Con gratitud y confianza de hijos celebramos hoy la fiesta de nuestra Madre, la Reina y Hermosura del Carmelo. Renovamos nuestra consagración a ella y pedimos la paz para nuestros pueblos.

Consagración a la Virgen del Carmen

Extiende tu escapulario, como manto de protección,
sobre las ciudades y los pueblos, sobre la cordillera y el mar,
sobre hombres y mujeres, jóvenes y niños,
ancianos y enfermos, huérfanos y afligidos,
sobre los hijos fieles y sobre las ovejas descarriadas.
Tú, que en cada hogar tienes un altar familiar,
que en cada corazón tienes un altar vivo,
acoge la plegaria de tu pueblo, que ahora, de nuevo se consagra a Ti.
Estrella de los mares y Faro de luz,
consuelo seguro para el pueblo peregrino,
guía nuestros pasos en su peregrinar terreno,
para que recorramos siempre senderos de paz y de concordia,
caminos de Evangelio, de progreso, de justicia y libertad.
Reconcilia a los hermanos en un abrazo fraterno;
que desaparezcan los odios y los rencores,
que se superen las divisiones y las barreras,
que se unan las rupturas y sanen las heridas.
Haz que Cristo sea nuestra Paz,
que su perdón renueve los corazones,
que su Palabra sea esperanza y fermento en la sociedad.

Amén.

(San Juan Pablo II en Chile 1987)

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