Nos acercamos a ustedes deseando que la experiencia de Cristo Resucitado llene de gozo nuestros corazones y el de los destinatarios de nuestra misión. Hoy queremos compartirles de manera sencilla y general lo que significó nuestra experiencia de misión en esta Semana Santa y la riqueza de compartir nuestra vida y misión con las personas de cada uno de los lugares donde fuimos enviadas.

Participamos en Tarqui (Huila) veredas Betania y el Líbano: Araceli Arangoitia, Roxana Fallas y Sandra Perrilla; Paicol, vereda el Carmen Delmis Hernández y la joven Luisa Escobar de Cota; Pasuncha, Laura Pulido y las jóvenes de pastoral vocacional; Leguazaque, Dioselina Hernández y Elizabeth
Ibáñez del CMS de Cota; Tausa, Sarah Farber y los jóvenes del grupo juvenil Centinelas del mañana, y en Cota (Cundinamarca), Cecilia Mora en la parroquia Principal.
Fuimos muy bien recibidas en hogares sencillos y acogedores, apoyadas por los párrocos y la colaboración de algunos líderes que nos ofrecieron lo su experiencia de amor y servicio en sus pequeñas comunidades.

En las personas de cada lugar y sus familias encontramos valores del Reino que nos desafían a vivir su Acogida, generosidad, sencillez, alegría, responsabilidad, fidelidad, prudencia, fe y religiosidad.
También encontramos algunos antivalores que son fuente de mucha oración y trabajo pastoral, entre ellas: críticas, infidelidades, falta de compromiso, envidia, egoísmo y drogadicción.
Vivimos y profundizamos el Triduo Pascual; con el gozo y la contemplación de la Palabra de Dios y la simbología propia de cada celebración.
Deseamos de todo corazón, que el Señor con su gracia les conceda un crecimiento profundo en la fe y un compromiso verdadero como cristianos.

Esta experiencia maravillosa nos desafía y confronta a:

  1. Orar por cada lugar de misión y por los Sacerdotes
  2. Promover la formación para líderes
  3. Acompañar a los jóvenes en su búsqueda vocacional
  4. Crecer en fidelidad al seguimiento de Jesucristo como Carmelitas Misioneras

Volvimos con el corazón lleno de experiencias, agradecimiento por el paso de Dios que sigue actuando en nuestras vidas e historia, por tanta generosidad y entrega desarrollada y por todo lo que estamos llamadas a seguir creciendo como Carmelitas Misioneras en SALIDA.