A veces tenemos a nuestro lado verdaderos “superheroes” y pasan desapercibidos. Hoy nos acercamos a una persona que representa un verdadero “superheroina“.

Lola Bonilla de Granada (España) nos cuenta su testimonio ante la enfermedad, espero que después de leer esto, pienses que los superheroes existen de verdad.

¡¡¡Gracias Lola!!!  por tu experiencia vivida y compartida, hoy nos haces sentir que “la vida es bella” y que lo más importante es la actitud con la que nos ponemos frente a las situaciones que nos llegan. Eres una verdadera testigo del amor de Dios que no pasa nunca. ¡¡Estamos contigo!!

TANTO QUE AGRADECER…

     Cuando la vida me paró en seco (septiembre 2016), no entendía nada, apenas tuve tiempo de reaccionar porque el tratamiento era inminente y no te dan tregua. El ritmo de vida era como el de la mayoría de las personas de nuestra sociedad (trepidante), con un trabajo que me encantaba y que me permitía estar al lado de los preferidos del Señor (todo un lujo) con unos compañeros y compañeras a los que he querido y quiero mucho, con los que he crecido personal y profesionalmente. Una familia encantadora que me ha cuidado mucho desde siempre (soy la pequeña de cuatro hermanos, “la mimada”), especialmente mi hermana, ella fue la que como Andrés le indicó a Pedro lo que había encontrado, así ella lo hizo conmigo me indicó y señaló el camino. Y unos hijos que, aunque en determinados momentos me agotan, he disfrutado muchísimo con ellos y hoy lo sigo haciendo en la medida que puedo.

Dios había estado presente en mi vida desde pequeña, gracias a la Fe que mi madre nos había transmitido y por la que veló siempre a través de su oración y su buen hacer con nosotros, sus hijos. “Te doy Gracias Padre

porque le has revelado estas cosas a los sencillos”…Esta fue la lectura elegida para del día que la despedíamos. ¡Cómo nos habla Dios a través de su palabra!

La vida me para y me sitúa con los débiles. En este momento y en otros he visualizado la escena del huerto de los olivos dónde Jesús pide que pase el cáliz…

Sabía que iba a ser duro pasar por aquí, pero como siempre Él iba a estar conmigo como así lo prometió. Le pedí mucha fortaleza porque todos teníamos mucho miedo, especialmente mis hijos. Sabía que si ellos me veían bien todo sería mucho más fácil.  También le pedí una mirada atenta para ver aquello que Él quería que yo viera…

Mi enfermedad, el cáncer, me ha permitido y me permite estar más cerca de Dios. Sentirme querida y cuidada por Él y todo lo que Él me regala, a través del cariño de las personas que pone en mi camino. Desde el primer momento he sido receptora de un cariño inmenso por parte de las hermanas Carmelitas Misioneras, del Carmelo Misionero Seglar, de PROKARDE (ONG de las Carmelitas Misioneras), de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos del Colegio “El Carmelo” de Granada y de todas las personas que con su oración y cariño tanto bien me han hecho. En el tratamiento van paralelamente las medicinas y una gran dosis de oración y cariño que a día de hoy no me faltan.

Entrar en un escenario de enfermedad, de incertidumbre. Sentirme débil, frágil, desnudar el alma y quitar todo lo que estorba para ver lo realmente Verdadero lo auténtico y deleitarme en su belleza, tal y como nos dice San Juan de la Cruz. Esto ha sido y es un proceso no exento de dolor.

¿Era necesario pasar por aquí?… Pues quizás sí. Como Padre bueno y misericordioso, me coges en tus brazos. Así me he sentido yo en los momentos de más debilidad, cogida y cuidada, supercuidada. De ahí la fortaleza que he podido tener con mis hijos fundamentalmente, una fortaleza que el Señor me ha dado, sólo en Él me hago fuerte.

El Señor me concede, tal como le pedí, una mirada sensible con el dolor de los demás, un querer entender sus cosas y no tanto las mías y estar atenta a lo que Él me quiere decir a través de su palabra, de sus gestos, del amor, del dolor…

Cuando pienso en todos los momentos (quimios, radios, operaciones, pruebas, más pruebas…), y tú Señor siempre a mi lado, compartiendo mis miedos, mis lágrimas, mis laberintos… y Tú siempre conmigo, entretejiendo una intimidad y un Amor más fuerte que me permite ver la realidad con otros ojos, descubrir que sólo el Señor puede curar las heridas más profundas y que más duelen, haciendo posible que merezca la pena por verlo a Él y sentirlo cada vez más cerca.

Es increíble lo que el Señor es capaz de hacer si nosotros nos dejamos, como se vale de las distintas situaciones de nuestra vida para mostrarse y acercarnos cada vez más a ÉL.

Sigo en un escenario de enfermedad e incertidumbre, como otras tantas personas, pero me siento tan afortunada por sentirme cerca de Dios, porque Dios me mira y pone delante de mí nuevas situaciones en las que seguir descubriéndolo, seguir amando, seguir compartiendo…

Soy consciente de mi debilidad y fragilidad, esa que tanto miedo me daba y me da en determinados momentos, la misma que me ha permitido sentirme profundamente amada. Como dice San Pablo llevamos un gran tesoro en vasijas de barro.

En unas de las oraciones del CMS teníamos que coger una frase del Padre Palau la que me tocó a mí hacía referencia al desprendimiento y decía: “Todo lo que no es Dios y su amor, lo demás lo doy muy barato y me causa fastidio toda posesión”