Con mucho cariño y con sentimientos de gratitud comparto la experiencia vivida recientemente en Manaus –Brasil donde estuve acompañando el Primer Encuentro de Equipos Itinerantes de América Latina y el Caribe. Fui invitada por el equipo organizador de Manaus en calidad de asesora desde el ETAP (Equipo de Teólogas/os de la CLAR). Junto a otras 3 personas, acompañamos el desarrollo del encuentro ayudando a dar sustento y fundamento bíblico, teológico, antropológico y ecológico a lo que allí estaba aconteciendo.  

Fuimos más de 60 participantes procedentes de 7 paises: laicos, religiosas/os, de diferentes congregaciones, laicas/os jóvenes de diferentes servicios e instituciones vinculadas con la itinerancia en territorios de la Amazonia. Ha sido el primer intento de articular y configurar una Red Itinerante de la REPAM – CLAR. Fueron diferentes realidades las que pude escuchar y contemplar al poner en común vivencias, procesos, inquietudes desde la diversidad de los ejes de triple frontera en los que estos equipos se mueven: Perú/Brasil/Bolivia; Ecuador/Perú/Islandia; Venezuela/Guiana/Oiapoque, etc.

Celebramos la conexión con la Madre Tierra, con los que nos preceden en la caminata de la vida y ya pasaron al “otro lado del rio” y en una oración a la vida a través de una danza celebramos los misterios de vida y de muerte, de comunión. La certeza de que el misterio se acoge, se cuida y se comparte, provocó en el grupo que surgieran con fuerza los nombres de quienes dieron su vida por el Reino, de quienes derramaron su vida por la vida en todo el continente: Hna Dorothy, Mons. Oscar Romero, Chico Mendes, Vicente Cañas, Hna Adelaida, Agustina Rivas, mártires de Pariacoto y muchos más.  

Desde el gran altar de la Madre Tierra, con los nombres que conocemos y no conocemos, fuimos invitados a arrodillarnos y conectarnos con la energía de la Madre Tierra, para recuperar la fuerza de la profecía, la ternura y la perseverancia ante las dificultades existentes.  En sintonía con la creación, recibimos como regalo parte de la calabaza que en nuestros pueblos originarios se usa para beber agua, bañarse y alimentarse, es lo que la Amazonia tiene para ofrecernos. Lleva la marca de la relación, pues refleja la dimensión de la interioridad y nuestra relación con nosotros mismos y con las personas.

 Con ella podemos dar, recibir y compartir fortaleza, ánimo, vida. Exterioridad, interioridad, profundidad y complementariedad, como dimensiones en las que estamos invitadas a seguir creciendo.

Posteriormente el encuentro se fue desarrollando desde la metodología de la Mirada Cuidadosa (ver escuchar la realidad), la Mirada Amorosa (iluminarla desde la Palabra, corazonar: sentipensar la realidad con la luz de la Palabra) y una Mirada Esperanzadora (de compromiso, perspectiva de la vida). Los equipos, en su misión itinerante “con un pie dentro y otro fuera” han pretendido escuchar, despertar, incentivar y apoyar a las personas, grupos y proyectos de iniciativa de los indígenas, ribereños y gente de las periferias urbanas en esos ejes. El único objetivo de la misión es: que los pobres y excluidos se conviertan en sujetos históricos de su propia liberación, se reconozcan como hijas e hijos predilectos de Dios que viven los valores evangélicos muchas veces aún sin saberlo.

Se sienten llamados a reproducir la forma de hacer misión de Jesús y las primeras comunidades cristianas desde la itinerancia, la inserción, la inter institucionalidad, la inter fronterinidad. Son conscientes de que deben caminar al ritmo de la canoa, del pueblo, de su lógica y proyectos, en la teoría y la práctica, con paciencia y creatividad que lleve a no dar soluciones prefabricadas, haciendo visitas periódicas, de modo gratuito, con una actitud de escucha, acogida y deseo de aprender que lleve a inserirse entre los pobres, excluidos y diferentes, a estar con quien nadie quiere estar, donde nadie quiere estar y como nadie quiere estar.  Experiencias de ese tipo me hacen pensar y replantear las formas diferentes de ser y estar en los lugares donde nos encontramos realizando la misión sea en el campo, en la ciudad, en las periferias, en un escritorio o en el monte.

Personalmente he compartido más la experiencia y el testimonio del Equipo Itinerante de Manaus, me resulta desafiante y al mismo tiempo despierta en mí y en quienes la conocen un sentimiento de admiración por la radicalidad que encierran.  Ellas/os viven como consigna: “anden por la Amazonia y escuchen lo que el pueblo habla, participen de la vida cotidiana del pueblo, observen y registren todo cuidadosamente, no se preocupen con los resultados, el Espíritu irá mostrando el camino. ¡Coraje! Comiencen por donde puedan…”(Claudio Peranni sj).  Ha asumido también como fuente de espiritualidad la confianza profunda en Dios: “acepta las sorpresas que transforman tus planos, derriban tus sueños, dan un rumbo totalmente distinto a tu día y, quién sabe, a tu vida. No hay por si acaso. Da libertad al Padre, para que Él mismo conduzca la trama de tus días” (Don Helder Cámara).

Agradezco al Señor por esta experiencia que ha enriquecido mi vida y vocación de Carmelita Misionera. Gracias a mi Provincia Santa Rosa de Lima, por permitirme ser parte de éste Kairós que vivimos ante los nuevos signos de novedad en el Continente de que “algo nuevo está surgiendo” para la Vida Consagrada y para la Iglesia.  En estos días en los que nos encontramos celebrando el sínodo de la Amazonia en Roma, cada Carmelita Misionera abra el corazón y el oído para escuchar a Dios en esta “hora” de la historia y de la Iglesia, especialmente de sus miembros sufrientes, como lo haría Francisco Palau. Dios que es Fuente de Vida, nos regale apertura para acoger esos nuevos caminos para la Iglesia, para la Vida Consagrada y para una ecología integral que está suscitando la Ruah desde las periferias de nuestros pueblos originarios y ancestrales con la única finalidad de buscar un mundo mejor donde pueda acontecer y se haga realidad lo que Jesús vino a traer: Vida y vida en abundancia para todos.        

 Rosario Purilla cm.