Al otear el horizonte, Francisco Palau, percibe la necesidad de consultar con Dios sobre su misión, en un próximo futuro. De retirarse a reflexionar. La situación lo requiere. ¿A qué situación aludo? El obispo Costa y Borrás le propone un paquete de posibles prestaciones apostólicas. Él ha de discernir y priorizar. Por otro lado, un puñado de sus carmelitas se han establecido en la diócesis de Lérida. Solicitan proyectos para desplegarse en el plano vocacional: contenidos, organización, tipos de misión. Del fundador reclaman consejo, acompañamiento. Tales grupos prolongan los nacidos en Francia, años ha. Al amparo del santuario de N.D. de Livron. Sí, sí.

Juana Gratias, joven francesa, se ha trasladado a Lérida. Discípula predilecta de Francisco Palau, ha sido enviada por él. Allí, ha conectado con otras jóvenes. Ahora, en la situación concreta de la Iglesia y del pueblo trata de vivir, compartir y contagiar su propia vocación. La de su comunidad, también. Servir desde ella. Juana, con otras Hermanas, reside en la ciudad. Y hace de enlace con el P. Palau. Otro grupo se halla en Aitona: cuna del fundador. Localidad donde se encuentra su familia. Desde ambos lugares se trasladan a núcleos urbanos próximos. Allí, ofrecen evangelio y carisma con sencillez y valentía. Pues la cúpula del poder combate misiones semejantes.

Sobre todo ello, a Palau, le urge, consultar a Dios, reflexionar, programar. Se retira al Montsant. Territorio montañoso. Forma parte de la cordillera litoral catalana. Se halla delimitado por un semicírculo de montañas. En torno a un cerrado valle. Sobre el plano, configura un diseño singular: semejante a una pila. La montaña abunda en cuevas, altamente cotizadas por el P. Francisco. De sus entrañas brota, a raudales, agua trasparente. En la provincia de Tarragona se halla enclavada.

Permanece sumergido en profunda soledad, regalada y forjada, allí. Desde donde escribe a su hija y excelente colaboradora. Comparte, con ella, la experiencia vivida. Desde lo mejor de sí mismo. Describe el lugar, con todo lujo de detalles: geográficos, humanos, espirituales. Cuenta -el Montsant- con zonas pintorescas: ermitas, bosques siempre verdes, espantosos despeñaderos. Hasta dispone de porciones cultivadas. A Palau le atrae la ermita de San Bartolomé. Se encuentra en posición privilegiada para contemplar el panorama. Punto estratégico desde donde se vislumbran insólitos horizontes.

Hace senderismo, hasta escalar las cumbres más elevadas. Horriblemente solitaria es la montaña -afirma-. El ermitaño del paraje le provee de alimentos. Muy frugales: pan y algún tipo de verduras. ¡Poco más!

En la carta, escrita desde allí, comenta la situación espiritual de su dirigida: es mejor que no se sacie, ahora, de soledad. ¿Razón? Su espíritu es débil. ¡Buen pedagogo! Le aconseja descentrarse de sí misma. Ceder ese espacio a quien le corresponde: al Señor. ¡Excelente espiritual! Orar, con frecuencia, por las necesidades del pueblo de Dios. De modo breve. Valiosas sugerencias de un destacado hombre de Iglesia. Observación de sumo interés: Cuidar del bien ajeno es sinónimo de cuidar de Dios. Cima del seguimiento evangélico. ¡Buen hijo de Santa Teresa, este hombre! Orienta a su dirigida en el camino emprendido: ocuparse, enteramente, en la salvación de los demás. Es, al mismo tiempo, la mejor forma de ordenar todo lo propio: fuerzas, tiempo, valores. La vida entera. Y profetiza: para que los valores se autentiquen, adquieran brillantez y, un día, sean joyas que embellezcan el templo de Dios, requieren la mano de numerosos artífices. Las pulirán a golpes y fuego. ¡Nada menos! Dada la dificultad que el proceso comporta, tales piedras resultan raras. No obstante, aunque pocas son de gran valor. Sin duda, hay muchas falsas. Para discernirlas se requiere reflexión, honda comunicación con Dios, tiempo y experiencia. Y le exhorta: Ocúpate, con todas tus fuerzas, en comerciar con esas piedras preciosas. Una referencia permanente: La plenitud del camino se halla en el amor: A Dios y a nuestros prójimos. En la oración interésate por el bien de todos ellos. Realízalo, luego.

En tres grandes misterios le sugiere zambullirse: encarnación, redención y cruz. Es el mejor sendero para avivar la luz interior. Jesús, el gran modelo de oración. Imítalo. Y le envía la hoja de ruta: las reglas. Las ha redactado durante esta temporada de honda comunión con Dios, de auténtica y profunda reflexión. Envuelto por la más intensa soledad. Por algo es el proyecto que anhela para sus hijas. Al redactarlas ha considerado, también, la situación de cada una de ellas.

Luego, las copiará Rosa: su sobrina. El original se encuentra desaparecido -anota el P. Carmelo en la 1ª edición de las cartas-. Se equivocó. Aparecerá, en el archivo catedralicio de Lérida, -año 1985. Magnífico hallazgo: Las doncellas pobres. Sus reglas y constituciones. Título nacido del sueño palautiano para su familia.

Seguro que ha permanecido, horas y horas a la escucha del querer de Dios. Pero la espera se ha visto bendecida por la fecundidad del espíritu. Palau ha realizado lo propuesto. Con total dedicación y eficacia. Con Dios de fondo vislumbra el futuro. Intuido con el corazón y descubierto, en lontananza, con amplitud de miras. Auténtico atisbo profético.

Hasta aquí, la instantánea de su preludio misionero. Ha intensificado la escucha y completado aspectos de su existencia y misión. Inacabados, hasta ahora. Ha cimentado y pergeñado el mañana. Tanto a nivel de proyectos como de disposición interior. Todo un record de responsabilidad y coherencia.

 

Barcelona: nuevo escenario

Antes de recalar en la ciudad condal, Francisco Palau viaja a Aitona y a Lérida. Persigue doble objetivo: visitar a la familia y a sus carmelitas. Unos y otras -por motivos diferentes- le aguardan con solicitud. De paso comprueba, por enésima vez, la hostilidad que le muestra Úriz, el  obispo de Lérida.

Concluido el encuentro se dirige a Barcelona. Allí se pone, incondicionalmente, a disposición del prelado de la diócesis: Domingo Costa y Borrás.

El principado de Cataluña, y en particular Barcelona, atraviesa, por estas fechas, una situación socio-religiosa conflictiva. ¿Motivo?. Llegan, con retraso, filosofías e ideas revolucionarias y antirreligiosas. Proceden de toda Europa pero se difunden desde Francia. Allí, las ha acuñado, con sello propio, la última revolución. Se propagan a través de diferentes medios: adoctrinamiento, mítines, prensa -de tendencias liberales, exaltadas, fanáticas, marxistas-. Recursos, todos ellos, con marcado acento anticlerical. La proximidad  a la frontera comporta estos inconvenientes.

Además, Barcelona, en este momento es, por antonomasia, el emporio industrial de todo el país. Arranque de la civilización fabril. Por tanto, cuenta con el mayor índice de población obrera. Cuantiosa y sumamente activa, constituye la mayor parte de la metrópoli. Ahora, con graves problemas, referidos a la clase empresarial. Quienes al privilegiar el futuro de sus sociedades postergan al proletariado. La querella sube de grados, con rapidez. Amenaza con desorden y hasta con una importante fractura social. En la misma proporción de litigio contra sus directivos, la clase trabajadora se aleja de la Iglesia. De la práctica religiosa, por supuesto. El talante revolucionario se propaga por las fábricas. Lo alimenta la prensa partidista. ¡Claro!. Utilizan panfletos y todo tipo de publicaciones. Desde donde difunden doctrinas y conductas demoledoras para los principios religiosos.¡ Es su objetivo!.

A ésta difícil coyuntura se añade el factor político. Las continuas luchas entre facciones rivales: radicales y conservadores. Tan añejas como sangrientas. Tales combates -como los anteriores- ensañaron los ánimos y crearon ambiente desfavorable al colectivo creyente. Plataforma singular donde se despliega y recrudece tal conflicto son las altas esferas del poder: autoridades civiles y militares. Unas y otras consideran al clero,  conservador hasta el extremo. Sin extender los planteamientos un poco más allá. Huérfano de futuro. Contrario, por tanto, a toda renovación y progreso. Convicción peligrosa para la buena convivencia. Por otro lado, el proletariado asocia la Iglesia a los poderosos. La perciben distante de sus intereses y reconocimiento, como clase social. ¿Conclusión?: No cuenta, la corporación eclesial, con bazas importantes en este peligroso juego.

Acertó, esta vez, la diplomacia vaticana. Sí, acertó en la designación de Costa y Borrás como obispo de Barcelona. Prelado digno y ejemplar, donde los haya. Uno de los más prestigiosos entre la jerarquía eclesiástica de la época. Inicia su pontificado, al frente de la diócesis, poco antes de instalarse en ella el P. Fundador. ¿Cuál es la prioridad de su planificación pastoral?.La atención religiosa a la gran masa humana. Masa predominantemente, obrera -insisto-.

Su misión, ya difícil en sí, tropieza, desde el comienzo, con la oposición sistemática de numerosos colectivos. A través de sus órganos de difusión -la prensa en particular- atacan los principios creyentes y sociales.

La campaña atea se halla orquestada por el diario La actualidad y las publicaciones de la biblioteca del hombre libre. Ambas con sede en la Ciudad Condal. En sintonía con ellas, El Clamor Público lo hace desde Madrid.

Ante el panorama de manipulado laicismo, el prelado se propone un amplio despliegue de medios. Acaricia un gran proyecto: dar nueva forma a la misión eclesial. Así acomete, de frente, los errores propagados por la secularización. Redacta una serie de cartas pastorales. Densas en  doctrina y valientes, si nos atenemos a la forma. Dirigidas, tanto al clero como al pueblo. A todos, sin excepción, quiere llegar.

Se sirve de dispositivos y medios análogos a los utilizados por la oposición. Anuncio y enseñanza de la palabra de Dios: proclamada y escrita. Buena prensa, misiones populares, pastorales, etc.

En la doble vertiente de evangelización -predicación y buena prensa- el prelado cuenta con un incomparable colaborador: Francisco Palau. Porque lo intuye, le confía prestaciones relevantes. Y porque es todo disponibilidad  lo asume nuestro protagonista.

 

Palau, engendra un insigne proyecto(I)

De sus constataciones por la periferia de la ciudad condal y de sus consideraciones en torno a ellas, Palau hace sabedor al Obispo. ¡Evidente!. Él es el pastor. Por lo cual quien ha de implicarse en la solución de este ingente problema. El obispo lo escucha con tanto interés como preocupación. Ambos reflexionan sobre la devaluada situación humana de quienes habitan el dilatado cinturón. Ambos saben que los problemas de este proletariado textil no se resuelven sólo desde la dimensión humana: trabajo, debidamente remunerado, contar con suficiente salud para afrontarlo, para atender a los espacios personales y de familia. No. Creen que, si ponen el acento sólo en estas carencias, la pobreza continuará haciendo de sudario al colectivo. Y ambos coinciden en la necesidad de proporcionarlos formación para afrontar tanta contrariedad como les acecha. Sí. Pues se encuentran hostigados no sólo por las condiciones laborales. Sino por las diversas filosofías en boga. Incapaces, ellas, de convencerlos. Tampoco de mejorar la urgencia de un vivir más digno.

Este discriminado colectivo ha de ser capaz de optar, por su propia cuenta, en todas las situaciones de la existencia: fundamentales y ordinarias. Obispo y carmelita coinciden en que la Iglesia se ha de implicar en tales proyectos. Y hasta cierto punto liderarlos. De todos modos, en este momento, no lo ven con meridiana claridad. Por lo cual ambos se comprometen a reflexionar sobre cuestión tan primordial como espinosa.

Después de muchas cavilaciones llegan a una conclusión: no pueden quedarse en inmediateces. Claro que son necesarias, pero insuficientes. La ayuda de la Iglesia no puede consistir, prioritariamente, en proteger a los excluidos hasta el punto de resolver sus penurias. Y menos en suplantarlos. El proyecto se ha de desplegar en lontananza. Trazarlo a largo plazo. Deben dotarlos, de manera que sean ellos quienes se responsabilicen en mejorar sus condiciones de vida. En alumbrar el futuro que desean y merecen. ¡Van por buen camino!.

¿Y si organizaran una formación básica: sistemática y continuada? -se preguntan-. Así, sustentarían sobre base estable el proceso de crecimiento humano-espiritual de los implicados. Así, frenarían la influencia laicista tan manifiesta en la malformación de sus conciencias. Y en consecuencia mejoraría el entorno ciudadano. Palau está de acuerdo. Y se ofrece a elaborar el plan. ¡Excelente colaborador!. Tal propuesta se identifica con el sueño que invade sus mejores dimensiones. Sueño nacido, tanto de su entusiasmo apostólico como del realismo que se le mete en el alma.

Obispo y fraile ansían establecer esta adecuada formación catequética para laicos adultos: los inmersos en la revolución industrial. Con lo cual quieren despertar y actualizar su adormecida fe. Educarlos de manera integral.

Situado en esta disyuntiva a Palau se le multiplican los sueños. Sueña con un laicado coherente y responsable. Generador de respuestas a todo el que les pida razón de su esperanza. Y por supuesto al entorno laicista. Lo harán con la vida y la palabra. Serán miembros de la Iglesia: responsables y relevantes. Testigos y valedores de su vida y doctrina. Capaces de suministrarle consistencia, credibilidad y porvenir. Sueño en contraste con aquel escenario eclesial. Menguado por la decadente responsabilidad de numerosos feligreses. Acosados, ellos, también, por la influencia de las comunes e invasoras filosofías.

Dilata, Palau, el tiempo disponible, y lo dedica a diseñar el proyecto. Con toda diligencia y detalle. Como él sabe hacerlo.

A sus hijas dirige un ruego apremiante: orar por él de forma especial. Con la empresa que tiene, entre manos, no quiere tener un mal resultado. Menos un fracaso. No porque ansíe su propio triunfo, no. Nunca lo ha buscado. Sino porque cree ser éste el camino correcto para poner las bases de una Iglesia nueva, desde su concreto sector. De hecho, así ha nacido todo lo trascendental. Y hacia ésa específica dirección se dirige. Consciente de que en el empeño se juegan la piel. Acierta en lo uno y en lo otro.

 

Palau engendra un insigne proyecto (II)

Las pastorales del prelado caldean el ambiente. Rezuman doctrina evangélica, humanismo. Talante apostólico, por supuesto. Palau las lee, medita y trata de asimilarlas. Se abre, de par en par, a las luces que de ellas proceden. Tiene en cuenta e incorpora, a sí mismo, las sugerencias del entorno. Y le llegan. Acoge, entre otras, las del párroco de S. Agustín. Le considera hombre sensato y acertado. ¿Por qué?. Porque acumula cuantiosas primaveras. Le ayuda a diseñar el proyecto: contenido, metodología y organización de las conferencias – catequesis. Elaboran el cuerpo de doctrina. Le dan forma adecuada. Cuidan la continuidad y posición de las diferentes materias. Se interesan por el material didáctico, procedimientos concretos. Calculan pros, contras y riesgos. A tener muy en cuenta la situación personal y laboral de cada alumno.

A ello dedica, el P. Francisco, lo mejor de sí mismo: energías, reflexiones, deseos. De la conjunción de tales factores, surge el trazado. Sustentado por una singular terna: preparación concienzuda, trabajo arduo y suprema osadía. Arropado, todo ello, por su sólida confianza en Dios.

Pronto, muy pronto constataremos la clarividencia interior de este hombre de Iglesia. Lo demuestra desde el kilómetro cero del diseño. Clarividencia expresada en el acierto al trazar objetivo y contenidos. Adecuados -uno y otros- a las urgencias y personas de aquel momento.

¡Catequesis para adultos!. Uno de los mejores sueños de Palau. Programa de la Escuela.

Los alumnos, constituidos en asamblea, acogerán, estudiarán y asimilarán verdades fundamentales de la Iglesia. Realizarán los deberes que los organizadores soliciten. Ellos pretenden que los cristianos, de a pie, consigan una cultura religiosa, acomodada a las circunstancias de tiempo y lugar. Y Palau se propone exponerla con calidad, sí, sí. Doctrina profunda, sólida, bien estructurada. Aplicable a cualquier situación de la existencia. Sostenida en la mejor ortodoxia de la teología eclesial, ¡Evidente!. Comprensible y cercana, al mismo tiempo. Al alcance de todos.

Catequesis que fundamentará la fe de los discípulos -insiste incansable-. Palau lleva el objetivo tatuado en el alma: formar a los cristianos metidos y desorientados en aquel complicado escenario laboral.

Penetra, este hombre el hoy, con su atenta y perspicaz intuición. Así, se le acerca el mañana, repleto de realismo y promesas. Por lo cual -sin pretenderlo- se erige en vigía del futuro.

En la parroquia de S. Agustín erigirán la sede. Transformarán sus estancias en Instituto de formación filosófico-teológica. Sí. De hecho, el trazado, discurre, a caballo, entre cultura y fe. Lo más apropiado para promocionar a esa clase concreta de oyentes.

Por su parte, como no podía ser de otro modo, el P. Francisco se abre, de par en par, a todo tipo de colaboración. Solicita ayuda a diferentes colectivos.

Como desde el inicio cuentan con ofertas de alto nivel, designan a ilustres sacerdotes como profesores. Excelentes profesionales. Ellos transmitirán lo mejor del evangelio y de la doctrina eclesial. Cuentan, así mismo, con la colaboración de asociaciones religiosas: colegios, parroquias, cofradías, etc.

La Escuela se enrola, desde sus inicios, en la pastoral diocesana. Como obra misionera y catequética.

Estudiado el proyecto y esbozadas las líneas generales de actuación, Palau, presenta al obispo el resultado de tanta reflexión y discernimiento. Al prelado no sólo le parece correcto sino que, encarecidamente, lo valora y apoya. Pronto se encariña y lo hace suyo. Costa y Borrás, el gran obispo, será, siempre, el presidente de la recién pergeñada Escuela de la Virtud. Francisco Palau su representante e incondicional mantenedor. Padre al engendrarla. Madre en su despliegue: excelente tutor y paradigma.

 

La Escuela de la Virtud inicia su andadura

El P. Palau, ha diseñado nuevo proyecto de enseñanza del Evangelio. Más conforme a las necesidades  de la Iglesia y de la sociedad, en ese  momento. Lo llamará Escuela. Escuela donde se enseñe y se practique la virtud.

Obtenida la aprobación del obispo, se inaugura (noviembre 1851). Nace y funciona en la parroquia de S. Agustín. Palau se encarga de divulgarla en diversos ambientes. ¿Cómo?. Con invitaciones distribuidas, personalmente. o a domicilio. Desde el comienzo obtiene favorable acogida en la prensa católica. Son numerosos los artículos referentes a ella y publicados, tanto en el Áncora, como en el Diario de Barcelona. También él escribe, semanalmente, sobre la Escuela. Se conoce su existencia y recorrido tanto en la Ciudad Condal como en Madrid. Para eso están los corresponsales.

Con el tiempo, el proyecto mejorará ¿Motivo?. El itinerario realizado y las consiguientes adaptaciones. Quiere dar continuidad periódica y estable al mensaje evangélico. Hacerlo de manera que los alumnos alcancen una cultura religiosa, acomodada a las circunstancias de tiempo y lugar. Sin olvidar el momento y condiciones de cada uno.

Se inicia, con la organización imprescindible. Concretada en cursos de un año de duración, repartidos en 52 sesiones. Corresponden a las 52 semanas que configuran el ciclo litúrgico. Tiene lugar, los domingos a la tarde. Tras corta experiencia, la duración pasa de 1 a 2 horas. Tiempo que, en ocasiones, se prolonga. Concebida como obra misionera y catequética, al servicio de la pastoral diocesana, el P. Francisco intuye la necesidad de colaboración e integración de los diversos sectores del pueblo de Dios. ¡Muy acertado, este hombre!. Organiza una junta directiva formada por cuatro sacerdotes. Todos ellos con flamantes títulos en su haber. Cuatro laicos. Más un secretario. Palau, el director. Aunque el cometido corresponde al obispo: Presidente de la institución.

La Escuela nace sujeta a revisión y adaptación anual. Aparte de la información proporcionada por nuestro carmelita, los diarios católicos, dan cuenta del despliegue de actividades. Durante el primer curso la formación, se inicia, con la invocación al Espíritu. Un coro de niños recita la lección correspondiente del Catecismo de la Escuela. Impreso, en forma de diálogo, lo correspondiente a la próxima sesión se distribuye en la precedente. El director explica la doctrina. Lo hace en forma de animado diálogo con los asistentes. ¡Inmejorable pedagogía!. Oran, con los salmos 83 y 116. Se pronuncia un discurso moral, análogo a las cuestiones presentadas. Tras un acto, explícito, para aceptar la virtud estudiada, se disuelve la asamblea.

Nuevas mejoras, se introducen a lo largo del 2º curso. En el 3º se especifican más (Tal prolongación  no pudo concluirse). La enseñanza se divide en dos partes. Desarrollada la 1ª y tras la oración sálmica se explica un tema de palpitante actualidad. Relacionado con los errores del ateísmo, racionalismo, agnosticismo, socialismo y comunismo. Consiste en la proposición de la tesis (a cargo del director), debate y diálogo, de acuerdo al siguiente guión: pruebas por parte de la Iglesia, sistemas opuestos y argumento, reflexión y solución, conclusión y práctica de fe. Como broche final de curso, se celebran los exámenes generales.

En relación a las dos secciones, Palau elabora doble programa. Compendio de la doctrina de Sto. Tomás, en torno a las virtudes teologales y morales. Con ello compone el texto de la 1ª sección: elCatecismo de las Virtudes (impreso en 1852). Nuevo exponente, de la capacidad de trabajo, organización y pedagogía de nuestro protagonista. Dos catecismos utilizan los alumnos: el de la doctrina cristiana (desconocido por ellos, con anterioridad) y el de la Escuela. Ambos les instruyen y guían hasta la plenitud cristiana. En el de las Virtudes, introduce una tesis muy querida para él: la Iglesia de Dios. En plena consonancia con su experiencia espiritual. Tardará años en conformarla. Sin embargo, llegará a ser núcleo de su carisma. Para la 2ª sección, de carácter, más doctrinal redacta 52 proposiciones, con las que piensa elaborar un 2º catecismo.

La categoría organizadora de Palau, podemos compararla  a la secuencia formativa, actual, llevada a cabo en los mejores Institutos Superiores, de Ciencias religiosas. ¡No desmerece en nada!.

Fue, en su tiempo, La Escuela de la Virtud, iniciativa original y única en la Iglesia de  Barcelona. El éxito se debe, sin duda, al carácter gratuito de la enseñanza, al ejemplo de vida evangélica de su director, así como a la implicación de movimientos y asociaciones decididos a incrementar la vida cristiana. Halla amplia acogida en el clero. Quien presta su apoyo entusiasta a iniciativas y actuaciones. Palau ha intuido  la necesidad de aunar fuerzas. Con lo cual consigue, al mismo tiempo, hermanar la formación doctrinal con las mejores formas de piedad cristiana. Los frutos no se hacen esperar. Grupos numerosos acuden, cada domingo, a la parroquia de S. Agustín. Mencionan a 300 personas; 300 jóvenes y hasta 2000 alumnos, pertenecientes a toda clase, edad y condición social. El auditorio es de los más concurridos en la ciudad. Un gentío inmenso, ocupa el templo. Pero parece que, entre los jóvenes, es donde tuvo mayor aceptación, a juzgar por los repetidos avisos de laActualidad a la autoridad civil: ….No permitan que se  extravíe, fatalmente, a la juventud.. En el mismo sentido se expresa el Clamor Público de Madrid. La insistencia de la prensa, contribuye, sin pretenderlo, a publicitar el centro. ¡Clamoroso éxito!. Pronto provocará suspicacias y recelos en el estamento oficial.

Tampoco tardaremos en asistir al brutal cese de actividades y clausura de la Escuela, realizados por las autoridades civil y militar. Y con la clausura, el destierro de dos inocentes, difamados y perseguidos: Francisco Palau y su obispo,  Costa y Borrás.

 

La Escuela de la Virtud (difamada y suprimida)

Durante dos largos años de intensa y fructuosa actividad, la EV superó no pocas dificultades. Su director hubo de soportar una calumniosa campaña, directamente, encaminada a desprestigiar su persona y obra. Casi, desde el comienzo, la orquesta la prensa atea. Los principales rotativos son La Actualidad, El diario de la Tarde -Barcelona- y El clamor público en Madrid. Alarma, al gobierno, tanto el éxito de la Escuela, como el resurgir cristiano de jóvenes y adultos. Incitado por las publicaciones anticlericales, el ejecutivo imagina estrechos vínculos entre renovación cristiana y tentativas carlistas.

En tal escenario ocurre un desagradable suceso. Durante una representación folklórica, en el teatro del Liceo, un perturbado mental protesta a gritos. ¿Motivo?. La proyección de espectáculos en plena cuaresma, cosa inusual, entonces. La Actualidad divulga, con extremada rapidez, la afiliación del obrero: la EV. El P. Palau planta cara a la dificultad. Manifiesta, a través del Áncora, -diario católico- la falsedad de tal noticia. Por su parte, El Clamor Público divulga artículos tendenciosos contra la EV. Es uno de sus objetivos prioritarios. En ellos cuenta a la Escuela, entre los colectivos hostiles a la libertad y a la monarquía. Palau remite un extenso artículo, a la Actualidad, y solicita su publicación. El diario hace caso omiso. En otras ocasiones dedica, entera, la 1ª página del rotativo a combatir la Escuela  y a su director. Desde el Áncora, -diario católico- nuestro protagonista, invita a los detractores a concretar sus acusaciones. Recibe la callada por respuesta. El redactor Nin urge, insolente, la supresión de la Escuela (1). Francisco responde, habitualmente, con el silencio. Silencio que sus adversarios interpretan como asentimiento a tales acusaciones.  Se burlan de él. Le  humillan  hasta la saciedad.

Ante tal coyuntura de tensión, el corregidor procura vigilancia a la Escuela. La aversión del gobierno hacia las agrupaciones  religiosas, se manifiesta en injustificable control y en continuas medidas restrictivas.

Además, una peligrosa secta perturba el orden de la EV. Al entrar en la sesión, los asistentes reciben insultos. Continúa, el director, sus reseñas de prensa, sin la menor alusión a las numerosas contrariedades. Es el obispo quien toma la responsabilidad de defender, tanto a la Iglesia, como a la Escuela. Lo hace a través de una significativa carta pastoral (abril,1852). Sugiere, a la prensa sectaria la conveniencia de publicar alguna nota de desagravio. ¡Qué menos!. Pues los ejércitos gigantes,  tan publicados, por ellos, sólo existen en las páginas de sus diarios.

Ellos, rechazan la pastoral y las aludidas publicaciones. No retiran sus acusaciones contra la Escuela e insisten en llamar la atención de las autoridades. Numerosas personas acuden a las redacciones en defensa del P. Palau. Todo en vano. Es más, la situación empeora. Ante tanta calumnia y desprestigio, él permanece en silencio. Pero es fiel a su ministerio de catequesis dominical. La Actualidad  solicita la abolición de la Escuela. Como respuesta, el obispo activa su defensa ante los ministerios de gracia y  justicia -Madrid-. Con antelación,  lo notifica al Nuncio.

Desde 1853, el programa de la Escuela, se amplía.  Mejoran contenidos y método.

Otro evento, imprevisto, coincide con tal despliegue. Y lo entorpece. En marzo se inicia, en Barcelona, la Huelga General, que paraliza a la población fabril. Se enfrenta, el colectivo, a las autoridades civiles y militares. De forma pacífica pero inflexible. Ocupan calles y plazas de la ciudad. Mientras, las puertas de comercios, talleres y fábricas se llenan de letreros: ¡Pan!. ¡Más salario!. ¡Menos horas de trabajo!. Ante sus inquietantes demandas, las fuerzas del orden actúan con extremada violencia. No obstante, ellos, mantienen firmes sus reivindicaciones. Trastorno,  preludio de  revolución. Estalla a los pocos meses.

Pronto cuelgan el sanbenito a la Escuela. Es ella, quien ha despertado tales derechos y quien ha respaldado la huelga. Las acusaciones son infundadas y falsas. Nadie las cree. La Escuela es, sumamente, valorada por el pueblo.

El mismo general, en su informe al gobierno, cambia el argumento. Ya, no acusa a la Escuela del conflicto industrial. Un movimiento de carácter carlista es el verdadero origen -anota-. Ni siquiera en las actas de la comisión empresarios – obreros se menciona a la Escuela. Tampoco a su fundador.

No obstante, la lucha, a veces sórdida, otras abierta, culmina con la clausura del centro. Aunque el obispo escribe una carta con el fin de apaciguar los ánimos, el general, La Rocha, decreta la total supresión de la EV. Ocurre a los  pocos días.

Dos vertientes tiene la defensa de la Escuela: esclarecer lo infundado de las acusaciones y pedir explicaciones por el despótico proceder de las autoridades. Ejercen, la defensa, el P. Palau, por un lado, y por otro, el obispo.

Se precipitan los acontecimientos. Nuestro protagonista se entrevista con las autoridades. Da y pide aclaraciones, protesta, solicita olvidar errores y reiniciar nuevo capítulo de historia. Todos se niegan. Entre ellos el alcalde. Quien  remite el documento al capitán. En él añade comentarios para agravar la situación. Unos y otros tergiversan los hechos. Así, justifican sus medidas vejatorias. El confinamiento de Palau  a Ibiza lo decreta el capitán. Ibiza, prisión abierta del Estado.

Lo detienen en la residencia del gobernador y lo conducen al Mallorquín (2) anclado en el puerto. Es el 9 de abril de 1854. Los rotativos sectarios publican la noticia. Con tono irónico y burlesco.

¡Obvio!. Al día siguiente se urge, por real orden, la presencia del obispo en la corte. Lo confinan a Cartagena y Murcia. En voz alta proclama su inocencia. Ante los ministerios, subraya la conducta irreprochable del clero y del director de la Escuela. Lo propio afirma sobre la ortodoxia de las doctrinas, allí, impartidas. Completa su defensa con el envío de un objetivo expediente. Lo ha instruido la curia episcopal. El cual prueba, sobradamente, la excelencia de la misión apostólica realizada por la EV, bajo la dirección de Fco. Palau.

Sin concluir el proceso jurídico, estalla la revolución de 1854. Así, la causa queda interrumpida.

Años más tarde, a ambos inculpados se les declara inocentes. Excepto para las autoridades, el veredicto es de dominio público. Un secreto a voces. Todos refrendaban la honradez que los caracterizaba.

Frecuente, prolongado y doloroso proceso. Con actitudes menos arbitrarias e inhumanas, tal inocencia se debía haber reconocido, al comienzo de la controversia.

(1)     En octubre de 1852 el periódico La Actualidad, del que Nin era redactor, queda suprimido, por real orden.

(2)     El 1er. buque a vapor. Barco ligero, militar. Persigue el contrabando.

La Escuela de la Virtud (Defensa y acusaciones)

Unas y otras son numerosas. Con ello tomamos conciencia de la resonancia lograda por la Escuela. Tanto a nivel ciudadano como estatal. Sí, porque los artículos, valoraciones y quejas llegaban hasta Madrid. Alguno,  incluso, se producía  allí.

➣Los filósofos de la EV. declaran:

☛Ni el director ni ellos han recibido ningún aviso de las autoridades de Barcelona, a pesar  de haber funcionado, el centro, durante largo tiempo.

☛Han actuado bajo la obediencia del obispo y sujetos al P. Palau: la autoridad en la EV.

Con su testimonio pretenden que se oiga la voz de la verdad. Si las enseñanzas que se han inculcado en la EV. adolecen de rigoristas, lo son en sentido de orden, sumisión y obediencia. Queremos que la justicia proclame la inocencia. Hemos defendido las doctrinas de la sana filosofía y moral cristiana. De acuerdo, siempre, con la autoridad eclesiástica.¡ Valiosa defensa!.

➣La EV. es una academia de doctrina cristiana, científicamente explicada y defendida -indica un sacerdote de Barcelona, desde un rotativo de Madrid-.  Debido a las calumnias que sobre ella se han vertido,  se ha visto obligada a suspender sus actividades.

El conjunto de lo ocurrido, a nivel social, se hace, cada día, más violento. Si el gobierno no toma serias medidas de reconciliación, tememos que se encenderán pasiones mal apagadas. Volverán aquellos días en que todo el que oía misa, era apedreado por la calle. ¡Casi, como ocurre hoy!.

Y finaliza: Los deseos pacíficos pero ardientes del país son: rebaja del precio del pan, prohibición de exportar cereales, continuación del estado de excepción (porque éste sólo lo temen los revolucionarios), rebaja de contribuciones y paz.

➣Vasta asociación jesuítica, llamada, con sarcasmo Escuela de la Virtud. Congregación tenebrosa…Empezaremos a arrancar caretas hasta hacer bajar la cabeza a muchos que se creen con el privilegio de llevarlas.

Entre la clase obrera contaba, principalmente, sus adeptos la jesuítica escuela…. Tal vez, el proletariado cree que la EV no tuvo por objetivo un fin político. ¡Ojalá fuera cierto!. Y concluye:¡Tanto púlpito para hablar alto y tanto confesonario para hablar bajo!. Es el insolente y ofensivo juicio de J. M. Nin, escritor anticlerical. Enemigo irreconciliable de la EV. Y de su director (1).

➣Muchos de los discípulos de la Escuela son obreros. Es innegable que la intención catequética de la Escuela incluyó preocupación social. ¡Sin duda!. Preocupación surgida, en principio, del abandono religioso. Su director, advertía, del peligro en que se hallaba la gran masa obrera, indefensa ante el embate de las corrientes filosóficas, antirreligiosas. Se concretizó, después, en la respuesta de la masa proletaria de Barcelona al llamamiento de la EV. -anota  E Mª Vilarrasa,  profesor de la Escuela-.

Un carmelita… compadecido de la ignorancia religiosa que caracterizaba a todas las clases sociales, al mismo tiempo, sencillo admirador de las buenas tendencias que el pueblo, manifiesta hacia la práctica del bien, se propuso abrirles unos cursos de teología. Acomodados a sus alcances. Así, les enseñaría a añadir valor sobrenatural a las virtudes naturales. Como la enseñanza debía ser periódica y las materias mantenían riguroso enlace, estableció una organización disciplinaria para los que, asistieran, a las lecciones. En las clases se defendió a Dios, a la sociedad, al orden, a la justicia, al amor y a la fe. Se pulverizaron los argumentos de las filosofías: alimento de las tendencias anticlericales del pueblo. Se hizo la apología de las órdenes monásticas y, sobre todo esto, era una Escuela de Virtud -añade-.

La labor de la Escuela ha sido verdadera obra social (2). La doctrina que se enseñaba en ella -continúa el profesor- se encuentra en su catecismo. Declara la importancia de las autoridades para el buen hacer del pueblo. La obediencia, humildad y sujeción son virtudes necesarias para los súbditos -concluye-.

➣Siempre se han sostenido, en mi escuela, los más severos principios de autoridad…Hemos inculcado amor, fidelidad, respeto y obediencia a los superiores. A quienes  Dios ha sujetado a cada hombre, en el orden civil -declara Fco. Palau ante el gobernador de Barcelona-.

➣Numerosas personas de arraigo social y de renombre científico-literario acentuaron las mismas declaraciones.

➣Un socialista, anónimo, refleja el esfuerzo de los republicanos para presentar, en paralelo, la persecución del gobierno y los trabajos del clericalismo. Ambos tratan de engañar a la masa obrera. El clericalismo se ha propuesto, siempre, inculcar, entre los obreros, la teoría de que la doctrina de la Iglesia es compatible con todas las ideas de progreso, por radicales que sean. Por tanto, no la hagáis la guerra pues no está en oposición al socialismo, ni al comunismo, ni al anarquismo, ni a ninguna doctrina social. Al contrario, ella es la organización más democrática y favorable a los pobres y de la que mayores bienes pueden esperar los trabajadores -anota con sarcasmo-. La EV es buena prueba de ello. ¡Por supuesto!.

En sus sermones, a los trabajadores, predican el socialismo y el comunismo católicos. Lo cual da ocasión, a los predicadores, para calumniar a los verdaderos socialistas y desfigurar sus ideas. ¿Su objetivo?,  retener a los oyentes, bajo su influencia. Sí, el más terrible enemigo del proletariado es  el clero: explotador de su ignorancia (3).

Todo un contraste de apreciaciones en torno a la EV. La evaluación razonable sólo proviene de quienes la conocían de cerca y la inyectaban vida evangélica.

Nos cabe la inmensa satisfacción de comprobar, de nuevo, la intuición, acierto y buen hacer de nuestro Fundador en una misión tan delicada e importante como lo fue la EV. Obra singular en la iglesia catalana del s. XIX. Lo avala y acentúa el pueblo creyente. También la hostilidad de las filosofías liberales, ateas y sectarias. Si tanto les molestaba el estilo de la Escuela se debía al mensaje cargado de esperanza, que vehiculaban sus enseñanzas y comportamientos. Mensaje que iba configurando un estilo de personas, amenazante para sus doctrinas. Es la vida que brota, a borbotones, del  manantial evangélico. Vida soñada, realzada, orientada y acompañada -porque lo fue vivida-  por este hombre de Iglesia: Francisco Palau y Quer.

(1)  Publicado en otro diario, pues el suyo hacía dos años que, por real orden, se había suprimido.

(2)  Filón poco considerado, analizado y, en consecuencia, poco aplicado -opino-.

(3)    La Historia universal del proletariado es una obra de finales del s. XIX, de la cual forma parte la aludida crónica. Ella, sitúa a la EV. como precursora del movimiento social-católico, pues la califica de catequística obrera. En línea con el Instituto Catalán  de Artesanos y Obreros, fundado en 1875  por el obispo J. Lluch. La crónica carece de fecha.