Encuentro con la comunidad de las hermanas de la Consolata en Puerto Leguízamo.

Teniendo en el corazón éste compromiso provincial, que nos abre nuevos horizontes, quiero compartir con ustedes la linda experiencia vivida en la Amazonía Colombiana, con María del Carmen López y el equipo misionero del Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo Solano, en medio de la sencillez, la acogida, la alegría del seguimiento y el calor humano de misioneros que comparten con los habitantes de estas regiones desconocidas e insospechadas para nosotras.

 

 

De izquierda a derecha: Monseñor: Joaquín Humberto Pinzón. IMC, Padre Jhonathan Castañeda. Carmelita , Maria del Carmen Lopez. CM, Padre Eduardo Reyes. IMC

El 21 de marzo salimos rumbo a Puerto Leguízamo- Putumayo (Colombia). Nos encontramos en el aeropuerto con el padre Jonathan Castañeda, carmelita de la antigua observancia, que venía con el mismo propósito para integrarse a la “experiencia misionera intercongregacional” propuesta por Monseñor Joaquín Humberto Pinzón IMC (Misionero de la Consolata) concretamente en el corregimiento de “La Tagua”, parroquia Sagrado Corazón. Puestos en manos de Dios que abre caminos, llegamos en tiempo oportuno para participar en el encuentro anual de Inducción y Ubicación en la realidad natural, cultural, social, y pastoral del Vicariato.

La intercongregacionalidad se palpaba en cada rostro: padres y hermanas de la Consolata, Hnas. Dominicas de la Presentación, Misioneras Siervas del Divino Espíritu, Capuchinos, Misioneros de la Esperanza, Carmelita y Carmelitas Misioneras, procedentes de diferentes lugares entre ellos:   Italia, Corea del Sur, Portugal, Argentina, Kenya, Colombia… hombres y mujeres comprometidos en la misma misión, saboreando la fraternidad universal y el gozo de vivir el espíritu misionero. De esta manera se fue completando el grupo de 35 misioneros, dispuestos a conocer y afianzar el amor por la Amazonia en todo su esplendor con las propuestas pastorales del Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo Solano.

Acogimos y profundizamos en el propósito del Plan Pastoral, que puedo resumir en estas palabras: “Una Iglesia servidora y en salida, que acoge, anima y acompaña a los pueblos de la Amazonia, que es casa común, hermana y Madre: diversas familias indígenas ancestrales, campesinos, afro descendientes, población urbana y  a todas las personas que se encuentran en diferentes periferias geográficas y/o existenciales; para anunciar y vivir la misericordia, consolidando y fortaleciendo una Iglesia desde la justicia y la paz, con rostro, pensamiento y corazón amazónico fronterizo, para que todos en Cristo tengamos vida plena” (Organizador del Vicariato 2021)

Viacrucis por las calles de la Tagua, estaciones preparadas por diferentes familias al frente de su casa.

Poco a poco y en cada actividad programada, nos fuimos adentrando en el espíritu que anima el Vicariato y verificando que es posible ir más allá de las palabras concretándose en sus opciones: Respeto y admiración por la naturaleza, la riqueza de su gente, todos caminando en una misma tierra y luchando por la supervivencia y la dignidad. Sentimos un llamado constante a reconocer que nuestra presencia en el territorio amazónico, nos exige pasar de ser espectadores a protagonistas activos, para construir con ellos lo que Dios quiere con acciones pastorales recogidas en los verbos: Acoger, Anunciar, Acompañar, Animar, Discernir y Compartir con sentido Profético.

 

Misa Crismal en la Catedral Nuestra Señora del Carmen, Puerto Leguízamo

Como una gracia especial, de la inducción, participamos en la solemne Misa Crismal, presidida por el Obispo y concelebrada con los presbíteros del Vicariato que renovaron sus compromisos sacerdotes pidiendo el don de la fidelidad para el ejercicio de su ministerio. También pudimos acercarnos a una de las Malocas (lugar de encuentro de los ancianos de la Asociación de Cabildos Indígenas de Puerto Leguízamo), para valorar los saberes ancestrales y su espiritualidad llena de la sabiduría indígena con el Abuelo Braulio a la cabeza y los representantes de otras comunidades de la Amazonia; de ellos recibim

Momento de compromiso con la Amazonía en la actividad de Inducción y Ubicación de los misioneros.

os la bendición y la protección para la misión.

Terminamos estos días de formación, con un retiro espiritual para agradecer a Dios todo el caminar y continuar con el deseo de aportar a una renovada evangelización; la iluminación bíblica de Juan 15, 1-17 nos invitaba a permanecer y perseverar en el seguimiento del Señor en la presente realidad. A su vez, Monseñor Joaquín Humberto Pinzón exhortó al equipo misionero a vivir con esperanza y alegría los procesos de evangelización haciendo amanecer los sueños de nuestro corazón en la Amazonia.

 

 

Parroquia del Sagrado Corazón en el Corregimiento de la Tagua.

Con este bagaje espiritual y fraterno, salimos con el padre Eduardo Reyes, el día 26 de marzo para nuestro destino final: Corregimiento de “La Tagua” a orillas del Rio Putumayo, que se extiende a lo largo de sus riveras con comunidades indígenas y campesinas que esperan la acción pastoral del equipo misionero. Llegamos a la Parroquia Sagrado Corazón y casa de los padres de la Consolata, al frente casa para las hermanas con finos detalles de bienvenida. Después de un delicioso almuerzo, juntas nos dimos a la tarea de seguir embelleciendo el lugar para disponernos a vivir en él como dueñas y señoras de casa, muy pronto se vieron los cambios y los transeúntes iban reconociendo una presencia nueva en la casa que esperaba a sus moradoras desde hace dos años.

Viacrucis
Viacrucis por las calles de la Tagua, estaciones preparadas por diferentes familias al frente de su casa.

Por estar a las puertas de la Semana Santa se fueron dando las orientaciones para entrar en la celebración de los misterios de fe que nos reúnen con sentido de Iglesia. Nos organizamos para cada momento celebrativo, siguiendo los protocolos de bioseguridad y disponiéndonos de manera especial a visitar las familias de los enfermos llevando la sagrada comunión y los Santos Oleos. Cada encuentro y celebración tenía su toque de gracia y lección de vida para acercarnos con respeto a una realidad nueva y desafiante.

En cada paso sentimos la comunión de oración con todas las comunidades de la provincia, y así esperamos que se siga, pues la fe y la oración sostienen la misión, dicen los santos. María del Carmen se encuentra muy bien, posesionada y comprometida con el sí dado, llena de esperanza para que se complete el equipo femenino y poder llevar a cabo el anhelado proyecto.

Casa de las hermanas en la Tagua

Doy gracias a Dios por el regalo de esta experiencia que aviva en mi el sentido misionero y me dispone para continuar en el servicio que en este momento tengo entre manos, dando lo que soy y tengo con amor y esperanza, aportando a esta Iglesia que peregrina en cada lugar y en este momento histórico de tanta incertidumbre y fe renovada.

Dioselina Hernández Giraldo. cm