MISIÓN IBIZA IV

 

Las cifras registradas en la anterior reflexión denotan, de modo elocuente, el estado de abandono en que se hallaba sumida la población en Ibiza. Proverbial era la ignorancia en la Isla y masivo el analfabetismo. En ellos identificamos el trasfondo con que el P. Palau manifestaba, su preocupación por el trance en que vivía la diócesis. Lo delatan sus notas íntimas. La esperanza de una auténtica renovación cristiana, también. Preludio es el entusiasmo despertado por medio de su predicación misionera. ¡Claro que sí!

Concluida la misión de 1865, en Ibiza, se inaugura el primer centro de segunda enseñanza. En la antigua parroquia de los dominicos. Lo ha urgido Francisco. ¡Imponderable, la gestión de este hombre!  La devoción mariana adquirió mayor realce con la fundación de las hijas de María. Precisamente, tuvo su inicio, también, en la antigua iglesia de los dominicos. Es decir, donde se inició la misión del 64 y finalizó la del 65.  Francisco Palau junto a la Iglesia ibicenca quieren lo mejor para el pueblo: instrucción y formación. Como centro, la capital. Desde donde irradiará a los pueblos. Presiona, este hombre, para que se multipliquen las escuelas, en zonas rurales: las más necesitadas. De momento, tiene que conformarse con una solución parcial. ¡Es lo que hay!

Años más tarde figuraba sólo una escuela pública para toda la Isla. Por la ulterior ley de instrucción pública, se establecían otras tres. Se contaba, entre ellas, la del seminario. La cual regentaba un sacerdote.

No termina ahí el compromiso de Francisco ¡Qué va!. Al mismo tiempo, procura que, después de la misión, mejore la asistencia sanitaria. Lo constatamos desde su correspondencia. Proyecto apremiante. Pues las autoridades civiles no pueden cubrir las urgencias sociales. Cultura y asistencia sanitaria necesitaban urgente incremento. ¡Y ahí estaba Palau! ¡Arrimando el hombro!

Con anterioridad y, en colaboración con el prelado y con el rector del seminario, él mismo había promovido iniciativas concretas de asistencia docente y sanitaria. Intentó organizarlas, en la diócesis.  Se implicó con su planificación fundacional. Paralela a su actividad apostólica, sí. Ocurrió a partir de 1863. En el 64 envió a promocionar la educación allí y en Formentera a sus carmelitas. Colaboradoras suyas en la obra fundacional. Juana Gratias, el alma de su fundación, dirigía una escuela de niñas en Formentera. Otras compañeras lo hacían en S. Jorge y en la ciudad de Ibiza: la Vila. Pronto se incrementó el reducido número. ¡El proyecto merecía la inversión!, ¿Verdad?

Alumbrado eléctrico, construcción de carreteras, otras reformas sociales y urbanísticas se sitúan en 1865. Justamente, al final de la 2ª misión.

Su celo desinteresado e incansable resultó evidente. También su sentido realista de apóstol experimentado. La personal intervención ante las autoridades y personas influyentes dieron magníficos resultados.

Hombre auténticamente espiritual aterrizaba, insistentemente, en la dimensión humana y social de sus evangelizados. ¡Tenía bien incorporado el evangelio! ¡Sin duda!

Contribuyó, eficazmente, la colaboración decidida del gobernador eclesiástico y de algunos sacerdotes de Ibiza. Tanto al incremento del seguimiento evangélico como a la mejora de la dimensión social. Alguno obtuvo licencias especiales para incorporarse a las misiones. A las dirigidas por el P. Francisco ¡claro! Es porque les había transferido la inquietud y afán apostólicos. De hecho, cambió la vida de algunos sacerdotes con los ejercicios, impartidos por él, en 1864. Pues, como el mismo prelado acentuaba, habían producido un fruto excelente. Entre ellos se encontraba el rector del seminario: J R. Planas. Unos se incorporaron a las correrías misioneras del apóstol. Otros prolongaron la herencia dejada por él. ¡Bien sabían a quién se acercaban!

Oliver no escatimó elogios al predicador ni valoración de los resultados de tales jornadas. En todo momento, favoreció sus proyectos. ¡Siempre fue valorativo, en grado sumo, con él! A lo largo de los años mantuvieron ambos cordiales y estrechas relaciones. El prelado consideró la misión como la mejor premisa para la celebración del jubileo inmediato. Eso es lo que comunicó al obispo de Mallorca, al arzobispo de Tarragona y al Nuncio ¡Nada menos!

Es incomprensible que hayamos minusvalorado la dimensión social del P. Francisco. Él es un hombre involucrado en este ámbito. Situación que analizaremos al relacionarlo con el colectivo de enfermos mentales. En Barcelona y en otros lugares. Nos retrotrae, también, a la actividad de la Escuela de la Virtud ¡Su obra formativa, por excelencia!

Luchó, a brazo partido, contra todo lo que recortaba o disminuía la existencia y el entorno humanos sanos y dignos. Pues formaba parte importante de su legado.

Ahora, como entonces, Francisco quiere que el espíritu dignifique todo lo que entreteje la existencia y actividad humanas. Espíritu de la mejor calidad, éste. ¡A que sí!