Sr. Fely Covacha of Cristo Rey tells us about her wonderful experience of God’s faithfulness in her life, during 50 years of consecration to his love and service.

It was 28 October, 2021, the day I celebrated my golden jubilee as a Carmelite Missionary. It was a joint celebration with the perpetual vows of Sr. Rebecca Ewoi. There was joy and jubilation in the air! A day of thanksgiving and triumph! God is faithful and we are witnesses of it. His faithful love endures forever! Sr Rebecca pronouncing her commitment to belong to God forever and the renewal of my commitment after 50 years, a life of allegiance to Jesus Christ in Missionary Carmel for 18,250 days.

“My heart rejoices in God my Savior” as I contemplated the happy faces of all present in the event. It was a celebration of our vocation, not just mine. Thank you, sisters for making this day meaningful to me and Sr. Rebecca. You are part of my life and it is worthwhile to celebrate it as a community and bear witness to the people of a God who always calls and brings his promise to completion and fulfillment. Missionary Carmel was on that day filled with song of thanksgiving: we praise and thank God for bringing us together, in unity and communion sharing our joys, in a solemn Eucharistic celebration of prayers, songs and dance.

Like Father Francisco Palau, I also proclaimed that “to live in Carmel only one thing is needed: vocation”. Yes, Looking back through the years I discovered that the awareness of being called sustained my response to God daily; strengthen and deepened through the years amidst difficulties, tensions and challenges of religious life. I realized that each day was a continuing and progressive ascent to Mt. Carmel finding in each effort the opportunity to identify myself with the God who calls in the silence and solitude of prayer, in the community and in mission.

La Hna. Fely Covacha de Cristo Rey nos narra su maravillosa experiencia de fidelidad de Dios en su vida, durante 50 años como consagrada a su amor y servicio.

Fue el 28 de octubre de 2021, el día en que celebré mis bodas de oro como Carmelita Misionera. Fue una celebración conjunta con los votos perpetuos de la Hna. Rebecca Ewoi. Había alegría y júbilo en el aire. Un día de acción de gracias y de triunfo. Dios es fiel y nosotros somos testigos de ello. Su amor fiel es eterno. Sor Rebecca pronunciando su compromiso de pertenecer a Dios para siempre y la renovación de mi compromiso después de 50 años, una vida de lealtad a Jesucristo en el Carmelo Misionero durante 18.250 días.

“Mi corazón se alegra en Dios mi Salvador” mientras contemplaba las caras de felicidad de todos los presentes en el evento. Fue una celebración de nuestra vocación, no sólo de la mía. Gracias, hermanas, por hacer que este día sea significativo para mí y para la Hna. Rebecca. Ustedes son parte de mi vida y vale la pena celebrarlo como comunidad y dar testimonio al pueblo de un Dios que siempre llama y lleva su promesa a su cumplimiento y realización. El Carmelo Misionero se llenó ese día de cantos de acción de gracias: alabamos y damos gracias a Dios por reunirnos, en unidad y comunión compartiendo nuestras alegrías, en una solemne celebración eucarística de oraciones, cantos y danzas.

Como el Padre Francisco Palau, también proclamé que “para vivir en el Carmelo sólo se necesito una cosa: vocación”. Sí, mirando hacia atrás a través de los años descubrí que la conciencia de ser llamada sostenía mi respuesta a Dios diariamente; se fortalecía y profundizaba a través de los años en medio de las dificultades, tensiones y desafíos de la vida religiosa. Me di cuenta de que cada día era un ascenso continuo y progresivo al Monte Carmelo encontrando en cada esfuerzo la oportunidad de identificarme con el Dios que llama en el silencio y la soledad de la oración, en la comunidad y en la misión.

Now, at this point of my life at 75 years old, I feel a sense of fulfillment and gratitude to God and to Missionary Carmel for helping me to nurture the gift of vocation. It feels good to belong to a community the “small church” , where one is supported, cared for, encouraged and corrected, “chastised” and purified in times of trials, pains and discouragements. I thank the community which has become a place of living the paschal mystery. Like Jesus, the experience is not pleasing but live in faith and love, my hardened and proud heart was molded day by day unto a heart, open and vibrating to the tune of the Spirit.

I thank the Lord for the many persons: formators, superiors, sisters, spiritual directors, my family and friends who have accompanied me these years. May God bless each one and reward them for their love and patience in dealing with me.

Finally, my heartfelt gratitude goes first to God for the gift of fidelity. He is faithful, that is why I am faithful! Next, I thank the Blessed Virgin Mary, Beauty and Splendor of Mt. Carmel for mothering my vocation, who by her example and intercession opened my eyes and experience the joy of perseverance.

“Everything is a grace” according to St. Therese, I take delight in savouring the gift of vocation daily.

Ahora, en este momento de mi vida, a los 75 años, siento una sensación de plenitud y gratitud a Dios y al Carmelo Misionero por ayudarme a alimentar el don de la vocación. Se siente bien pertenecer a una comunidad, la “pequeña iglesia”, donde uno es apoyado, cuidado, animado y corregido, y purificado en tiempos de pruebas, dolores y desalientos. Agradezco a la comunidad que se ha convertido en un lugar para vivir el misterio pascual. Al igual que Jesús, la experiencia no es agradable, pero al vivir en la fe y el amor, mi corazón endurecido y orgulloso fue moldeado día a día hasta convertirse en un corazón abierto y que vibra al son del Espíritu.

Doy gracias al Señor por las muchas personas: formadoras, superioras, hermanas, directores espirituales, mi familia y amigos que me han acompañado estos años. Que Dios bendiga a cada uno y les recompense por su amor y paciencia en el trato conmigo.

Por último, mi más sincera gratitud va en primer lugar a Dios por el don de la fidelidad. Él es fiel, ¡por eso yo soy fiel! A continuación, agradezco a la Santísima Virgen María, Belleza y Esplendor del Monte Carmelo por haber sido madre de mi vocación, que con su ejemplo e intercesión me abrió los ojos y experimentó la alegría de la perseverancia.

“Todo es una gracia” según Santa Teresita, me deleito en saborear diariamente el don de la vocación.

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