Es cierto que me llevó en alas de águila (Éxodo 19: 4) todos estos últimos 33 años de mi vida como Carmelita Misionera e incluso antes de unirme a la Congregación. Todavía recuerdo, como si fuera ayer, mi primer contacto con una Carmelita Misionera en la persona de Hna. Marykutty Mathew y mi salida de casa. Recuerdo el viaje a Mumbai por primera vez en tren, a un lugar desconocido, entre gente desconocida y con poco conocimiento del idioma; todo sucedió en una semana como si tuviera prisa por llegar a mi destino. Fue el primero de mis muchos viajes confiando únicamente en el gran Amor de Aquel que me ha llamado. Me ha demostrado durante todos estos años que Su Amor y Fidelidad son para siempre y que siempre está a mi lado. Les dijo a sus amigos: “No temáis, porque yo estoy con vosotros” (Génesis 26:24 y Juan 14:27).

Siempre agradezco al Señor mi vocación al Carmelo y a todos y cada uno de mis formadoras por sus vidas entregadas un ejemplo para mí y por alimentar mi vocación con sus enseñanzas y acompañamiento para convertirme en Carmelita Misionera. También agradezco a las hermanas del Gobierno General por permitirme ser misionera en otros continentes y por las oportunidades de conocer los lugares Palautianos y Teresianos. Mis experiencias con las hermanas y gente de otros continentes ampliaron mi corazón hacia la universalidad y la interculturalidad sin perder mis propios valores y culturas.

¿Qué contribución especial he hecho como Misionera? Nada en absoluto, diría yo. Solo acompañé a nuestras hermanas en las tareas diarias de la comunidad. Durante los primeros años de mi estancia en Nigeria fui muy feliz y afortunada de compartir la vida con nuestras hermanas jóvenes en su formación inicial. El valor, la alegría, la franqueza y la sinceridad de las hermanas me enseñaron mucho para mi vida. Son inteligentes, libres y trabajadoras. La gente en general es sencilla, amable y generosa. Me inspiraron a ser libre y tener mucha confianza en mí misma. También somos muy afortunadas en Nigeria y en otros lugares de África de trabajar mano a mano con los padres Carmelitas Descalzos. Durante los últimos años de mi estancia en Nigeria trabajé en una escuela de informática y clínica. Cada día tenía la oportunidad de aprender algo nuevo. Amaba a las personas con las que vivía y trabajaba, pero soy consciente de que soy misionera y tengo que seguir adelante.

En la comunidad de Nairobi, Kenia, viví una vida de universalidad e interculturalidad en un sentido más amplio porque había muchas hermanas de diferentes lugares del mundo. Era una comunidad de jóvenes y un lugar para encontrar muchas otras congregaciones religiosas. Sí, fue una experiencia muy enriquecedora vivir con los demás. Me amplió la mente y el corazón.

La vida en la comunidad de Kapiri, Malawi, fue otra experiencia inolvidable. Conocimos a la gente que sufría en el Hospital todo el día y toda la noche. La gente sencilla de Malawi te inspira a vivir una vida sencilla y generosa porque tus hermanos y hermanas a tu alrededor están en necesidad. Tuve la oportunidad de estar en estrecho contacto con el personal del hospital y sus familias y compartir su vida sencilla. La vida en comunidad renovó nuestras fuerzas para comenzar cada día con nuevo entusiasmo.

En Colombia tuve la suerte de conocer a muchas de nuestras hermanas mayores que han pasado su vida en misiones. También tuve la oportunidad de experimentar la cercanía de la gente sencilla de los pueblos ya que trabajamos principalmente en el apostolado de la pastoral parroquial. Su enfoque sencillo, amoroso, abierto y generoso hace pensar en la Comunión principio de nuestro Carisma. Intentamos paliar el sufrimiento y la soledad de los ancianos brindándoles una mano amiga a través de los Proyectos. Fue una experiencia muy enriquecedora estar con ellos.

Hoy, cuando miro hacia atrás, solo puedo decir “GRACIAS” a todas y cada una de las hermanas que han sido y son parte de mi vida. Nadie me ha dejado sin aportar algo a mi crecimiento personal. Aunque no mencione a nadie por su nombre… hermana… estás ahí en mi corazón y en mis oraciones.

Gracias y que Dios les bendiga.

Jaseentha Paul.