Siempre hay motivos para el agradecimiento, hoy nos toca acercarnos a la celebración de los 25 años de consagración religiosa de Hna Hidalia Aguilar, economa general de las Carmelitas Misioneras, natural de Costa Rica,. Las Carmelitas Misioneras junto a su familia se alegra con ella, por esta entrega generosa y respuesta suya a la fidelidad del Señor en estos años. Gracias Hidalia, que sigas siendo feliz y derrochando esa felicidad. Escuchamos tu experiencia………………….

Me consagré como Carmelita Misionera el 12 de diciembre de 1994, 25 años después  le   agradezco al Señor su fidelidad, me brota un GRACIAS a Dios por todo lo vivido, por las personas que él ha puesto en mi camino, por las bendiciones con las que me ha colmado.

            Si me miro a mí misma, debo decir al Señor, como San Pablo: en mi debilidad se manifiesta tu gracia, haz depositado en mi pobre vaso de barro un tesoro de valor incalculable.

Celebrar, agradecer y renovar la vocación como Carmelita Misionera es confirmar mi opción por este estilo de vida orante, fraterno y misionero y el compromiso de aportar lo mejor de mí para fortalecer estos valores, en servicio de la Congregación y de la Iglesia.

El sábado 7 de diciembre, las hermanas del Consejo General y la comunidad  “Francisco Palau” de la Casa General, me prepararon la celebración solemne de mis bodas de plata. La Eucaristía fue presidida por el P. Juan Miguel Henríquez, carmelita descalzo, superior del Colegio Internacional San Juan de la Cruz, en Roma, hermano y compañero en mi camino vocacional. En su homilía me invitaba, a sentir que la grandeza de mi vida y entrega me viene dada por el Señor, que ha permanecido fiel para conmigo durante estos 25 años y ha confiado en mí, regalándome su gracia, que es la que me ayuda a seguir cada día con ilusión mi vocación de Carmelita Misionera. Después de esta bella celebración, compartimos la mesa. Me acompañaron para esta ocasión tan especial, las hermanas de la comunidad “Mater Carmeli” de Roma, y Hna Zofia Wojnarowska, de la comunidad “San José” de Roma y vicaría provincial de Europa. Agradezco mucho a las hermanas el esmero y cuidado en todos los detalles que acompañaron a la celebración.

Así mismo agradezco a las hermanas de las demarcaciones que se hicieron presentes con sus felicitaciones, todas me han hecho sentir su cercanía y fraternidad.

Y no termina ahí la cosa, la fiesta continúa, y para colofón, tuve la dicha de participar el día 19 de diciembre, en plena novena de la natividad del Señor, de la Eucaristía, presidida por el Papa Francisco en la capilla de Santa Marta, me acompañó la hermana Lila Rosa Ramírez, superiora general. La eucaristía fue muy emotiva, no solo para mí que estaba viviendo esto como un gran regalo del Señor, sino por la frescura en las palabras, que todos sabemos, que derrocha el Papa.

Al finalizar la eucaristía tuvimos la oportunidad de saludar personalmente al Papa Francisco, la hna Lila le expreso el motivo por el que estábamos allí, y con la sencillez que caracteriza al Papa  me felicitó y animo a seguir fiel al Señor, que nunca falla.

En nombre de toda la Congregación le felicitamos por su cumpleaños y por sus bodas de oro sacerdotales recientemente celebradas.

Aquí dejo algunas de las palabras que nos dirigió en la homilía y que realmente invitan a la oración.

El desierto florecerá. El Papa Francisco usa esta imagen, remitiéndose al profeta Isaías, para recordarnos que Dios es capaz de cambiar todo, gratuitamente, porque este florecimiento parece imposible para el desierto hecho de arena seca. El Papa invita, por lo tanto, a custodiar esta gratuidad: el pecado es el deseo de redimirse a sí mismos.

Dios es capaz de cambiarlo todo

Su reflexión parte de la liturgia de hoy, en espera de la Navidad, que “nos pone frente a dos desiertos”, es decir, a dos mujeres estériles: Isabel y la madre de Sansón. En el Evangelio, la historia de Isabel hace pensar también en la historia de Abraham y Sara.  “La esterilidad es un desierto”, subraya el Papa, porque “una mujer estéril termina allí, sin descendencia”. Ambas, sin embargo, son “mujeres de fe” y se encomiendan al Señor:

Y el Señor hace florecer el desierto. Ambas mujeres conciben y dan a luz. “Padre, ¿es esto un milagro?” No, es más que un milagro: es la base, es el fundamento mismo de nuestra fe. Ambas conciben porque Dios es capaz de cambiar todo, incluso las leyes de la naturaleza; es capaz de dar paso a su Palabra. Los dones de Dios son gratuidad. Y esta vida de ambas mujeres es la expresión de la gratuidad de Dios.

Como estas dos mujeres del evangelio también yo quiero seguir viviendo sintiendo que todo en mi vida es gratuidad de Dios y con el salmista puedo decir ¡El Señor ha estado grande y estamos alegres!

                                      Muchas gracias

                           Hna. María  Hidalia Aguilar Guzmán