El Señor sigue llamando a jóvenes, para trabajar en por y en la Iglesia. Ahora esta llamada y estos testimonios nos llegan desde África, tres chicas jóvenes, con un futuro por delante, han sentido la llamada del Señor que le dice “Ven y sigueme” y no han dudado, en querer ser fieles a esa llamada interior. El día 1 de junio de 2020, en plena crisis del Covid 19, se han consagrado al Señor en el Carmelo Misionero. Ellas nos expresan su testimonio……

GLORIA A DIOS

“Cantaré las alabanzas del que me ha llamado de las tinieblas a su luz maravillosa…” (1 P 2,9). No puedo medir la alegría, la gratitud y la felicidad que siento en mi corazón y las palabras no pueden expresar completamente porque es abrumador. Se necesita coraje para responder a una vocación, se necesita coraje para dejar lo que la buena fortuna puede dar y aventurarse en lo desconocido. Digo que siempre atesoraré el amor incondicional de Dios por mí, porque Él ha sido fiel a su promesa. Realmente, ¿quién soy yo y mi familia para que Dios se fije en mí? Él plantó la semilla de la fe en mí y a lo largo de los años me ha ido formando, protegiendo y nutriendo hasta este día que le digo el SÍ. Él es digno de ser alabado y honrado.

Mirando hacia atrás, doy gracias a Dios por la llamada al Carmelo Misionera, aunque soy indigna; El siguió animándome a continuar con las palabras de Juan 15:16: “No me elegisteis vosotros a mí, sino yo a  vosotros y os designé para que vayáis y deis fruto… ”. Esta ha sido mi fuente de confianza y un impulso para seguir buscando, con la convicción de que El tiene una misión especial que quiere que cumpla en su cuerpo, la Iglesia.

De hecho, todo era regocijo y alegría. Incluso con los sustos de COVID 19 por todas partes, que alegría tan grande, todo se llenó perfectamente con las necesidades. En la homilía, el sacerdote enfatizo lo que es necesario en este camino que nos embarcamos: oración, fidelidad, apertura, fortaleza y tener un corazón que perdona.

Sentí profundamente el espíritu de comunión cuando nuestras hermanas y amigas llamaron a expresar su solidaridad compartiendo la alegría que estábamos celebrando.

Doy gracias a Dios por esta llamada que me ha brindado a lo largo de mi vida hasta hoy. Yo debo a mi familia el haberme cuidado con amor y la semilla de la fe que plantaron en mí, por todo el apoyo que me brindaron y por permitirme responder a mi vocación.

Que Dios  ilumine vuestra vida y os bendiga abundantemente. Al comenzar la nueva etapa, confío en el apoyo de vuestra oración para perseverar en mi vocación y vivir fielmente mi consagración religiosa hasta final.

DIOS LOS BENDIGA A TODOS.

                                                                                                                             Sr. Juliana Musavi Ayuku

MI ALMA CANTA AL SEÑOR

Este Dios que ha hecho la grandeza de llamarme a ser Carmelita Misionera. El 1 de junio parecía estar lejos, pero cuando llegó el día fue cuando me di cuenta de que el tiempo vuela. También me di cuenta de que el tiempo convierte los sueños en realidad. Siendo una novicia he tenido muchos sueños desde el día que inicié mi andadura en la Congregación, el 30 de mayo de 2018. Soñé con ser una mejor persona, trabajando tanto en crecimiento personal y muchos otros sueños, pero había uno que era ser Carmelita Misionera. Este es el que se ha cumplido hoy, los otros irán poco a poco.

Agradezco a Dios la oportunidad que me ha dado porque sé que no soy digna, pero Él me miró y me sedujo. Él reveló su plan sobre mí. Doy gracias a la Superiora General, hna Lila Rosa Ramírez y su Consejo, por admitirme a la profesión religiosa. A nuestra Superiora de la Delegación y su Consejo también merecen muchas gracias porque me apoyaron, me acompañaron y contrastaron, mi vida para llegar a este gran día. Muchas gracias hermanas. También canto junto con todo el pueblo mi alma canta al Señor por sus obras maravillas conmigo. Gracias al equipo de formación y a mis hermanas, mis compañeras y a todas las personas que me han ayudado a ser la persona que soy hoy.

Que Dios los bendiga a todos.

                                                                                                                                             Sr. Modester Nkhata

 

CANTARÉ LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR.

Cuando la Iglesia celebró el día de la Santísima Virgen, María Madre de la Iglesia, yo celebré mi nacimiento en el Carmelo Misionero. Cantaré las misericordias del Señor, por su amor, bondad y por aumentar la alegría. ¡Fue un gran momento para mí!

Un proverbio dice: “La alegría de una mujer embarazada se completa solo cuando ve a su hijo a su lado después del parto”. Por el espíritu santo la alegría llenó mi corazón y sentí el cielo en la tierra, al ver a las personas que nos apoyaron y celebraron con nosotros, junto con nuestras hermanas que desde diferentes lugares nos llamaban por teléfono y enviaban sus mensajes de felicitación. Tenía miedo de que se pudiera retrasar la celebración debido a la pandemia, pero Dios hizo posible este momento inolvidable de nuestra profesión de votos. Estoy feliz y me siento amada.

Agradezco al padre Josephat SMA, el celebrante de la eucaristía, quien en su homilía nos invitó a reflexionar sobre los desafíos que hemos experimentado y que tal vez pensamos en abandonar la opción que hicimos. Nos instó a ser orantes, pacientes y abiertas a las hermanas porque ese es el secreto del éxito y la vida comunitaria del Dios Trino.

Gracias a mi familia por su generosidad y apoyo y agradezco a todos mis amigos que me han ayudado en el momento de mis necesidades. Oro para que Dios los bendiga.

Un agradecimiento especial a Hna. Lila Rosa, mi Superiora General y su Consejo junto con mi Superiora de la delegación, Hna. Theresa  Adanna Ani, y su Consejo por aceptarme en la familia de Carmelitas Misioneras, y todas nuestras hermanas con las que he compartido la vida a lo largo del período de mi formación. Además, me gustaría agradecer a todas mis formadoras, especialmente a la Hna. Innocencia Chabuka, la maestra de Novicias. Ha sido un itinerario de tormentas y fuertes vientos, pero Dios los calmó a todos, con la ayuda de María la Madre, por lo tanto, alabo a Dios.

Finalmente, agradezco a mis compañeras Juliana Musavi y Modesta Nkhata por la vida que hemos compartido y a las novicias por su cooperación; que Dios continúe uniéndonos y que Su Espíritu nos guíe a hacer Su voluntad.

Sr. Odo Sylvia Ndidiamaka