Misión Ibiza 1865   I

         Al comprobar, la pedagogía misionera del P. Palau y el gozo de los fieles al concluir la misión de 1864, lo contratan para el año siguiente.

         Con toda razón. Pues Palau logró incidir, profundamente, en la vida religiosa de la Isla. A través del testimonio de su vida. ¡Sobre todo! Además, casi sin pretenderlo abrió un cauce de renovación cristiana. Sí, sí. Ocurrió al convertir, su morada de Es Cubells en centro de atracción mariana. Con la ermita de Nuestra Sra. de las Virtudes. ¡Claro! El P. Palau sabía que no existía imán más poderoso para atraer la vida de los isleños.

         ¿Su proyecto evangelizador? Consistía, fundamentalmente, -como siempre – en predicar el evangelio y convertirlo en vida. Él intensificaba este segundo aspecto: a nivel personal y social. Pues la evangelización incide en lo social como instrumento eficaz. Así, se afianzan los pilares de toda sociedad justa y libre. La práctica de las virtudes cristianas lo garantiza: respeto mutuo, dominio de las malas inclinaciones, rectitud, obediencia, etc. Es así como se obra la transformación de la sociedad, en muchos aspectos. Por otro lado, la labor evangelizadora debía mantenerse al margen de opciones políticas. Planteamiento que tenía muy claro. Aunque incluía -como incluye- el respeto a la legítima autonomía de las autoridades constituidas. A Francisco Palau sólo le interesa la persona. Desde su doble vertiente: humana y espiritual. Y a este proyecto dedicará lo mejor de su existencia.

         En Ibiza, el P. Palau conservaba demasiados recuerdos. Fieles seguidores. Amigos y conocidos que lamentaban su ausencia. Allí, permanecía la prenda querida: Nuestra Sra. de las Virtudes. Allí, la cueva del Vedrá. Reclamo de plenitudes. Ahora, ha vuelto para la siembra evangélica.

A Rafael Oliver, admirador de Palau, se le confió aquella difícil situación eclesial. Sin embargo, comprendió que era el momento oportuno. ¿Para qué? Para una regeneración religiosa del pueblo. Capaz de transformar su panorama espiritual y social. ¡Acertada decisión! Juntos trazaron un plan orientado a purificar el ambiente. A despertar la conciencia cristiana de las familias. De las que podían influir en la promoción religiosa y cultural del resto, sobre todo.

         Las misiones populares, que organizaron, inician su segunda fase de evangelización. Nadie mejor que el P. Palau para conducir este proyecto -sostiene Oliver-. Hombre de Iglesia, ajeno a todo interés, conocedor experimentado. Tanto de la mentalidad ibicenca como de la situación ambiental. Momento altamente oportuno aquél, sí. Pues, en la mayoría de las diócesis españolas resurgían las misiones. Respuesta a la convocación del jubileo, concedido por el papa.

         Acabada la misión en la diócesis de Barcelona, con cinco meses de apremiante tarea, la salud de Palau se resiente. Descansa unos días en San Honorato de Randa -Mallorca-. Con los ermitaños, ¡evidente!. Por otro lado, los ibicencos le esperaban entusiasmados. Hubo esmerada preparación. Fruto de lo vivido el año anterior.

         Esta eventualidad, así como la proximidad de la siega motivaron la reducción del proyecto.¡Obvio!. Implicó un considerable recorte en el itinerario previsto. Los pueblos a evangelizar, entonces, fueron S José, S Agustín, S Antonio, Sta. Inés, S Mateo, S Miguel y S Rafael. Para concluir en Ibiza.

         ¿Objetivo? Fue doble o triple -según se mire-: la moralidad, la cultura y el establecimiento de autoridades propias.

         Reforma de costumbres a base de fustigar algunas antiquísimas. Erradicar la antigua tradición del cortejo. Causa de frecuentes y horribles asesinatos. Tanto de los jóvenes contendientes, como de la prometida. Con las pavorosas consecuencias de abortos, expósitos, infanticidios Ahí, el origen de la inmoralidad reinante.

         Otro capítulo de la saga, en cuanto a incumplimiento, fue la desconsideración a la propiedad privada. No tenían escrúpulo en dejar manadas de ganados en las fincas vecinas. Y los propietarios no tenían, más defensa, para ese abuso, que la fuerza bruta: resarcir ese mal con otro. Destruían los cultivos del enemigo. De esta falta de respeto a la propiedad procedían riñas, odios, y hasta homicidios.

         Al mismo tiempo, el P. Palau se convierte en voz del pueblo. Pide, al gobierno central, solución a los urgentes problemas de la Isla: obispo para la diócesis y alcalde para la ciudad, cultura y atención sanitaria. ¡Casi nada!

El amor a la Iglesia, en la persona del papa, se encuentra de bajo fondo a la misión. Hombre de Iglesia él, en todas sus dimensiones, ¿Verdad?