La última descripción referida al texto de Mis Relaciones consiste en comentar ciertos fragmentos del mismo. Me ha resultado complicado. Ya que todos me parecían relevantes. Por lo cual me he visto obligada a hacer una selección.  Y si, de tanto en tanto, he buscado la opinión del muy querido P. Eulogio me ha resultado toda una epopeya.

Cuando el autor no lo desea deberían eliminarse las comunicaciones. Palau ¿las quiso permanentemente inéditas? Franquear su umbral, puede significar acceder, con dudosa legitimidad, al santuario recóndito de su alma enamorada, sorprendiéndola en instantes de máxima efusión afectiva.

De libro aquí, no hay más que la apariencia exterior. Entre el tomo impreso y los cuadernos originales se interpone una dilatada experiencia. En el tiempo, más de un siglo. En la difusión, el abismo que separa un secreto hermético y su publicidad indefinida. Lo que brotó sigilosamente como expansión íntima, prohibida a cualquier indiscreta curiosidad, se desvela ahora con respeto y hasta con veneración. Pero sin residuos ni cortapisas.

El lector debe acercarse a esta obra con obligado recato. Pues es quien descubre a un alma cogida por sorpresa. Sin la más vaporosa nubosidad que la oculte. Penetrar en una psicología y escudriñar un corazón sin lógica es empeño arduo: el resultado de lo que aquí se le exige al lector. Quien no podrá coronar su esfuerzo con el éxito si no se decide a mirar y remirar, a leer insistentemente, a hojear y repasar con paciencia, y con amor retazos de estos recuerdos autobiográficos.

Aunque en lo más íntimo del ser humano hay siempre una lógica, es lo más difícil de entender de cada cual. Penetrar en el espíritu de Palau, obliga a ensimismarse en sus intensos apasionamientos eclesiales, a revivir la lógica de su vida, dominada por un insaciable afán de claridad.

Sin una compenetración con su espíritu, al que no vive de acuerdo con este relato de expansiones incontenibles, le sonará a exageración continuada. Lo decisivo reside en la clave del escrito, en su trama misteriosa. Escondida pero caldeando, se encuentra aquí la llama viva. Nunca más acertada la expresión: la brasa oculta en la ceniza tan referida a la vocación carmelitana de Francisco. Basta un tenue y prolongado soplo para que prenda el fuego. Para que al rescoldo le suceda la llama.

Escrito íntimo y reservado. Tanto la escritura como la conversación resultan un medio privilegiado para comunicarnos con los demás. Compartir, con otros, ideas y sentimientos. Sin embargo, entre comunicación oral y escrita se da, una diferencia capital. En la primera no existe composición previa. En la segunda es normal un orden prefijado de antemano. Pues en este ámbito no pasa de artificio literario. Recurso expresivo sin interlocutor real presente. Tal ausencia es lo que trata de paliar la mencionada comunicación escrita con el destinatario. Conocido y directo lo es en la conversación. No siempre en las composiciones literarias.

En proximidad o lejanía siempre hay un destinatario, desde luego. Unas veces el papel esconde pudorosamente confidentes íntimos. Otras ansían, sin disimulo, públicos multitudinarios. Hasta las notas personales acarician, con frecuencia, una misteriosa e indefinida prolongación efusiva. Secretos custodiados, en muchas ocasiones, como inviolables, terminan por soltarse y navegar a merced de la publicidad. Es la suerte de lo que desde hoy corren estas páginas, inéditas durante largo tiempo. Conversaciones escritas, coloquios íntimos de Palau, sin un destinatario conocido.

Las páginas de Mis Relaciones tienen una contextura demasiado recia como para reducirlas a esa zona incolora de apuntes o papeles íntimos. No porque adolezcan de trazos impersonales, que los posee, sino porque se encuentran en el terreno fronterizo entre las formas mejor caracterizadas de lo autobiográfico. Lindan con todas ellas sin pertenecer de lleno a ninguna.

No se refiere, en directo, la expresión  fragmentos a la desaparición parcial del autógrafo, que también es un dato cierto. Sí señala dos cosas: que no existe diario de toda la vida y que no se da una descripción íntegra de los años asignados como límites -1864-1867- Únicamente queda constancia de cierto número de fechas, no propuestas en serie ininterrumpida. Se hallan escalonadas, sin una secuencia regular. Aunque la más relevante es la que encuadra ciclos de diversa duración temporal. Fuera de casos excepcionales corresponden a días de retiro y a ejercicios espirituales. Presentan notable regularidad en la señalización de fechas y horas. De tanto en tanto, se altera por digresiones de índole temporal. Las páginas que se intercalan sirven entre ellas para mejor definirlas.

Casi en exclusiva, mira la óptica dominante a la intimidad del autor, aislándola, en la medida de lo posible, del entorno ambiental. En esa perspectiva tan recortada, la reviviscencia de los lances espirituales se concentra en horas o momentos fijos: mañana y tarde. Son como dos puntales extremos que hacen de soporte a la experiencia y a las reflexiones de nuestro protagonista. No encierran ningún misterio. Calcan el ritmo acompasado de su espiritualidad, enmarcada en los moldes de la tradición carmelitano-teresiana. Especie de condensación que parece producirse en las primeras y últimas horas de la jornada. No es otra cosa que la referencia a la oración matutina y vespertina. Y le sirve de cañamazo para redactar su diario íntimo, al poner por escrito sus meditaciones.

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