Hoy le toca el turno al Colegio “El Carmelo” de Granada. En este tiempo de pandemia hay  que aunar fuerzas y llevar a cabo las situaciones de emergencia con serenidad, estrategias y sin perder los nervios. Son muchas las situaciones que se viven en un colegio con tanto personal. Gracias a la implicación de toda la comunidad educativa y a la buena coordinación de la mano de Ricardo Salazar Valdivia, todas estas situaciones provocadas por el Covid-19 se van gestionando de la mejor manera. La Junta de Andalucia ha querido otorgar un reconocimiento a esta labor. Otorgando el Premio de “La bandera de Andalucía a los valores humanos, en representación de los docentes de la provincia. Presentamos el testimonio de primera mano. ¡¡Gracias a toda la comunidad educativa del Colegio “El Carmelo” de Granada por su implicación, en esta gran labor.

Bandera de Andalucía a los Valores Humanos

Todo comenzó con una llamada un viernes al salir de clase: “Buenas tardes, Ricardo. Encantada de saludarte, enhorabuena por la labor que haces y que hacen todos tus compañeros y compañeras. Te llamo para decirte que vas a recoger el premio de la Bandera de Andalucía a los Valores Humanos en representación de los docentes de la provincia…”. He de reconocer que mis respuestas eran un tanto escuetas porque no daba crédito a lo que sucedía y desconocía lo que suponía dicho premio. Tras consultarlo, esas palabras comenzaron a tener sentido. Los premios Banderas de Andalucía son reconocimientos por parte del Gobierno Autonómico que destacan la labor realizada por una persona o gremio en un ámbito determinado, en este caso, en los Valores Humanos.

Ciertamente, el reconocimiento a los docentes en este curso es merecido, pues desde el inicio del curso han sido muchas las preguntas y preocupaciones las que nos han acompañado: ¿Y si el virus hubiera afectado más a los colegios?, ¿Cuántos hemos sacrificado ver a nuestros familiares para protegerlos? ¿Quién no ha sentido preocupación por la incertidumbre que se nos planteaba ante esta nueva situación? A principios de septiembre no dudamos ni un instante en cumplir con nuestro deber en la sociedad: educar en salud, en prevención y en conciencia social por encima de todas las materias. En mi labor como coordinador COVID de nuestro colegio, era necesario concienciar a nuestro alumnado de su papel relevante en esta pandemia: “Si somos personas solidarias con los demás nos ponemos la mascarilla… piensa en lo que les puede pasar a tus seres queridos mayores o de riesgo…”.

No ha sido tarea fácil inculcar a nuestro alumnado conceptos contradictorios a nuestros valores: no compartas, mantened las distancias, trabaja de forma individual… Admirable por nuestro alumnado la labor que ha hecho, demasiado diría yo. Y resaltar la labor añadida al profesorado. Si en años pasados nuestro trabajo como docentes ya estaba repleto de clases, actividades, excursiones, reuniones etc., hemos tenido que Incorporar un protocolo COVID: comenzar antes para organizar la desinfección y toma de temperatura, sectorizar patios, adaptar la metodología a la nueva situación, activar los Ipad COVID para el alumnado confinado, doblar las guardias de patios para un mayor control de las medidas de distanciamiento, evitar los trabajos en grupo, acompañar el trabajo del alumnado confinado, impartir clases con las ventanas abiertas en invierno y un largo etc. Esto podría significar una piedra más en nuestra labor, sin embargo, lo hemos convertido en parte de nuestro muro de fortaleza y demostrando, una vez más, que nos adaptamos a las dificultades que vengan, sean como sean.

Como coordinador COVID la parte más complicada eran las llamadas de aquellas personas que más les estaba afectando esta situación: “…Ricardo, puede que sea positivo, tengo miedo por mis padres…” Me comentaban entre lágrimas: “…No sé qué voy a hacer si tengo COVID, no me puedo permitir faltar a trabajar…”. No es fácil elegir las palabras que más puedan ayudar en esos momentos ni tampoco mantener la calma y la objetividad para dar las directrices adecuadas, no es fácil desconectar de esta situación aunque estés fuera del ámbito laboral.

Seguramente sea el espíritu carmelita el que nos da fuerza en esos momentos para intentar transmitir cierta seguridad a familias, compañeros y compañeras, alumnado, para dar ánimo, cariño… en definitiva humanidad.

Por todas estas razones creo que tiene sentido que le den este merecido reconocimiento a todo el profesorado y tiene razón de ser que sean partícipes todo el alumnado, familias, AMPA, Hermanas y toda la comunidad educativa. Y es de justicia daros las gracias a todos y todas los que habéis colaborado para que los centros educativos sean lugares seguros.

Ricardo Salazar Valdivia

Docente del Colegio “El Carmelo”