Marzo, 2025
Durante los últimos años dedicó sus esfuerzos a esta actividad no solo delicada sino hasta heroica: la atención a los zarandeados por el mal. Las frecuentes revoluciones de su siglo, en sus ataques contra la Iglesia, le debieron parecer una confirmación palpable de sus sospechas.
En ese momento histórico la postura del magisterio de la Iglesia era de vigilancia. Doctrina común de escritores y de círculos católicos. Afirmaban que el diablo era el protagonista de todo lo negativo que ocurría en los ámbitos de ideas y costumbres. En el margen opuesto a la Iglesia, el movimiento racionalista identificaba al demonio con la idealización del mal. El satanismo se imponía en su acepción de magia tradicional. Aumentaban, así mismo, su influencia el espiritismo y el ocultismo.
El pueblo llano poseía en Cataluña, arraigadas creencias y costumbres que influyeron en una especie de culto a los espíritus. Al diablo en particular lo relacionaban con la salud y las cosechas. En cuanto a la salud se acentuó durante las fuertes epidemias de fiebre amarilla y cólera morbo. Una y otro asolaron Cataluña durante esta temporada.
En el Ermitaño, semanario dirigido por él, desde el primer número se constata su preocupación sobre la actuación perniciosa del mal, en sus diversas manifestaciones: En la sociedad, en los fenómenos naturales y en la conducta humana. Para él era una realidad fuera de dudas.
Tal situación llegó a ser alarmante en Cataluña. La autoridad eclesiástica alertó a los fieles y los orientó en su conducta. Las periferias de Barcelona, donde se formaban nuevos núcleos de población, resultaron ámbito propicio para la difusión de semejantes doctrinas. Era ahí, donde actuaba el p. Francisco, -Ya lo hemos anotado-.
A día de hoy, aún quedan rastros de estas creencias en su bagaje cultural.
Marginados de la sociedad y por la sociedad, el p. Palau imponía las manos a los enfermos y pronunciaba, sobre cada uno, los exorcismos de la Iglesia.
Ellos pedían aliviara sus penas espirituales y sus dolores físicos. ¡Todo un desafío! ¿Qué hacer? El p. Francisco discernía y oraba mucho por ellos.
En alguna ocasión se hablaba en su entorno de hechos prodigiosos.
En tales circunstancias nuestro protagonista se convirtió en centro de admiración para unos. En blanco de crítica y repulsa para otros. Los instigados por la prensa anticlerical hablaban dels penitents como centro de superstición y de conspiración política. ¡Cómo no! Ya lo habían hecho, hasta la saciedad, años atrás, con la ya conocida Escuela de la Virtud. Ambas situaciones lo perseguirán hasta el final de sus días. El p. Palau, como en otras muchas ocasiones, sufre persecución, mofa y burla.
Luego, dirigía al obispo una exposición de lo que se vivía y ocurría allí. Y sometía al juicio del prelado su servicio ministerial. Otra nueva estampa de la generosidad que le definía.
Los enfermos solicitaban, primero. Más tarde, agradecían. Y es que el Director sentía, por ellos -Ya lo hemos mencionado- inmensa compasión.
Contará con dos frentes la dedicación a los enfermos mentales: su actividad ministerial y sus escritos. Como exorcista, ¡Claro! Pues la decisión del p. Francisco, los exorcismos, era el estilo habitual en la práctica común de la Iglesia.
El p. Francisco no dejaba de discernir.
Como telón de fondo de este comprometido servicio encontramos a nuestro protagonista hundido en la noche de la fe. Se percibirá impotente para curar o aliviar a distintas personas -año de 1866-. Así se pone en juego la fe ciega de este hombre de Iglesia. Expresada en la palabra de Cristo. O lo que es lo mismo en la Iglesia que reiteradamente le conduce por vericuetos desconocidos.
Los efectos de su actuación fueron diversos y hasta se oponen entre sí. -Ya lo hemos advertido- ¡Cierto! En ocasiones los exorcismos no hacían nada. En otras, los enfermos recuperaban la salud y en adelante vivían con normalidad. En algunas situaciones, eran sumamente positivos.
No son sólo declaraciones suyas sino afirmaciones de testigos presenciales. ¡Así se fortalecía la confianza en este hombre de Iglesia!
No ha perdido el tiempo porque su objetivo permanece y crece: la lucha contra todo tipo de mal y la liberación de las víctimas. Y ambos matices se mantienen.
Este gran hombre es también para nosotras, sus hijas, excelente referencia como servidor de los enfermos menos atendidos y de los ninguneados.
