«Nunca se cansa de dar ni se pueden agotar sus misericordias; no nos cansemos nosotros de recibir» Santa Teresa de Jesús (V19, 15)

 El 14 de junio del presente año se dio clausura al curso del Cites con la celebración de la Eucaristía, seguidamente el acto académico y luego un brindis. Son muchos los sentimientos que en estos momentos me invaden al experimentar la gran misericordia que el Señor ha tenido conmigo, en especial en este año en el que he podido hacer una pausa para renovar fuerzas y recrear el don vocacional, de la mano de nuestros santos Carmelitas, el privilegio de estar en esta tierra abulense bebiendo de las fuentes de esta gran doctrina, es un inmenso regalo de Dios y de la Congregación.

Cada uno de los santos carmelitas ha tocado las fibras más profundas de mi ser, me han ayudado a entrar en mi interioridad y a su vez realizar una relectura de mi historia personal en clave de fe descubriendo así la acción de Dios en todo, aun en medio de mis flaquezas, siendo consiente que hay que seguir integrando algunos aspectos a nivel humano y espiritual, pero también con la esperanza de que él llevará su obra a feliz término. Lo que me lleva a exclamar con Teresa de Jesús «Bendito seáis por siempre, que aunque os dejaba yo a Vos, no me dejasteis Vos a mí del todo, que no me tornase a levantar, con darme siempre Vos la mano; y muchas veces Señor, no la quería, ni quería entender, como muchas veces me llamabais de nuevo» (V 7,9).

Este tiempo de estudio en el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (Cites), ha sido un espacio maravilloso de formación, gracias a todo un equipo de personas muy cualificadas en el campo de la mística: sacerdotes y docentes con una gran calidad humana y espiritual, que nos fueron introduciendo en la rica doctrina del Carmelo, llevándonos a su vez a la interiorización y la confrontación de nuestro propio proceso, desde una toma de consciencia de sí mismo y de la grandeza del amor de Dios. También favoreció el aprovechamiento del curso la dinámica grupal, a pesar de ser de diferentes nacionalidades y edades, se vivió un ambiente alegre, sereno, cálido y fraterno, tejiendo lazos de amistad a través de los diferentes espacios, las clases, los momentos de oración, las celebraciones y las salidas a los lugares carmelitanos.

La experiencia comunitaria con las hermanas mayores de la comunidad “Santa Teresita” de Ávila, también ha sido de gran ayuda durante este tiempo de estudio, valoro ante todo su testimonio de vida, la oración, su cariño y acogida; ha sido una gran bendición estar en esta bella comunidad de hermanas mayores que han entregado lo mejor al servicio de la congregación y de la Iglesia. Finalmente mis sinceros agradecimientos a la hermana Lila Rosa Ramírez, a hermana Luz Mariana Ochoa y hermana Cecilia Andrés por esta gran oportunidad, a la comunidad de Ávila, al Cites, a mi familia y a cada una de las hermanas que me han acompañado en la distancia con su oración, cercanía y amistad. «Con todo veo claro la gran misericordia que el Señor hizo conmigo» (V, 8,2).

María Rosa Reyes Hernández, Carmelita Misionera (Colombia)

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