“De la Maximum illud a la Evangelii gaudium, sobre la urgencia de la transformación misionera de la Iglesia”

congreso internacional, organizado por la Pontificia Universidad Urbaniana, que reunió en Roma del 27 al 29 de noviembre a teólogos, responsables de la animación misionera y expertos de los cinco continentes.

Promovido por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, este Congreso pretende poner en acto la celebración del centenario de la Carta Apostólica Maximum Illud de Benedicto XV (30 de noviembre de 1919), que representa una demostración formidable de la conciencia de toda la Iglesia de su deber “de recalificar evangélicamente” su misión en el mundo.

Se ha contado con la presencia de directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias en países tan distantes como Austria, Uganda o Filipinas y teólogos llegados de las facultades de Teología del Norte de España, del Catholic Research Centre de Kuala Lumpur, Malasia, o de la Pontificia Universidad Lateranense.

Han participado en el Congreso las hermanas Loida R. Tortogo, Maria J. D’Souza y Raquel Díaz.

En el Congreso se han expuesto reflexiones sobre la urgencia de avanzar en el camino de transformación misionera de la Iglesia en un mundo globalizado.  Ha habido comunicaciones sobre los desafíos y las esperanzas de la misión evangelizadora en determinadas zonas de Europa y Canadá, África, Asia-Oceanía. La Universidad Urbaniana está comprometida con la formación de los candidatos al sacerdocio a través de los institutos afiliados principalmente en África y Asia.

En Europa, y se podría decir también de Canadá, son pocas las pequeñas comunidades o grupos que muestran en sus ambientes un estilo de vida realmente cristiano. Muchos de sus vecinos son indiferentes al hecho religioso, o incluso rechazan la tradición cristiana; otros son desconocedores por completo de Cristo por provenir de a otras tradiciones religiosas. Esto desafía a la Iglesia para ser misionera inter-gentes y ad gentes en el propio territorio.  

La Iglesia africana es joven y allí donde está bien establecida, también el clero está bien formado. El continente lucha con la fuerza de su juventud, por renacer entre la efervescencia y la gran pluralidad religiosa y con el deseo de retornar a sus raíces. Si muchos son los motivos de esperanza, no son menores los desafíos para encontrar su papel y desarrollar su dimensión misionera.  

Asia, el continente cuna de las grandes tradiciones religiosas, está llamado a renovar su conciencia misionera en el diálogo con las culturas, con las religiones y con los pobres, a veces en contextos de rechazo o persecución a los cristianos. Varios movimientos eclesiales mostraron la idoneidad de los laicos para la evangelización en el ámbito de la familia y a través del acompañamiento a los jóvenes que emigran por estudios o en búsqueda de empleo.

Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad.” (Evangelii Gaudium, 27)