Vivía Francisco una etapa de plenitud en su recorrido vocacional. Excelente intérprete y predicador de la palabra de Dios, era. Sin embargo, poco a poco, el corazón se le decantaba hacia los pobres. Los indigentes. Ocurrió en la Ciudad Condal, donde residía.
Barcelona era, en aquel momento, pionera en la industria del país. La burguesía catalana fue una de las más emprendedoras. En materia económica, sí. Tanto que es allí donde comienzan a utilizarse las primeras máquinas de hilar. Procedentes de Inglaterra. ¡Claro!.
A partir de mediados de siglo, cuenta ya con esta industrialización. Hito relevante. Al aplicarse la máquina de vapor a los procesos productivos.
Luego, se produjo la diversificación industrial -textil, mecano-metalúrgico: curtidos, químicas, papel, artes gráficas etc.-. Las cuales indicaron el progresivo incremento de tal industria. Se desarrollaron implantaciones dedicadas al acabado del proceso textil. Después, se constató la pérdida de este sector a favor del mecano-metálico. Inicialmente, vinculados a la reparación naval. Algunos, pioneros en la construcción de maquinaria de vapor. Surgió, también, la primera empresa de producción de gas. Inaugurada en 1843.
Pronto se generaron otras actividades. Más nocivas: la elaboración de productos químicos y de fósforos. Los hornos de cal y especialmente las ladrilleras.
La asentada y potente industria elevaba el bienestar de la burguesía. Promocionaba el capitalismo. Al mismo tiempo dejaba por el camino mucho residuo. De todo tipo. Hasta humano. Hay no pocos obreros incapaces de adaptarse al nuevo horario de trabajo. Resultaba, por prolongado, estresante. Desgastaba y deterioraba hasta a los organismos más vigorosos. Trabajo que se desenvuelve en un ambiente de alta contaminación. Como lo son las fábricas. Pues transforman la materia prima en productos manufacturados. Al mismo tiempo los trabajadores perciben escasos salarios. Y en consecuencia, cuentan con insuficiente alimentación, aseo y descanso. ¡Qué horizonte tan sombrío se barrunta!
Este conjunto de circunstancias va minando la salud de muchos obreros. El abandono del trabajo empeora la situación social. Y van surgiendo colectivos enfermizos. Sin atención médica. Pues la sanidad pública no se crea hasta un siglo después. Y nuestra actual y competente seguridad social se va gestando en el transcurso de la evolución.
Por otro lado, en esta época dos extremos, a primera vista irreconciliables, parecían compartir ámbito: la ignorancia de las verdades cristianas y el culto a la ciencia y a la razón. Palau fue testigo de ambos posicionamientos.
Al mismo tiempo, en el S. XIX, el espiritismo interesó a la sociedad sin distinción de clases sociales ni de credos. Era una realidad incuestionable. Como una forma de religión moderna, conforme a la razón laica. Se le consideraba una ciencia. Los espiritistas admiten formas de posesión de las personas por los espíritus malignos. Obsesión, lo denominan. España participó de esta teoría y muy especialmente Cataluña.
Las corrientes apocalípticas se concretaron en la caída de las monarquías, débil situación del papado, ruina de muchas órdenes religiosas, difusión del pensamiento liberal, racionalismo y su ataque a la fe. El anticristo, la obra del mal, el próximo juicio final, la intervención extraordinaria de Dios. Todo lo cual configura la mentalidad de la época.
¡Uff! ¡Casi nada! ¡Y nos lamentamos de lo complicada que es nuestra sociedad! Sin embargo, en aquélla se fraguó este hombre de Iglesia. Y en ella, tan problemática, alcanzó plenitudes insospechadas. Un reclamo para nosotras. A mejorar la nuestra, en este ámbito, estamos llamadas. A asumir lo que no podamos modificar, también. Todo ello intensificará y desplegará esta vocación recibida y aún incompleta. ¿Verdad?
