El Talante para el viaje
Francisco Palau y Quer, testigo del misterio de Dios encarnado o lo que es lo mismo en su experiencia, MISTERIO DE LA IGLESIA incrementa, hoy, su cercanía a nosotros, con el fin de celebrar su fiesta.
Fue hombre teologal. A través del conocido trípode: fe, esperanza y amor lo expresó.
Vivió el amor desde el entramado de la fe, que atisba el futuro con auténtico interés. Pues desea que ocurra lo que ansía. De modo que crece y se le ensancha la esperanza. En ciertas situaciones estalla tal plenitud para devenir deslumbrante testimonio. Sin embargo, de modo habitual, esa fe es tan discreta como real. Vive, por dentro, como lo describe Pablo: carisma excelente. Si hablara lenguas de todo tipo, si tuviera el don de profecía y entendiera todos los misterios, si poseyera abundante conocimiento y una fe, capaz de trasladar montañas, pero me faltara el amor, nada sería.
Y si solo me ocurre esto, soy como metal que resuena, o un platillo que produce ruido. Superior a la profecía, a entender los misterios y toda ciencia. Y si repartiese mis bienes para atender a los menesterosos, y entregase mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, no soy nada. Las profecías se acabarán. Cesarán las lenguas, y la ciencia …. Porque todo ello es parcial.
Lanza, ahora, su mirada al futuro. Lo maximaliza: Cuando venga lo completo, lo incompleto se acabará. Y nos regala un ejemplo: Cuando yo era niño, hablaba, pensaba y juzgaba como niño. Cuando llegué a hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos como en un espejo, oscuramente. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte. Pero entonces conoceré como he sido conocido.
Y pasa a describir la naturaleza del amor: Es paciente. No tiene envidia. Se confunde con el servicio; No se jacta, ni es arrogante. Tampoco se engríe. Es decoroso. No busca su interés. No se irrita. No toma en cuenta el mal recibido. El amor no se regocija por la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
No caduca el amor. Desaparecerán las profecías y la ciencia. Cesarán las lenguas. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo limitado. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de modo parcial. Entonces conoceré como soy conocido.
¡Nos esperan experiencias-cumbre! Sí, sí. Ni el ojo vio, ni el oído oyó.
Ahora permanecen fe, esperanza y amor. Estas tres. Pero la mayor de ellas es el amor.
Sí, Francisco Palau vive el amor con este talante paulino, calco del triple colorido, con el que nos lo ofrece Juan de la Cruz: Rojo – el amor, blanco – la fe y verde -la esperanza-. Preciosa capa para envolverse y envolvernos al recorrer el camino de la existencia. Es herencia y lealtad vocacional en las situaciones en las que se ha encontrado posicionado.
El matiz con el que Francisco expresó, la vida teologal fue de búsqueda. Manifestación característica de su talante vocacional. Incansable viajero, también. No inició su recorrido teologal y se quedó admirando el trayecto o ciertos momentos o situaciones del mismo. Lo suyo fue un viaje hacia el futuro. Sin volver la vista atrás. Sin interrumpir el recorrido, hostigado por distracciones. Sin envejecer nunca por el cansancio. Sin sucumbir a los acechos de la tentación. Auténtico peregrino, fue. No encontró, en la meta, ni en el término del camino la finalidad de la existencia, sino antes: en el mismo recorrido. Por lo cual atrayente viajero, resultó este hombre.
Tenaz fue el tinte de su búsqueda. Y lo fue por doble motivo: tanto por condición propia como por imperativo vocacional. Su talante despierto le impulsaba a extender la mirada más allá. Desde la vocación recibida buscó su particular extensión. Y desde ella, colaborará a embellecer la sinfonía singular de su espíritu: cimiento ineludible en su carisma.
Busca Palau la mayor parte de su vida. Durante mucho tiempo. Cualitativamente, busca. En la madrugada de su existencia: No conociéndote fui en pos de lo bueno, de lo bello. Buscó entre las mejores ofertas: sacerdocio, vida religiosa. Marché al claustro por si acaso allí te encontraba… Y el claustro ensanchó mi corazón.
Busca en el mediodía de su recorrido. La búsqueda le conduce a nuevos e inexplorados niveles. A fuerza de búsqueda y coherencia, Palau crece. Crece hacia la vida, hacia Dios. Al buscar, sus cualidades se autentican e incrementan.
Busca sí, a la luz del día y cuando el horizonte pierde diafanidad y perspectiva: Se presentaba bajo el velo del misterio -la Iglesia- En la penumbra, busca: Yo, aunque a oscuras te buscaba a ti. Y busca en noche cerrada y prolongada: A los 31 años empecé a morir viviendo….Situación que se prolongó hasta los 50. -¡Sin comentarios!-. Busca porque quiere encontrar el centro de su vocación: Pasé mi vida en busca de mi Cosa Amada. Porque desde allí responde a su llamada, para servir más y mejor. Como se le pide.
El talante buscador de Palau no se extingue, aunque sí disminuye. Y en la proporción que acoge los descubrimientos con fidelidad -incluido el escenario histórico- en esa misma medida se le despiertan y despliegan numerosas capacidades personales. Del carisma carmelitano él prioriza lo más genuino: valores humanos, interioridad, sobriedad, realismo histórico etc. En una palabra, lo que más necesita su entorno.
Desde este plano teologal vive la comunión con la Iglesia, su Amada. Permanece la oscuridad y limitaciones de la fe: Es misterio…Tampoco verás el de la Iglesia, mientras vivas. La realidad gozosa se manifiesta mayoritariamente en penumbra. Instantánea, fugaz es la luminosidad. Permanece la dialéctica presencia – ausencia: Cuándo te veré sin velos! Cuándo me recibirás, Iglesia santa, en tu seno virginal!. Crece en él el sentido del éxtasis continuo y duradero. De su pertenencia a Dios y a los demás. Con gozo vive semejantes vínculos. Y desde esa conciencia y deseo exclama, con frecuencia: Iglesia Santa, abre tus brazos y acoge en tu seno a este miserable mortal, que ansía permanecer en tu seno. Vive en creciente ésta su esperanza teologal.
Palau afirma contundente que en este recorrido temporal nuestro, si no vivimos en clima teologal, no estamos en comunión, ni con Dios ni con los demás. Lo vivió e intentó comunicarlo. Hoy a nosotras/os.
