En sus espacios de oración, Francisco Palau ve al mal luchando contra la Iglesia. A la que él ha prometido fidelidad y se dispone a defenderla de manera concreta y continua. Con todo su talento, capacidad y posibilidades.
En tal coyuntura histórica, el posicionamiento, del magisterio de la Institución, era de vigilancia. Actitud común a escritores y a círculos católicos. Así, lo expresaban teólogos, santos y hasta el mismo Papa. Quien no se cansaba de alertar a los fieles contra la acción satánica revolucionaria. Tal ambiente caracteriza ese siglo. ¡Y el siguiente! Y…
¡Cuánta vigilancia y cuánto sufrimiento tuvo que padecer la cristiandad en el siglo XIX! Cierto, no iba en el vagón delantero del convoy de la historia. Y el ajuste a la posición apropiada le supuso un verdadero despojo. ¡Sin duda! Ojalá en el nuestro siga dando nuevos pasos en valores fundamentales. Será así factor relevante para la convivencia con otros colectivos. Para orientar y acompañar nuevos derroteros a la humanidad.
No deja de ser el maligno un instrumento en manos de Dios. Desde el pensamiento católico se le reconocía como factor a tener en cuenta.
En el recorrido laicista se ve la forma de defender a esta Iglesia, como una práctica supersticiosa, irracional. Propia de medios rurales, tradicionalistas. Pertenecientes a épocas ya superadas. Resultan sospechosos, mal vistos y arriesgados. Mentalidad promovida, ¡claro está! por el racionalismo y las ciencias e ideologías hostiles al catolicismo, ¡Cierto! Por otro lado, la psicopatología, anormalidad psicosomática era una ciencia desconocida en el S. XIX. A quienes padecían alguna de las enfermedades incluidas en este sector se les consideraba víctimas de intervención maligna.
Sin embargo, numerosas fueron las formas de defensa. Entre ellas, los exorcismos realizados en Barcelona. Algunos con resultados excelentes. Entre los exorcistas encontramos al P. Claret. En el archivo diocesano de la Ciudad Condal se conservan documentos que lo prueban. Y es que tales exorcismos son un sacramental en nuestra Iglesia. ¡Claro está!
Después del S. XIX continuaron los progresos en la psicología normal y patológica. Y tal ciencia llegó a convertirse en saber experimental y crítico.
Pero estos conocimientos científicos no pueden exigírsele a Francisco. Pues fueron posteriores a su existencia. Deficiencia técnica que no enturbia la rectitud en su obrar. Cuyo objetivo consistía en la lucha contra el mal. Y en la liberación de las víctimas.
Vive el P. Palau en Vallcarca. En la cueva. Se hallaba cerca de la parroquia de Sant Genís dels Agudells. Buscaba allí soledad para orar, espacio para discernir, ámbito para mejorar la comunión, oportunidad para vivir alerta ante la vida. Para ser su centinela. Para acompañar a quienes la recorrían.
Uno de los libros de la Sagrada Escritura más meditados por él, fue el Apocalipsis. Fuente principal de su visión de la historia de la Iglesia en aquel momento histórico. En él se contemplaba la permanente lucha del mal contra el reino de Cristo.
Luego, edificó una ermita: Santa Cruz. La solicitaron los vecinos para celebrar la Eucaristía dominical. El nombre definitivo del complejo se denominó Els Penitents. Debido al género de vida austera y penitente de Francisco y sus seguidores. Denominación que pervive a día de hoy. Hasta la boca del metro ha recogido tal titular ¿No es así?
La zona se transformó, debido a la situación topográfica y a los proyectos urbanísticos. Francisco Palau, en colaboración con las autoridades, aseguró a los vecinos la asistencia religiosa y espiritual. Más tarde, estableció allí una de sus fundaciones. Hoy, después de permanecer allá, un tiempo considerable desde nuestro fundador, sus hijas siguen viviendo desde tales raíces. Desde tal ascendencia y orígenes. Y viven felices al permanecer en ese lugar bendecido por la presencia de Francisco Palau, su/nuestro padre y maestro. Contemplan así mismo, incluida en el proyecto, la dimensión humano-espiritual, lo sustancial de toda la familia, alumbrada por él. Tal presencia es, nada menos, que un importante emblema de nuestro linaje de Carmelitas Misioneras.
