Hace 6 meses inicié el voluntariado con Cáritas Salamanca en Casa Samuel, casa de acogida donde residen personas con VIH-Sida, enfermedades crónicas consecuencia de las drogodependencias, vivir en la calle, en la cárcel y otras pobrezas extremas. Agradezco esta oportunidad de misión y opción comunitaria de estar con los más pobres y vulnerables de nuestra sociedad Salmantina.

Aprendo mucho de los excelentes educadores y compañeros voluntarios que apoyamos este programa y agradezco a los residentes de Casa Samuel por abrir las puertas de su vida y hacernos sentir su familia. Cada uno de estos hermanos y hermanas son hoy motivo de mi oración personal y comunitaria. Aquí aprendo a valorar el “poco a poco, paso a paso” de los procesos vitales de cambio y transformación; así también a saber estar al lado, acompañar en silencio la búsqueda de motivos para seguir luchando y viviendo, o sobreviviendo en algunos casos. Cada vida es tan sagrada y tan misteriosa. A veces tenemos días intensos de trabajo y otros serenos, algunos con sobresaltos por las crisis o deserciones de quienes regresan a la calle vencidos ante la adicción, y también días de profunda alegría al ser testigos de los pequeños triunfos de algunos.

Por eso hoy, con el consentimiento de su autora, Bego, residente de casa Samuel, les comparto su experiencia que aporta luz a quien lo lea hasta el final.

¡Gracias Bego por tu gran corazón y por querer VIVIR!

“Soy una persona muy sensible y eso es un rasgo de mi personalidad. Una vez que varias personas me hicieron descubrir lo que me sucedía y eso fue cuando personas me ayudaron, me empujaron con su confianza a verme como una persona, como a un ser humano. Recuerdo que cuando aún estaba haciendo las entrevistas Joaquín me contestó a la pregunta de ¿tú crees que voy a ser capaz de hacer el programa?, y me contestó: yo creo que tú vas a ser capaz de hacer lo que te propongas, ahí sentí que ya no era un “bicho raro”. Es algo que he tenido muy presente durante todo este tiempo y que me ha ayudados notablemente pero he tenido que luchar mucho con mis miedos y otros obstáculos que me han dificultado la marcha, pero que he ido salvando todos los días.

Al comienzo, todos los problemas se me acumularon y se produjo una crisis interna extrema, se me fue de las manos.

Llegaron tiempos de medicación, ingresos y ganas de cambiar, pero también de debilidad. Sentía que podía recaer en cualquier momento y tratar de hacerme daño, así hasta el día clave, en el que alcancé ese cenit de desesperación y confusión. Lo recuerdo todo como tiempos muy feos. Los médicos dicen que estás disociado. Eso es porque tienes la sensación de que no quieres vivir, porque en realidad estás malviviendo o simplemente sobreviviendo y en esos momentos crees que siempre será así. Aún con todo respiré profundamente y comencé este proceso del Centro de día, en el que ese primer día no sabía ni qué era esto, ni qué pintaba yo aquí. Creía que yo ya lo sabía todo y que esto no era más que una forma de pasar el rato, con montón de actividades para no pensar, y así tenerte apartado de esa forma mala de vivir tu vida. No me veía aquí. Miraba al grupo y veía caras extrañas muy raras, e incluso todos eran feos, pero sonreían, y hablaban con un mensaje en su voz de un futuro con esperanzas, derribaban gigantes tal y como don Quijote a lomos de Rocinante, y ganaban sus batallas, eso me tocó, me intrigó y con ello vinieron a mi cabeza otra vez un montón de preguntas que aunque algunas eran tempranas de contestar eran nuevas. Comencé a hacerme preguntas que en lo que venía siendo mi vida cotidiana, jamás me hubiera planteado.

No sé, pero pasadas un par de semanas, me sentí atraída por todos los talleres, si uno era bueno, el otro aún mejor. No tardé en darme cuenta de que por vez primera en mucho tiempo, empecé a hacer cosas que me ilusionaban, vi el potencial tan grande de todo esto y el buen partido que le podía sacar, entonces necesitaba conocerme a mí misma porque con mis 49 años supe que no sabía muchas de las cosas que lleva mi persona, también necesitaba tener motivaciones y ya no era sobrevivir, sino vivir con deseo. De repente tuve proyectos, y desde entonces ya no tengo miedo a las recaídas.

Por suerte no me he convertido en una persona amargada, y ha sido aprendiendo a gestionar y canalizar mis emociones con actividades como las manualidades o el “Pilates”, con la lectura del taller de auto apoyo de Fran o las revisiones que nos da José María; han sido muy aconsejables para ello. Y poco a poco he descubierto que me resulta muy esencial el ser asertiva, a decir no, y a poner límites cuando no deseo atender las peticiones de otros.

He visto lo que las habilidades sociales me han enseñado de manera positiva a gestionar la tristeza y la ira, que por suerte no me las he guardado y no las convertí en resentimiento, algo que ha sido muy positivo y que poquito a poco me ha ido ayudando a dar ese cambio en mi vida, que por cierto tanto necesitaba.

Otra de las cosas que he aprendido es que la principal clave para avanzar como dice José María son los “objetivos” o como digo yo: “mis mini objetivos”, que me han hecho avanzar en la mayoría de mis proyectos, son los que tienen que ver con objetivos más pequeños, más específicos, metas concretas que he podido ir verificando en mi día a día, y no grandes propósitos que te parezcan lejanos e inalcanzables. Para mí ha habido dos grandes beneficios al planificar de una manera acorde con esos mini objetivos. El primero es que te haces la vida más fácil y el segundo deriva del anterior y consiste en que este es un método para abrazar grandes objetivos a la larga. A mí me ha generado un sentimiento de satisfacción más estable, me ha aportado un complemento vitamínico con la sensación de haber estado y seguir avanzando.

Me sorprende lo mucho que se puede avanzar con pequeñas acciones diarias, la única limitación sé que está en mi misma. En cuanto a mis límites personales, he sido consciente de ellos en todo momento; de todo aquello que más me ha costado incluso abrumado. La clave está en aprender a vivir y convivir con todo esto y he acabado sacando la parte positiva de esas barreras con las que me he encontrado en este proyecto. Desde aquí digo que si os veis limitados, aunque parezca obvio, ante los problemas hay que poner en marcha la creatividad para encontrar una salida. Mi auto desafío ha requerido esfuerzo y mucha constancia, pero cuando veo alcanzados mis objetivos es una las sensaciones más satisfactorias que existen…”

  • En este momento Bego agradece también a cada educador del Centro de día todo lo maravilloso que han aportado a su proceso de recuperación y luego continúan sus palabras:

“Y a mis queridos compañeros del grupo deciros que priorizar actividades, organizar las tareas y conocer hasta dónde podéis llegar es estar dándoos una nueva oportunidad. Me gustaría que al igual que yo, comprendáis el cambio continuo de la vida, es reconocer que se puede pasar de una situación a otra en tan solo unos segundos. Creo que esto os puede ayudar en vuestro proceso, que implica una transformación. Os repito no dejéis de luchar, pedid ayuda, saboread cada momento que viváis, sacad todo el jugo a lo que cada día os enseña. Deciros que estoy muy orgullosa de todos y cada uno de vosotros, que os quiero un montón y que ya sois parte de mi historia”.

  • Ahora Bego nos comparte sus planes inmediatos, al terminar este ciclo formativo y de rehabilitación en el Centro de Día:

“Todavía en mi tiempo libre ahora que voy a disponer de él, y mucho, quisiera durante el verano, me gustaría hacer algo de voluntariado dedicándome a dar lo que soy a aquellas personas que se sientan solas, sin rumbo y necesitadas no materialmente, sino en cuanto lo afectivo. Ya pasado el verano me voy a matricular en un grado medio de peluquería y estética y sí de casualidad me encuentro con dificultades, valoro la opción de cocina y restauración.

Conmigo misma, aún me faltan por conseguir cambiar algunas dificultades que existen en mí, y que como decimos aquí me faltan mejorarlas, algunas tales como cabezonería, el individualismo, el acatar las normas, y alguna otra que me guardo para mí. También aún me falta la seguridad, aquí flaqueo un poquito pues veo que no tengo equilibrio, bueno más que no tenerlo es que no estoy acostumbrada a tenerlo. Otra de las cosas que quiero hacer es lograr ser independiente, aunque me cueste sacrificar en gran manera, la comodidad en la que vivo.

Otro frente abierto lo tengo con mi familia, con la que poco a poco y la ayuda que me habéis prestado, he conseguido hablar por teléfono con el mayor de mis hijos, y no hace mucho tiempo me dio la alegría de que va a ser papá y por consiguiente yo voy a ser abuela por primera vez, estoy que me salgo de alegría, y la llegada de mi nieto o nieta la espero con mucha ilusión y la esperanza de poder abrazar a mi hijo y a mi nieto. Gracias a que hablamos semanalmente, coincidió que el día de su cumpleaños estaba en la casa familiar con mi madre y me la puso al teléfono, no sé expresar lo que sentí en ese instante al escuchar su voz, después de casi cinco años volví a hablar con mi mamá, y con voz temblorosa me dijo que le gustaría verme, y lo mucho que me quería. Ahora sé que debo ir con mucha calma y cuidado, para poco a poco volver a estar dentro del seno familiar, aunque por otro lado me falta que mi hijo menor me acepte otra vez en su vida, por lo que mi felicidad no puede darse, pues él es parte importante, muy importante de lo que es mi familia, y sin él no podré lograr lo que más deseo, que simplemente es darles mi amor.

Ahora que ya os he hecho participes de todo esto, ya solo me queda lo más difícil que es despedirme, pero no os digo adiós sino ¡hasta siempre!, sabed que me llevo vuestro cariño y aquí os dejo el mío…”

Hna. Liliana López, Comunidad El Carmelo – Salamanca

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