Los exorcismos palautianos eran algo semejante a las plegarias de sanación. Con ellas suplicaban a Dios la salud para el enfermo. A través de la oración de intercesión constante, sí. Incluían, al mismo tiempo, valor de testimonio en el ámbito hostil del momento.

Tal ministerio forma parte de sus raíces. Pues el uso de oraciones de intercesión, bendiciones y otros sacramentales eran prácticas habituales en él. Desde años atrás. Sin embargo, con el tiempo se convierten en uno de sus rasgos característicos. ¡De buen espiritual se imbuía su actitud altamente realista! Y como tal, observaba la situación de los enfermos mentales.

Por otro lado, las páginas de Mis Relaciones dan fe de la lucha que se libraba en su interior, ante este nuevo capítulo de su existencia.

Como telón de fondo de este comprometido servicio -1865-, encontramos al P. Palau sumergido en la noche de la fe. Se percibirá impotente para curar y ni siquiera aliviar a un sector de personas -febrero y marzo del 1866-. Así se puso en juego la fe ciega de este hombre. Personificada en la palabra de Cristo – Iglesia.

Y es que los exorcismos eran y son un sacramental de nuestra Iglesia, ¡Claro que sí! Por lo cual, la llamada del P.  Palau a curar a enfermos mentales, de esa forma, era una actividad pastoral normal.

Su definitivo servicio a la sociedad de su entorno resultó la atención a los más pobres. Si siempre sintió predilección por ellos ya fueran analfa­betos, enfermos, masas descristianizadas etc., ahora, a partir del año 1865, los sobrevalora al dedicarse a ellos, casi exclusivamente.

Los instigados por la prensa anticlerical hablaban dels Penitents como centro de superstición y de conspiración política. Luego este hombre de Iglesia dirigía al obispo la ya mencionada exposición de lo allí ocurrido -Ya lo hemos considerado- Y sometía al juicio del prelado su servicio ministerial. ¡Fiel hasta el final!

Desde el Ermitaño, el P. Palau da cuenta puntualmente de los hechos. Asume también la defensa de los suyos y de su causa.

Los anticlericales definían Els penitents como centro de superstición y conspiración política ¡Cómo no!. Ya lo habían hecho, hasta la saciedad, años atrás, con la ya conocida Escuela de la Virtud. Ambos eventos lo acompañarán hasta el fin de sus días. Como en otras muchas situaciones, el P. Palau sufre persecución, mofa y burla.

También discierne.

Sin embargo, lo cierto es que en Els Penitents el talante era de acogida, de gratuidad, de integración, de inclusión. Todos eran atendidos en sus necesidades. Se trataba con sumo respeto a enfermos y familiares. Se salvaguardaban, por todos los medios, el anonimato, y la intimidad. Tanto   los enfermos como sus familias estaban satisfechos del trato que allí recibían. ¡Inmejorable testimonio! Razón por la cual, más tarde, unos y otros confirmaron lo expuesto por el P. Francisco ante los jueces.

Lo verdaderamente auténtico de nuestro Fundador es que se hallaba motivado por los más altos valores espirituales. Si su diagnóstico de los enfermos a veces, era un tanto desacertado, la calidad de su prestación eclesial resultaba incuestionable. ¡Claro que sí! En la capilla de Sta. Cruz la afluencia se incrementaba. Y la voz de las curaciones se propagaba por Barcelona. Realizaciones y proyectos eran la comidilla en el escenario eclesial y social. Donde abundaban las sospechas y acusaciones. ¡Lástima! nuestro Fundador hasta tenía proyectos de primera línea: edificar un hospital para acoger a pacientes y acompañantes.

A nivel social se  vivía  extrema tirantez entre la Iglesia y la administración. Motivo por el que se aconsejaba intensificar la prudencia. Como la situación llegó a ser crítica, el obispo intervino en el asunto. En lo cual derivó el cierre de la capilla. Una vez celebrada la Eucaristía.

El P. Palau le presentó sus razones. No veía por qué debía abandonar aquel servicio. Los feligreses remitieron, al prelado, el mencionado escrito. En defensa de nuestro protagonista y de su actividad, sí. En él refieren, la calidad del apostolado palautiano, a nivel espiritual: predicaciones evangélicas, ejemplo de vida, buena convivencia entre los habitantes dels Penitents ayudaban a la regeneración espiritual de la población. El obispo no dudaba de la benéfica actividad del P. Francisco. ¡No podía dudar! Se ahuyentaba el mal, se incrementaba la recepción de sacramentos, la convivencia, entre los feligreses, resultaba menos complicada, etc. En fin, se beneficiaban los enfermos.

A nuestro Fundador lo habían denunciado por su actividad social. También le hostigaron desde círculos eclesiales. Razón por la cual el prelado clausuró las celebraciones. El P. Francisco aceptó tal decisión. Con humildad, claro. Con mucho dolor, también.

Mientras no se lo prohibió el obispo, las celebraciones eran públicas. Al clausurarle la capilla, se limitaron a lo privado.

Sin embargo, también los vecinos recibieron la noticia con inquietud. Algunos hasta con preocupación. Con mucha preocupación. Es que ellos coincidían con el P. Director: identificaban el triunfo del mal sobre aquellos brotes de regeneración moral y religiosa.

Vivían una situación para intensificar la prudencia. Pues la extrema tirantez entre la Iglesia y la administración lo requería. Aunque el P. Palau no veía razones para abandonar aquel servicio, ocurrió lo inevitable.

es_ESES
Compartir