MISIONES EN IBIZA, I

Preámbulo

Amplia fue la actividad misionera desplegada por Palau en los años 1864-1865. Con menor intensidad la continuó en los siguientes.

¿Por qué las misiones palautianas? Como todas las celebradas durante aquellos años, fueron respuesta de la Iglesia al llamamiento evangelizador y moralizador del papa Pío IX, quien concedió especial jubileo, dadas las circunstancias dramáticas por las que atravesaba la Iglesia universal. ¿A qué alude? A las diferentes corrientes ideológicas que poblaron el siglo XIX: materialismo, marxismo, racionalismo, liberalismo etc. Todas intentaban sofocar el mensaje evangélico. De hecho, ellas favorecieron la pérdida de los Estados Pontificios. ¡Una bendición de Dios -por otro lado-!

Con la publicación de la Quanta Cura y del Syllabus -dos grandes encíclicas del papa- se conmemoraba el 10º aniversario del dogma de la Inmaculada Concepción. Y las misiones de aquellos años tuvieron un objetivo manifiesto. ¿Cuál? Preparar a los fieles para ganar las indulgencias del jubileo. Sí, en la Iglesia española, los años 1864 y 1865, fueron años misioneros, ya que sus frutos resultaron verdaderamente copiosos. Palau, hombre altamente sensible a todo lo eclesial, participó de modo activo en este movimiento. Por algo poseía, desde su juventud, el nombramiento de misionero apostólico. El cual le llenaba de satisfacción. Sin embargo, ningún misionero podía contar con la dotación económica del gobierno. Debía hacerlo desinteresadamente: en razón de su ministerio y por el bien de los fieles. ¡Cuántas privaciones les imponían!

Ya conocía Palau el contexto socio-religioso del pueblo ibicenco: carácter, costumbres, religiosidad, etc. No en vano permaneció confinado allí a lo largo de seis interminables años. ¿Verdad?

Sin embargo, tal contexto, ya precario de por sí, se había degradado a ojos vista. ¿A qué se debió? A sucesos singulares, verdaderamente apremiantes y dolorosos para la Iglesia y para el pueblo. Produjeron un enorme malestar. Cierto, la Iglesia peregrina, allí, en ese momento histórico, se hallaba sumida en un evidente abandono.

Iniciando la cadena de eventos se encontraban los intentos y asesinatos de sacerdotes, así como el triunfo de la impunidad. Hechos demasiado graves para olvidarlos con rapidez.

Otro capítulo de la serie lo constituía el robo. No se respetaban las propiedades ajenas. El abuso se volvió costumbre. Y tal costumbre causaba numerosos damnificados ¿Cómo respondían estos a las agresiones? Sólo con la fuerza bruta, o volvían mal por mal. La venganza consistía en destruirse los cultivos. Los devastaban. Conclusión: De todo ello procedían reyertas, rivalidades, odios y hasta homicidios.

¿Concluyeron las dificultades? No. Frutos naturales y de toda estación lo constituían el pillaje, la inmoralidad, cortejos, etc. Sin ánimo de exagerar, podemos descubrir que el antagonismo alcanzaba hasta al mismo clero.

Al intentar frenar tales costumbres, los resultados no se hicieron esperar. Sí, sí. Los sacerdotes asesinados pagaron el precio de su fidelidad al evangelio, con la propia vida.

¿Qué causas generaron semejante ambiente? Fueron múltiples. Entre las más significativas, encontramos el abandono de las autoridades, alejadas de la Isla. La distancia impedía atajar con rapidez los desórdenes públicos. No menos, la incultura del pueblo. El continuo flujo de confinados peligrosos a la Isla, también: militares y políticos corruptos, eclesiásticos extraviados o relajados, delincuentes de primera magnitud, etc.

  1. Rafael Oliver -gobernador eclesiástico de Ibiza- cree llegada la hora de una regeneración religiosa, capaz de transformar el panorama espiritual y social de la población.

¿De qué forma? Se propone despertar la responsabilidad cristiana de las familias acreditadas en la promoción religiosa y cultural de los ibicencos. Para ello, pretende organizar unas misiones que recorran, palmo a palmo, la Isla y sacudan las conciencias adormecidas del pueblo. Enseguida pensó en el P. Palau. Hombre ajeno a intereses de cualquier tipo, conocedor de la mentalidad y situación de sus gentes, coherente con su condición de consagrado… ¡Buen fichaje!

Admirador del P. Palau, D. Rafael sufrió sobremanera. Los intentos y asesinatos de sacerdotes lo apremiaron a remediar tamaños males.

Como preámbulo de la misión, dirigió una larga circular al clero. Evocaba el lamentable estado en que se hallaba la sociedad ibicenca. Animaba a sus sacerdotes, aterrorizados por los sangrientos sucesos. Les comunicaba el proyecto de organizar una misión dirigida por Francisco Palau. Como preludio de la misma les anunciaba, también, los ejercicios espirituales del clero. A los cuales, como es obvio, debían acudir todos

Con este telón de fondo, Palau inicia la misión. Triple objetivo se proponen conseguir desde ella: moralidad, cultura y establecimiento de autoridades propias ¡Casi nada! ¡Triple milagro! ¿A que sí?

Se lanzó, de este modo, a la conquista espiritual de la Isla. Sabedor de que corría enorme riesgo: Pues si el asesino no la quiere, será el misionero su nueva víctima…Sin embargo, nuestro corazón está, siempre, dispuesto para recibir el golpe sacrificador, sea cual fuere el instrumento de que se sirva la Providencia. ¡Confianza y generosidad ilimitadas, las suyas! Como para tomar buena nota. ¿No?

MISIONES EN IBIZA, II

Al constatar la indescriptible consternación producida en el corazón de este pueblo, por los crímenes ocurridos y por otras cosas que callo: ensayos y amenazas dirigidas al mismo propósito, Palau se ha sentido sobrecogido, turbado. Ha vacilado: Por un momento he titubeado -admite-¿Os lo imagináis desconcertado? Yo, no. Sin embargo, el abandono e incultura del pueblo resultaban factores decisivos que solicitaban urgente solución. Apremiaba sacarlos de su incultura. Situarlos en la vía del progreso y la moralidad. Lo pensó detenidamente. Sin embargo una vez resuelto, he combinado mi plan. Y espero producirá buenos resultados ¡Toda una profecía!

Actuó Francisco con programa bien estudiado. No era amigo de improvisar. Menos en esta coyuntura. Concertó su plan. Tenía presente el principio de la necesaria adaptación de perfiles. Así la evangelización producirá frutos: Los efectos dependen… de la buena combinación de las formas que se adopten. Se adaptó a los métodos conocidos, sí, pero introdujo procedimientos que sorprendieron a los feligreses. Escribe para la Revista Católica, de tirada nacional: La situación del país es tan especial como difícil. Por ello las propuestas deben ser propias, características y urgentes. Por algo las ha estudiado con detenimiento y solvencia.

El gobernador eclesiástico acudió a su homólogo civil. ¿Qué solicitaba?  Protección para las misiones:  participantes y misionero. La súplica halló amplia acogida. Fueron oficiados todos los alcaldes rurales. Debían prestar su eficaz ayuda. Tanto en el mantenimiento del orden como para evitar que la seguridad individual padeciera, en lo más mínimo. ¡Muy bien, por evidenciar autoridad! ¿No?

Sabe Palau que los criminales sólo son media docena de hombres desnaturalizados, degenerados, formados en el juego y demás vicios… asesinos de profesión y oficio… Sin embargo, bastan para aterrar a veinticinco mil colonos pacíficos que confían su vida a la vigilancia del gobierno del estado. ¡Le sobra razón!

Se hizo eco la revista católica de la labor misionera de Palau en la Isla. Comunicaba la noticia a la ciudadanía de Barcelona: El P. Francisco Palau, misionero apostólico, muy conocido entre nosotros por su celo y laboriosidad, se encuentra, actualmente, en Ibiza. Imparte ejercicios espirituales al clero. Concluidos estos, comenzarán otros para seglares ¡Relevante servicio al pueblo!

Hombre comprometido con la sociedad a la que sirve es Palau -Tendremos ocasiones de abundar en esta dimensión-. Intenta, por los medios que están a su alcance, favorecer y mejorar su calidad de vida. Dignificar la dimensión humana de su entorno. Es la mejor manera de poner cimientos sólidos a la extensión ultraterrena ¿Verdad?

Antes de finalizar los ejercicios, comunica a su amigo I. Gatell -director de la mencionada revista- la penosa situación de los ibicencos. Solidario con el pueblo, detalla e interpreta la situación. ¿Motivo? Que los gobernantes se enteren:

El que no pueda darse con los autores de tales atentados quizá se deba, a la falta de poder central… que obre acorde con la autoridad eclesiástica -Denuncia y tono moderados-. Las alcaldías -puntualiza- obran con independencia, unas de otras. El gobernador, al residir en Palma, no puede proceder en casos que no admiten dilación. La autoridad eclesiástica -harto debilitada por las funestas circunstancias- al verse abandonada por el poder político central, acaba por perder su fuerza e influencia y, se ve amenazada, sin que nadie la proteja -Palau pone el dedo en la llaga- Por grande que sea el celo del alcalde de la ciudad, es un mero alcalde. Por hábil, recto y activo que sea el juez de primera instancia, no puede proceder sino legalmente. Y los malos, sabiendo trampear la ley, burlan su vigilancia… Afirmaciones enteramente acertadas, ¿a que sí? Y concluye: En la Isla, falta, además, un obispo que, protegido por el poder civil nacional, despliegue sus fuerzas morales para moderar a esta gente, en sí sencilla, dócil y digna de mejor suerte. Tales carencias generaron aquella complicada situación. Sin duda. ¡Más alto se puede decir, pero no más claro ni mejor dicho!

Y concluye:  Acudo a esa redacción para que… diga a nuestros legisladores: Ibiza, esa bella y fértil posesión de España, se hunde por falta de obispo y de alcalde corregidor. De entre sus ruinas llamo la atención del gobierno, para que tienda sobre ella su mano protectora.

Responsable, valiente, solidario, voz de los de sin voz. Palau, ¡todo un arquetipo para reivindicar el progreso de los marginados!

MISIONES EN IBIZA, III

Ante la situación por la que atraviesa el pueblo, Palau acusa una aguda conciencia de limitación. Se percibe desbordado: El misionero no puede curar estas llagas, reservadas al obispo y al jefe político. No obstante, el miércoles de ceniza, comenzaron los ejercicios del clero. En la iglesia del Hospital. En la capital de la Isla, ¡claro!

Los sacerdotes escuchaban con toda atención la palabra persuasiva de su antiguo conocido. No comenta, Palau, el contenido de los ejercicios. Sí, algo de lo vivido con los sacerdotes y con los laicos. Advierte -sin embargo- que ha encontrado excelentes disposiciones: Tanto en el clero como en el pueblo. Es el administrador apostólico quien -más tarde- afirmaba: Los ejercicios predicados al clero, han producido un fruto excelente. ¡No exageró!

Como era de esperar, tales ejercicios, fueron el mejor reclamo de la misión a la ciudad. Misión que tuvo lugar en la parroquia de S. Pedro, antiguo templo de los dominicos: Al efecto, fueron invitadas todas las autoridades. Quienes, en unión con el clero y el pueblo, acompañaron, en procesión, la imagen de Nuestro Señor Crucificado -consigna Palau- Finalizan el viernes, los cultos ofrecidos al Señor, con una solemne adoración.

A la misión de los seglares asistió toda la ciudad -agrega-. Y no de cualquier manera. Permanecieron atentos, devotos, reconciliados, en profundo y religioso silencio. Aunque no debía resultar fácil acoger, durante varias jornadas, el impacto de aquella palabra encendida por el ardor del misionero. De claro corte profético. ¡Sin duda!

Había cuanta gente podía caber en la espaciosa Basílica de S. Pedro -refiere satisfecho, Francisco- Tal vez, necesitaban detenerse en el dolor producido por los sangrientos acontecimientos. Buena forma de iniciar el proceso de sanación, ¿verdad?

Como en otros tiempos y ámbitos, Palau había confiado a la Virgen de las Virtudes el éxito de su misión. La hizo llevar desde su capilla de Es Cubells. Así presidió el final de aquellas jornadas en la capital. Le acompañó, también, en su peregrinar por la Isla: El sábado, vigilia de la conclusión, amaneció el templo con la presencia de la reina de las Virtudes, entronizada en el altar. Ella causó, en la ciudad, una extraordinaria sorpresa. Tan agradable y consoladora, que no puede describirse. ¡Alegría profunda, sí! Y añade: En la función de la noche recibimos a la ciudad para que besara sus manos. Fue éste, uno de los matices introducidos por Palau que sorprendieron a los fieles. Pues la Virgen de las Virtudes era muy querida por aquellas gentes.

El domingo terminó la misión con una comunión general tan concurrida que, concluida la misa, no hubo más medio que hacer salir a los que comulgaban, por la sacristía, para dar entrada a los que no cabían en la iglesia. ¡Un éxito sin precedentes!

Antes de abandonar la Villa, Palau aplica otro recurso sumamente entrañable para el pueblo: Dispuse que la virgen se volviera hacia la multitud para darles la bendición ¡Sobresaliente! A los participantes les conmovía semejante proceder. Parte del gentío se retiró, por ser la hora de comer. Pues muchos de ellos estaban en ayunas. No obstante, siguió a María un considerable contingente. Orando, ¡claro!: Cantando o rezando el rosario.

Ganada así la capital, por la fuerza del amor, nos dirigimos a los pueblos -manifiesta-De hecho, Nuestra Señora de las Virtudes ya tenía conquistados a los ibicencos.

Los jóvenes en la ciudad y en todas las parroquias, se disputaban la dicha de llevar sobre sus hombros la imagen de la Virgen. ¡Bello gesto! ¿No?

Al llegar a los poblados, después de horas de camino, eran objeto de cálido recibimiento. Varias aldeas se reunían para dar la bienvenida a los peregrinos. Y, como en ninguna cabía la gente en el templo, se hacía preciso dirigirles la palabra en la plaza. Improvisaban púlpito y altar ¡Sin problemas!

Concluida la misión, en cada lugar, tanto los participantes como los fieles de las poblaciones colindantes acompañaban al misionero y a su patrona hasta la nueva localidad a evangelizar. En algunos, les despidieron el párroco, vicario, ayuntamiento y las entidades existentes. Otra inédita iniciativa y sugerencia palautiana. Repleta de mensaje. Así, procuraba acercar distancias. Así, los diferentes pueblos se reconocían más hermanos. Así, exploraba y expresaba el profundo sentido del misterio eclesial: la comunión. Pues, en esta época, colmaba sus mejores fondos.

¡Sorprendente pedagogía, la de este hombre! Y es que Palau intuía, a distancia, las posibilidades de solidaridad, concordia y hermandad que anidaban y procedían de personas y pueblos. Y gozaba profundamente al percibirlas. Todo él lo expresaba. Sin tapujos.

Seguro, seguro, que con más razón goza, a día de hoy, cuando sus hijas procuramos vivir, con intensidad y esplendidez, estas manifestaciones del Espíritu. No sólo disfruta, sino que las sugiere, alienta, acompaña y sostiene ¡A qué sí!

MISIONES EN IBIZA, IV

Al término de la misión de este año, Palau envía la crónica a la Revista Católica. Menciona su forma de actuar en S. Lorenzo y S. Jorge, localidades donde los párrocos habían sido asesinados o existió intento. Fue, un tanto diferente al resto. La misión, tomó en ellos, carácter dulce pero severo. Capaz de infundir el temor santo de Dios a los asesinos -puntualiza- ¡Arriesgada situación! ¿Verdad?

En los límites divisorios de ambas parroquias se congregaron las contiguas. Habían levantado una columna. Sobre la misma, una cruz de piedra. Éste, el punto destinado a la función. No eran pocos los asistentes. Venían con nosotros más de dos mil personas: Igual número nos esperaba alrededor de la cruz. ¡Muchos! ¿No?

Manifestó, el pueblo de S. Lorenzo -en masa-, no haber tenido parte en el intento de asesinato de su pastor ¡Gracias a Dios! Otro tanto ocurrió en la población de S. Jorge. Pusieron el signo santo de la cruz por testigo y prueba. ¡Suprema referencia, digna de toda credibilidad!

Los habitantes de San Lorenzo nos recibieron de rodillas cantando la Salve… Bendije la cruz y el término, y ante el signo de nuestra redención renovamos, a voz en grito, nuestra fe. Los juramentos de fidelidad, a Dios y a la Iglesia…pronunciados en el Bautismo. Será la cruz el signo que proclame su inocencia. Profesión solemne de fe. Testimonio público de amor fraterno. Signo de paz entre pueblo y pueblo. De lo mejor de su dimensión cívica, social. Y…mucho más ¡Seguro!

Para Palau, en este momento, la paz y reconciliación no incluyen, únicamente, la profesión de fe y un abrazo fraterno. Deben traducirse en respeto a las autoridades y amor a las leyes. Acentuaba, así, su convencimiento: la evangelización no perturba el orden público. Sí, contribuye al fortalecimiento de las legítimas estructuras sociales. Así lo transmitía él: renovando e incrementando la dimensión humana y social de los creyentes. Es que su vida interior se encontraba en avanzado proceso de integración. Y tal trueque se reflejaba, tanto en su existencia, como en su misión y quehacer ¡No podía ser de otra manera! ¿Verdad? Al mismo tiempo, resaltaba el desenlace del compromiso bautismal de los creyentes: Al verse estos pueblos unidos en familia, el entusiasmo creció…. Facilitado por él, ¡claro!

Debió confesar su culpa, el autor de los atentados. A juzgar por las prudentes alusiones de Palau: La reina de las Virtudes, salvó…al culpable de los crímenes…Se le presentó como madre dulce… y, éste, lanzando su puñal, le ha trocado por una cruz que guarda en el pecho, como signo de misericordia. Nuestro protagonista se percibía hondamente satisfecho. ¡No era para menos! ¿A que no?

Al despedirse estas parroquias, después de haberse dado con el mutuo perdón de culpas, el abrazo fraternal, un llanto general sofocó la palabra. Conmovedora escena. Culminó con cantos a María, proclamada su Señora, Reina y Madre.

Nos dirigimos a la ciudad, acompañados por los pueblos, con sus orquestas. La Villa se despobló, para salir al encuentro de la augusta Reina. Un coro de niñas le presentaron una bellísima corona de flores… Los marinos… pusieron, a sus pies, la bandera del cuerpo. Allí, tuve el consuelo de ver reunida a la Isla, al pie de la cruz, para oír la palabra de Dios. La multitud -que, de seguro, lo era- vitoreaba a María ¡Profundo gozo inundó a Palau ¡Obvio!

Celebramos un oficio solemne, al llegar a Es Cubells. Cantamos el Te Deum, en acción de gracias por los favores dispensados a la Isla, en su visita y, despedí a los pueblos que la habían acompañado en su recorrido. ¡Misión cumplida! Nunca más apropiada la expresión ¿Verdad?

Hombre profundamente evangélico, Palau, no se atribuye ningún mérito por la excelente labor realizada. Sí tiene muy en cuenta a quienes han cooperado, con eficacia, en los magníficos resultados de la misión. A la Virgen de las Virtudes -en primer lugar- le atribuye el rotundo éxito. Incluye, ¡cómo, no! al excelentísimo señor gobernador civil de Baleares. Él, nos recomendó a todos los alcaldes. Quienes se han puesto a nuestro lado para apoyarla y protegerla. Sirvan estas líneas para expresarles nuestros sentimientos de gratitud. Así, quería Santa Teresa a sus hijos: agradecidos. También al M. I. señor gobernador eclesiástico, D. Rafael Oliver, que, en todo, ha tomado la iniciativa.

Excelente infraestructura misionera sostiene a Palau. María, es decir, el círculo de Dios y de su Iglesia, como cimiento de su quehacer apostólico. Los demás en clase preferente. Él, en nivel irrelevante. Sí, sí. La actitud de rehusar los primeros planos, sinónimo de autenticidad de vida, es una dimensión fundamental de su legado para nosotras: sus hijas. Para la Iglesia, también.

Agradecimientos a Hna. Esther Diaz, cm

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