaje a Taizé 2025

Del 27 al 31 de octubre, treinta y ocho jóvenes de la Diócesis de Perpignan viajaron a Taizé, un pequeño pueblo en lo alto de una colina en Borgoña, Francia, a unas siete horas en autobús desde Perpignan. Taizé, hogar de una comunidad ecuménica de hermanos, acoge cada año a miles de jóvenes que vienen a orar, vivir sencillamente y buscar juntos la paz, sin distinción de idioma, país o fe.

Esa semana, más de 1.600 jóvenes se reunieron allí. Cada día, en la Iglesia de la Reconciliación, rezábamos tres veces: por la mañana, al mediodía y por la tarde, cantando en muchos idiomas, compartiendo el silencio y descubriendo una unidad más allá de las palabras.

Para muchos, el momento más emotivo fue la Veneración de la Cruz. En silencio y reverencia, acompañado por los cantos de Taizé, miles de jóvenes se acercaron, uno tras otro, para apoyar su frente sobre la cruz, en un gesto de entrega, confianza y amor. Fue un momento indescriptible… una profunda emoción del corazón que muchos de nosotros nunca olvidaremos, un gesto de entrega, confianza y amor. Todos eran bienvenidos, personas de todas las religiones y procedencias. En ese silencio sagrado, éramos simplemente hijos de Dios.

Más aún, esta peregrinación reflejó la espiritualidad del Padre Francisco Palau, quien nos enseña que amar a Dios es amar a la Iglesia, la comunión de todas las personas unidas en Él. A través de oración, cantos y fraternidad, vimos la presencia de Dios en cada persona y experimentamos la comunión como una realidad viva.

Al final de la peregrinación, un peregrino compartió:

Cuando subimos al autobús rumbo a Taizé, éramos desconocidos. Pero cuando bajamos del autobús después de la peregrinación, éramos una gran familia. Esa es la esencia de la comunión- el espíritu que los hermanos de Taizé viven y comparten con cada peregrino.”

En el abrazo de Taizé, descubrimos que el amor, la oración y la amistad verdaderamente no conocen fronteras.

Hna Myra cm

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