MISIÓN IBIZA

V

Francisco Palau solía concentrarse en sus meditaciones eclesiales. Aprovechaba para ello los largos desplazamientos, al lado de la imagen de la virgen. En los intervalos de descanso, también. Y dialogaba, íntimamente, con su Amada. ¡Maestro en estas lides! La contemplaba, al vivo, en la Iglesia de Ibiza: La virgen, figurada en su imagen, me hablaba secretos al corazón, que miraban al bien de la Iglesia universal. Portadora también del mensaje de salvación para los ibicencos. Revelaciones a favor de la Iglesia diocesana.

 

Es aquí -ya lo hemos indicado con anterioridad- donde reconoce y comienza a vivir un trecho nuevo en su vocación eclesial: se percibe padre de la Iglesia. Reconoce, así mismo, a María como su tipo acabado. De la imagen individual pasa al símbolo: misterio de la Iglesia. Sin embargo, Iglesia débil, y pobre a quien él ha de entregarse sin límites. Por tanto, revelaciones cargadas de compromiso para él. Sí, sí.

Se le graban en el alma expresiones que percibe o descubre. En relación a la Iglesia, ¡Evidente! Ellas confirman su nueva etapa vocacional:

*La palabra divina que administras es la semilla que, recibida en el corazón de esta isla, reducida a obras, es el hijo y la hija de Dios. Ella, engendra y da vida a las almas.

*Hija de Dios, formada a semejanza suya, en virtud de la Palabra que derramas en su corazón de Iglesia peregrina.

*Eres mi padre y con este nombre, yo oigo la palabra de vida, que por tu boca pronuncia mi Padre celestial.

*Cuando bendices a los pueblos, me bendices a mí, porque los pueblos son yo y yo soy ellos, unidos a Cristo, mi Cabeza.

*Yo soy la isla de Ibiza, regenerada a la vida en virtud del Verbo de Dios.

*Cuando predicas a los pueblos me das a mí la palabra del Padre, que es el Verbo Eterno y es a mi corazón vida, fuerza, calor y virtud, pan leche y vino.

Y concluye: Esto que te digo es una realidad.

¡Cuánta doctrina, certeza, espíritu y por tanto vida sustentan a estas sencillas expresiones! ¿Verdad? ¡Han brotado de la experiencia vocacional de este hombre de Iglesia!¡Claro! Desde ahí puede acometer las más difíciles empresas. Así fue. Su encendida palabra, logró incrementar, el recorrido creyente de este pueblo. Palabra caldeada, siempre, desde tal experiencia interior. ¡Qué garantía para los fieles!

 

No podía limitarse, la valoración realista de estas misiones a los éxitos inmediatos. Los cuales fueron incuestionables por claros, y rotundos. A Francisco se le llama el apóstol de Ibiza. Título que le compete en justicia. Nadie, en su tiempo, alcanzó realizaciones tan decisivas. ¿A qué no? Su misión se dirigió, prioritariamente, a la transformación religiosa y moral de la Isla. No obstante, de tal objetivo derivaron multitud de proyectos concretos. Cometido, vinculado a su arraigada inculturación, con el pueblo y sus urgencias. ¡Incuestionable!

Como catalizador de estos y otros logros se encuentra la arraigada piedad mariana. Fue él quien la intensificó. ¡No hay más que comparar el antes y el después de la evangelización, en las parroquias misionadas por él. La devoción a María tomó tal incremento y arraigo en la diócesis que perdura a día de hoy. Una de las parroquias más motivadas fue la de S. José. La palabra y el testimonio del P. Palau consolidan su seguimiento evangélico. Reconocen el buen hacer misionero de este hombre. Su elevada talla espiritual. Cuentan con él como intercesor. Hasta en nuestros días. Actitud que los ennoblece.

 

La renovación espiritual de la Iglesia ibicenca, recorrió nuevas rutas de comunicación: las pergeñadas por el prelado. Remitió la noticia a un par de autoridades eclesiásticas -Ya la conocemos-. ¡Claro que sí! Saboreamos, ahora, los contenidos: 

El motivo es por haber mandado una misión a fin de preparar a los pueblos del mejor modo, para recoger más frutos. Por las noticias que tengo espero serán abundantes. 

Los frutos del jubileo de 1865 han sido tan abundantes, que casi no se podía pedir más. A ello ha contribuido, mucho, el hallarse el terreno bien preparado por la misión que ha recorrido gran parte de la diócesis y que ha concluido con indecible aceptación por parte de todos. Toda la iglesia ibicenca está dispuesta para obrar el bien -Cartas al nuncio-.

La misión ha producido muchísimo fruto. Está renovando religiosa y moralmente la Isla. -Refiere al arzobispo de Tarragona-. A día de hoy, la práctica cristiana y la ley moral han seguido sosteniendo el recorrido creyente de aquellas gentes sencillas.

Como de costumbre, Francisco atribuye los éxitos de la misión a la Iglesia. A su protectora, la virgen de las Virtudes, también.

Los resultados de su obra apostólica en Ibiza han superado el desgaste de los años. Prueba de que la transformación socio-religiosa de la Isla fue profunda. ¡Sin ninguna duda!

Desde su experiencia vocacional auténtica e intensa el P. Francisco deja profundas huellas de Dios y de su misterio. En todo lo que toca. Y ¿nosotras, sus hijas/os? ¡De hecho, en él, se nos ha dado todo un espejo donde mirarnos! ¿ A que sí? ¡Qué suerte!