Mi nombre es también Francisco, no creo en la casualidad sino en la Providencia Amorosa de Dios. Les cuento mi sorpresa de descubrimiento de la figura impresionante del Padre Francisco Palau y mis relaciones a partir del encuentro que tuve con él.

Durante mi estancia en Roma, estudiando en el Teresianum, hice muy buena amistad con la Hna. Regina, Carmelita Misionera coreana, visitando la Casa General en Via del Casaletto. La comunidad me brindó una fraterna y cercana acogida, celebrando la Eucaristía y compartiendo la mesa en varias ocasiones. Sí sabía algo de su fundador, carmelita, místico… pero poco más.

De vuelta a mi diócesis de Tenerife, en las islas Canarias, como padre espiritual del Seminario Mayor, preparando el retiro mensual de la comunidad, me encontré con el P. Francisco Palau.  Toda una sorpresa en la Providencia Amorosa de Dios. El tema del retiro era “Amar a la Iglesia”. Buscando un testigo de ese amor incondicional a la Iglesia, me tropecé en internet con vuestra página web, sus videos, cantos y sobre todo con sus escritos “Mis relaciones”. Se sentí sorprendido por la hondura, belleza, profundidad de su comprensión del misterio de la Iglesia “su objeto amado”. Como diría la gente joven; me enganchò, me tomo del corazón. Para un sacerdote, o futuro sacerdote, es muy equilibrador afectivamente ese amor-enamorado del P. Francisco Palau a la Iglesia. Por ello, en ese retiro, y en otras muchas ocasiones, he presentado a nuestros seminaristas su testimonio. Porque ellos serán, y deben sentirse gozosamente; Esposo, Padre, e hijo de la Iglesia. Y lo serán o seremos, desde ese amor-enamorado a la Iglesia. Que Ella, no es algo -una institución- sino ALGUIEN.  La Iglesia es alguien: la Esposa, la Madre, la Hija…tiene identidad personal ¡Que misterio más impresionante!

Pocos días después, me solicitaron una de las casas de oración que llevo, dos hermanas Carmelitas Misioneras, doblemente hermanas, para su retiro personal, las Hnas. Pilar y Conchita Gil Lafuente. Soy testigo como disfrutaron del silencio, fraternidad y oración las dos juntas. Compartimos, oramos, y hablamos de la figura del P. Palau con entusiasmo. Un recuerdo agradecido, por la Hna. Conchita, que justo en este año tan especial para toda la congregación, ha partido para la Casa del Padre.

No es de extrañar, que en noviembre, el mes más eclesial del año, según mi parecer, se celebre la memoria del Beato Francisco Palau. Lo iniciamos celebrando a la iglesia celeste el día 1 festividad de todos los santos, a continuación acordándonos de la iglesia que se purifica, luego el día 7 la memoria del gran místico del misterio de la Iglesia el Beato Francisco Palau, y muy cerquita, el 9  la iglesia peregrina con la fiesta de la dedicación de San Juan de Letrán, y por si fuera poco,  también el día de la Iglesia Diocesana, iglesia con rostro, nombres, realidades para amar y servir.

El 30 de mayo, dentro de este año palautiano de los 150 años de su nacimiento para el cielo, fue una fecha singular y feliz. También en una cueva, como le gustaba esconderse con su Amada, al P. Palau, y acondicionada como lugar de oración llamada el “Seno de María”, se bendijo y entronizamos su icono. Fue realizado por una de las mejores iconógrafas de España, María del Carmen del Cerro Jimenes, ante un grupo numeroso de personas venidas de varios lugares de las Islas Canarias. Y, por si fuera poco, también veneramos y entronizamos una verdadera reliquia enviada por la Hna. Angélica Conde Cerero. Todo un regalo inmenso que agradezco.  Qué bueno sería, que la familia de las Carmelitas Misioneras, puedan también algún día visitar ese lugar. Aquí, ya se va conociendo y amando al Beato P. Francisco Palau, su obra, vuestra obra, en estas islas Canarias, en medio del Océano Atlántico.

La Providencia Amorosa de Dios ha querido unirme a la devoción de este gran testigo del Amor a la Iglesia.  Gracias a sus hijas, que siguen visibilizando, en estos tiempos recios, como diría la Madre Teresa de Ávila, ese amor-enamorado a la Iglesia como el Padre fundador Francisco Palau. Que pronto le veamos, y se le reconozca su santidad gigante en toda la Amada Iglesia. Les espero, les esperamos en estas islas llamas afortunadas y ahora mucho más.

Francisco Ignacio Hernández Rivero

 

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