Hace 76 años se creó por iniciativa de la Iglesia la Asociación Nacional de Empleadas de Casa Particular. (ANECAP) Esta es una asociación creada por Monseñor Bernardino Piñera en el año 1948 para proteger a las mujeres que trabajan en casa particular. En La Serena esta agrupación participa activamente en actividades pastorales y del área social.

Soy Hna. María del Carmen Donda, hace 9 años que acompaño a este grupo de mujeres que luchan por sus derechos como trabajadoras domésticas. Ellas están integradas a una comunidad parroquial y como cristianas buscan un crecimiento humano-espiritual desde una experiencia evangélica. Mi asombro es, que, desde su sencillez, comparten y profundizan desde sus experiencias personales, grupales y laborales. Y desde esa andadura ellas tienen claro el cambio que se va dando en sus vidas, superando sus dificultades y confiando plenamente en Dios, que las acompaña y está presente en ellas. El experimentar esa Presencia las fortalece y las une, en un compromiso por otros hermanos y hermanas necesitadas. En mayo hemos tenido un Retiro Espiritual con un grupo de esta asociación en la Parroquia Inmaculada Concepción en Vicuña. A continuación, les ofrezco un testimonio de las participantes de este retiro.

Soy Elizabeth trabajadora de casa pertenezco a ANECAP La Serena; en mayo realizamos un Retiro Espiritual en la ciudad de Vicuña. A través de la meditación, reflexión y oración logramos conectarnos y empezamos el taller que la Hermana Maricarmen preparó. ¿Cómo llegamos al retiro? Fue la primera pregunta que desarrollamos, donde cada una de nosotras expresó en general y todas coincidimos en sentir la necesidad de hacer el Retiro para ayudarnos y seguir adelante con la gracia de Dios y la Virgen Santísima.

También realizamos un trabajo llamado el espejo, donde se trabajó en pareja a través de gestos, movimientos y la otra persona debería adivinar lo que trataba de comunicar y sentir lo que pasaba. Fue un trabajo relacionado con la empatía. En lo personal yo estoy muy agradecida por el tremendo trabajo que realiza la hermana, ella nos da la confianza para expresarnos y soltar aquellas cosas difíciles y seguir adelante, a pesar de las dificultades físicas o de rutina diaria.

Nuestra Misión es continuar con el espíritu de servicio hacia los Adultos Mayores con problemas, el acompañamiento y visita a sus hogares, a seguir entregando en diciembre una tarjeta de Navidad a los internos de La Penitenciaria de Huachalalume en La Serena con unas sencillas frases de esperanza y así lograr ayudar a quien está privado de libertad. Después de este retiro quedamos contentas, cargadas de energía espiritual y disponibles a seguir adelante.

Otro suceso que quiero compartir es el siguiente: hace 6 años perdí a mi hijo mayor, él fue asesinado en Puerto Montt, su agresor fue detenido durante la noche. Su pérdida fue muy difícil de entender para mí, mi familia y cercanos, yo sólo buscaba justicia por su muerte.

Fueron meses de mucho dolor en donde recibí ayuda de un sicólogo, abogado y asistente social en un programa de ayuda a las víctimas que me dio el gobierno.

Cerca de 1 año duró el proceso de investigación y se determinó que mi hijo fue asesinado sin poder defenderse, no conocía al agresor y al parecer todo se debía por un intento de robo que terminó en homicidio simple pues no se pudo comprobar lo del robo.

El día del Juicio tuve que declarar, pues yo había firmado una querella por el daño que mi familia y yo habíamos recibido. No quería mirar al agresor, porque tenía mucha rabia y pena.

En un momento de mi declaración no pude evitar mirarlo y ver su rostro, era un hombre joven, quien también me miró al mismo tiempo que yo, y hace el gesto de mirarme y bajar la cabeza, esa acción según mi forma de pensar era pedir perdón, porque desde ese instante todo cambió para mí, logré perdonar a quien mató a mi hijo. La Justicia del Tribunal le dio 12 años de condena en la cárcel, hoy a pesar de mi dolor no tengo rabia ni resentimiento, sólo aprendí a perdonar a pesar de mi pena y eso me deja tranquila y en paz.

Hna. María del Carmen Donda, CM. Vicuña- Chile

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