MI RECORRIDO VOCACIONAL

Me llamo Celia Panades Villaute, soy de Guinea Ecuatorial. Vengo de una familia de tradición cristiana, somos cinco hermanos, yo soy la primera de tres niñas y dos niños.

Como todo joven soñaba con ser importante, conseguir un buen trabajo para ayudar a mis padres, y tener mi propia familia; ser yo la dueña de mi vida.

Pero todo comenzó a cambiar, después de que respondí a una invitación del grupo de jóvenes de mi escuela que llevaban las hermanas Salesianas en Malabo.

Al principio acepté la invitación, simplemente para hacer algo diferente, cambiar de ambiente y pasar el tiempo. Pero, con el tiempo se fue haciendo más interesante, con todas las actividades, temas, dinámicas, compartir, y momentos de oración. Mi percepción empezó a cambiar, las preguntas empezaron a surgir dentro de mí; me fue invadiendo el miedo, porque no quería sentir lo que estaba sintiendo y tampoco me atrevía a compartir con nadie lo que estaba viviendo, porque me decía a mí misma que eso no podía ser posible. Para mí era una simple ilusión. Hasta que decidí cortar y no continuar como miembro de aquel grupo, por miedo.

También me enfrentaba a la realidad de la juventud de mi tiempo, de mi sociedad, el proyecto de mi familia sobre mí, y especialmente el mío: mis ambiciones, sueños.  Fue una verdadera lucha interior.

Desde aquel momento, ya no era la misma, estaba confundida, me sentía vacía, sentía que nadie me entendía, mi vida ya no tenía mucho sentido, no entendía muchas cosas, porque no podía explicar a nadie lo que me estaba pasando, pues tampoco sabía lo que me estaba pasando.

Hasta que un domingo saliendo de misa, me encontré con una hermana Carmelita Misionera, estuvimos dialogando un largo rato, fue entonces cuando todo volvió a empezar de nuevo, todas mis inquietudes volvieron a surgir, pero esta vez con más claridad. ¡Y desde entonces empecé un proceso de discernimiento!

Después de un largo recorrido: de compartir, de acompañamiento y el testimonio de vida de las hermanas, sentí en mí un gran deseo de llegar a ser religiosas y darme al Señor. Después de todas mis reflexiones y discernimientos, tome la decisión de hacer una experiencia. Fue asimismo cuando emprendí el camino, con la primera etapa de formación con las Carmelitas Misioneras.

Hoy soy Carmelita Misionera, ahora estoy finalizando la primera etapa de formación y ha sido lo mejor que me ha podido pasar. Me siento bien, en familia y estoy profundamente agradecida con Dios por esta mirada de amor que ha puesto en mí.

Para ti Joven, que sientes esta inquietud de saber que quiere el Señor de ti, ¡lánzate! y descubra el proyecto que Dios tiene preparado para ti. ¡Ábrete! no te encierres en ti.

Nunca cerremos nuestro corazón al llamado del Señor para anunciar la buena noticia, tengamos coraje y atrevámonos a correr el riesgo de amar.

El camino de Seguimiento de Jesús ¡vale la pena! Si te abres a Él, te dejas guiar y acompañar, descubrirás la presencia de Dios en las personas que te acompañan.

Para descubrir la voluntad de Dios en nuestras vidas, y darle una respuesta, a veces nuestro entorno y nuestro círculo de amigos no ayudan mucho, pero tenemos que buscar a personas que puedan ayudarnos a hacer un mejor discernimiento para ir descubriendo el rostro de Dios que nos ama y nos invita a descubrir este gran amor que Él nos tiene.

“Cuando el Señor llama, Él da la gracia y la fuerza para responder.”