Impresionante el testimonio de fe de un miembro del Carmelo Misionero Seglar de Betím en Brasil que ha superado el Covid-19.

Muchas gracias Rondineles, nos acercas a tu experiencia y con ella al Dios de la vida,que se manifiesta a través de las personas que nos rodean y le sentimos cercano en la familia. Desde aquí te enviamos toda la fuerza para que sigas adelante y seas testigo de la presencia del Señor en tu vida.

 

Hola, mi nombre es Rondineles Pereira García nací un sábado a las 10 pm del 4 de octubre de 1986 en la ciudad de Dionisio Minas Gerais, donde estuve dos años y vine a vivir a Betim. Tengo 31 años viviendo aquí así que tuve una infancia muy grande; bueno con gente humilde de oración y que me enseñó a ir a la Iglesia y a participar. Me preparé por 2 años para ir al seminario, pero el llamado de Dios fue diferente, vi que yo podía ayudar de otra manera también y así fue. En este momento estoy divorciado, tengo una hija de 4 años, María Eduarda García da Silva, mi orgullo, mi vida.

Pues a la luz del evangelio de Marcos cap.5,41-43 les comparto cómo mi historia ha reiniciado, hoy tengo una nueva vida.

El 27 de julio de 2020 estaba en casa y con tos; ya había ido al médico el miércoles de esta semana y él médico me había dicho que debía aislarme porque podía ser Covid o sinusitis. El domingo comenzó una tos seca y me sentía cada vez peor, así que a las 23:00 fui a mi habitación. Aquí en casa hay escaleras, cuando me fui a la cama tuve una tos sin parar y en ese momento pensé que si me acostaba no volvería.  Esta sensación volvió y luego confirmé que tenía con covid-19, porque no había aire para respirar, volví a bajar las escaleras, pero llorando mucho y con poco aire. Llamé a mi hermana Rayane, ella no me escuchaba hasta que logré en un suspiro llamarla con voz más fuerte y ella me escuchó. Me fui al hospital, llegué a las 00:00 horas no podía hablar porque me faltaba oxígeno. Allí en urgencias me atendieron y en solo 30 minutos detectaron que tenía Covid; vieron que mi pulmón estaba comprometido en un 60%. Aquí estuve hasta las 11 horas en la mañana cuando llegó la ambulancia y me trasladó al Hospital Veracruz, llegando allí observé que muchas personas usaban oxígeno, yo también tenía oxígeno y mi saturación no estaba bien. Pasé del 27 al 28 al máximo de oxígeno; he aquí, a las 20 horas del 28 de julio de 2020 comencé a ver un movimiento extraño de máquinas y un tubo en las manos de la enfermera, yo tenía mucha ansiedad, hasta que llamé al médico y le pregunté ¿pasó algo?, él dijo: “sí le confirmaron el covid-19, tienes el 60% del pulmón afectado, asma, neumonía y glucosa muy alta, es decir, diabetes, te entubaremos desde ahora”.

En ese momento me identifiqué demasiado con el pasaje de Marcos 5, 41-43, ya que al otro lado de la habitación había un médico que se me acercó y me tomó de la mano, entonces, yo le pedí al médico: Solo quiero volver con mi hija, y él me dijo así: “no te preocupes, volverás, quédate tranquilo, te ayudaremos”. Yo tenía el rosario en la mano, tomé un respiro y me anestesiaron, quedé en coma inducido. De ese tiempo recuerdo algunas cosas, pero valió la pena, porque soñé con mi hija y su mejor amiga Carol jugando en la habitación donde estaba yo, veía al médico y a una enfermera morena durante dos o tres días y luego ya no la vi.

Pero estos 10 días no fueron fáciles para mi familia porque los primeros tres o cuatro días los médicos no daban mucha esperanza, porque mi condición era muy grave, hasta que un día uno de ellos habló con la enfermera, madre de Carol que es la mejor amiga de mi hija, él le dijo: “reza por Rondi, nosotros aquí lo intentaremos todo, pero creo que de hoy lamentablemente no pasa”.

Sin embargo, ella no quiso contarle esto a mi familia porque me trata como a su hermano. Este día esta enfermera también le gritó a Dios que no quería perder a otro hermano porque había perdido a su hermano mayor hacía dos semanas. Entonces los médicos hablando, decidieron que al día siguiente me harían hemodiálisis y traqueotomía en el cuello. He aquí, las cosas comienzan a cambiar; mis riñones de la nada, volvieron a funcionar y la saturación se normalizó y mi presión que estaba 5, de vuelta a la normalidad, pero no era así y de la nada, era Dios quien obraba su milagro en virtud de la gran fe y oración de mi familia y amigos.

Justo el día en que el doctor dijo esta noticia la enfermera, mi hija Duda soñó que vino a mi hermana y le dijo: tía, papá está en el cielo, entonces mi hermana le explicó y que Dios estaba hablando con ella. Entonces Carol exigió a su madre que llevara a la niña a la Iglesia porque tenía que orar por mí, porque yo era el padre de su mejor amiga. Otro día mi hija soñó que yo estaba bien y que regresaría a jugar con ella en la alfombra, es decir, en todo momento Dios le hablaba a Duda y la consolaba, mientras yo moría y volvía a vivir.

El 7 de agosto me desperté sin recordar nada, no sabía la fecha, ni nada. En ese mismo instante encienden la tele del globo y me dicen: “le acaba de pasar covid-19”, sufrió demasiado, pero oye no pasó nada. El doctor me trae una tablet y me dice que hablaba con mi familia. Cuando veía a mi familia, mis amigas y las hermanas Carmelitas Misioneras, lloraba porque no podía hablar y no tenía mucha coordinación motora, mi hija canta la música de Frei Gilson.

“Te levantaré, te levantaré, te criaré hijo amado, hijo querido. Te devolveré las fuerzas, y te atraeré hacia mí y te daré ropa nueva, hijo amado”. Fue emocionante ver a mi hija, una niña de 3 años, cantar esta canción y decir: “me faltan 3 días para cumplir 4 años, aprendí la canción para cantarle a papá, ya que quería que él estuviera aquí conmigo el 4 de octubre”.

Bueno, después de 10 días de tubos, también estuve en la UCI durante 5 días hasta que me dieron de alta en la habitación. Antes de eso, un médico jefe llegó al frente de la habitación, tomó un vaso y comenzó a saltar y gritarme: “usted triunfador y ganador”, fue muy gratificante para mí.

El equipo médico llamó a mi familia y les expresó que yo necesitaba un acompañante. Nadie podía ir, porque mi padre, mi madre y la madre de Duda estaban con el covid-19 y aún faltaba un día para terminar la cuarentena; entonces en una brillante idea, la hermana Elisángela decide preguntarle a uno de los jóvenes de Jucami (Joven Carmelita Misionero), en el que me encanta decir que soy parte del CMS (Carmelo Misionero Seglar). En esto Samuel da el sí a la hermana y a mi familia.

Yo no podía caminar, dependía de todo, pero de todo para pedir ayuda y este joven fue bendición de Dios, ya que me ayudó y me aconsejó. Yo estaba demasiado preocupado por mis hermanas Rayane, y Rilza ellas recibían las malas noticias, tenían que firmar documentos en el hospital y más que eso, tuvieron que cuidar a mi hija, mi papá, mi mamá y Cristina-mamá de Duda porque todos estaban dentro de la habitación en cuarentena.

Dios era tan bueno que Rayane, Duda y Rilza no tenían covid-19 pero tenían una gran responsabilidad. Luego, gracias a Dios, el 15 de agosto de 2020, el día que me dieron de alta del hospital y me fui a casa muy débil, pero con todo el cariño y amor de mi familia y amigos …

Les digo, antes que todo esto sucediera, estaba un poco deprimido, no tenía muy buena relación con mi familia, pero Dios me mostró lo importante que es nuestra familia y con el covid-19 lo agradeceremos, cuidaremos de nuestra familia porque es el mayor bien que tenemos aquí en la tierra; Dios nos está fortaleciendo hoy, en este año para ser fuertes ante cualquier situación.

Bueno, los dejo con un testimonio de una persona muy querida para mí, quien me dijo: “Rondi, en un momento en que estaba conversando con Dios, sentí su presencia muy fuerte y le pedí que sanara tu físico y tu alma” (Hna. María Nieves Fonseca)

Dios los bendiga a todos, Paz y Bien.

Rondineles Pereira García

Betim/Brasil, 30 de septiembre de 2020