El día 2 de Febrero celebro mi cumpleaños y estuve ese día haciendo preparativos para compartir con los jóvenes que fueron a misiones con nosotras en enero. Fue una tarde juvenil y carmelitana. Nos fuimos a descansar con la alegría de celebrar la vida y las vidas jóvenes con las que compartimos la misión.

El día siguiente lo comenzamos normalmente, pero poco a poco nos fuimos enterando de un incendio en la V región. Al pasar las horas, las noticias eran cada vez más impresionantes. Era un mega incendio con varios focos simultáneos en Viña del Mar en sectores altos, poblaciones y tomas. En la noche ya se daban a conocer la muerte de varias personas que no pudieron escapar del fuego. Al otro día, las noticias eran verdaderamente aterradoras, un enorme espectro geográfico había sido devastado por las llamas, unas mil familias damnificadas, más de trecientas personas desaparecidas y un total de 134 fallecidos identificados.

Todo Chile se conmocionó con esta tragedia, incluso desde el exterior llegaron muestras de solidaridad y ayuda para las víctimas.  Sí, victimas, porque hasta hoy toda la investigación apunta a que fue un incendio provocado y planeado. ¿Por quienes buscan beneficios económicos en nuevas edificaciones, el cartel de fuego (como bautizo la gente a quienes iniciaron el incendio,) por presiones del crimen organizado al Estado? Todo sigue en investigación y no sé si llegaremos a saber la verdad.   Mucha gente, jóvenes y voluntarios/as se movilizaron en seguida a ayudar limpiar y sacar escombros; darle agua y de comer a quienes se quedaron sin nada; ayudar a buscar a los/as desaparecidos/as.

 

Así, desde febrero no ha parado la ayuda, aunque claro, con el término de las vacaciones, ha bajado el número de voluntarios/as. Pero aun persisten grupos ayudando en los sectores devastados.  Por nuestra parte, como vida religiosa, se organizó desde la Conferre Nacional, una misión intercongregacional:  “Reconstruyendo Esperanza”.   Ahora se viene otra etapa, después del impacto inicial, se hace necesario la contención psico-espiritual.  Es impresionante como las familias se han aferrado a Dios en estos dolorosos momentos, quienes estamos acompañando en esta misión, pensamos encontrar mucha rabia contra Dios, pero la fe les ha dado sentido a sus vidas salvadas, a las vidas perdidas y al recomenzar con Esperanza.   El mes de abril nos hemos dedicado a visitar todos los lugares afectados y sus familias. Somos un grupo de religiosas y laicas/os que vamos los fines de semana a escuchar, orar y abrazar.  Al finalizar el mes de abril evaluaremos cómo continuar la misión, según las prioridades que se han detectado.

Cada vez que vamos, llegamos cargadas de muchas mochilas de impotencia, dolor, pérdida, rabia, ansiedad, desolación y se las entregamos a Jesús. Le pedimos a la Ruaj que nos acompañe y ponga en nosotras oídos acogedores, palabras esperanzadoras y abrazos amorosos.  Los gestos más sencillos, los más humanos son los que se agradecen porque pueden palpar que nos están solos/as.

He vuelto muy conmovida, hasta costarme expresar todo lo que he escuchado y he visto. Me admira la fuerza de esas personas queriendo retomar sus vidas. Me siento impotente de ver como el Estado Chileno no es capaz de responder a tanta necesidad, las fundaciones ya conocidas que siempre se ponen en estos casos, son insuficientes. Se necesita mucha ayuda de privados y un estado que arranque su burocracia y corrupción de raíz, porque todo lo que ha pasado en el ambiente político en chile ha repercutido en la lentitud e ineficacia de la reconstrucción. Se comprende que es lento y que tomara mucho tiempo. Pero debimos estar más preparados para una emergencia como esta. Ya se veía venir.

Son muchos factores los que posibilitaron esta tragedia y muchos otros lo que hacen muy demoroso el que estas familias, que son mucho más que los números entregados oficialmente, vuelvan a tener su hogar, sus vidas, que ya no serán las mismas, pero que aún tienen fuerza y esperanza.

Les comparto un nombre, para que la lleven a su oración: Maricruz, ella no se encontraba en su casa en el momento del incendio. Es una mujer joven que hacia recién un año había perdido a su esposo por un cáncer. Esta joven viuda perdió a sus dos hijos en el incendio en el sector del jardín Botánico. Ahí murieron su suegra, su cuñada y sus dos amores; la pequeña, de poco más de dos años y su hijo de seis años.  En ella están representados, todos los corazones destrozados por la pérdida más devastadora, la de los seres queridos. Y aun así, habiéndolo perdido todo, lo más preciado de su vida, ella sigue levantándose cada día y pide a Dios le devuelva la Esperanza. A ti que lees esto, te pido por ella una oración.

Hna Luisa Escobar Rodríguez cm     Chile

 

es_ESES
Compartir