La misión del Prat de Llobregat I

         Satisfecho por la labor realizada, en las anteriores poblaciones, el obispo decidió… ¿Qué? Que el P. Palau pasara a misionar el Prat de Llobregat. Solicitó la cooperación de las autoridades municipales. Con lo cual quería estimular la común tarea de restaurar la moral en el vecindario. La corporación recibió la noticia, con evidente frialdad. No obstante, ante el hecho consumado, la aceptaron: Enterados, acordaron se acompañase al párroco a su recepción. En ese momento histórico, la Iglesia trazaba proyectos. Los seguían los pueblos y hasta las autoridades civiles. ¡Uff! ¡Qué cambio!

         En el comunicado del obispo al alcalde, aquél afirma: Las misiones son un poderoso elemento para avivar el espíritu cristiano de los pueblos. Para asegurar, en ellos, el orden y respeto a las autoridades, también. ¡Evidente! Por lo cual aprovecho las buenas disposiciones de esa localidad -prosigue- y he dispuesto se trasladen a ella los misioneros de Vallirana. De cuyo celo, ilustración y virtudes espero los mejores resultados -Motivos le sobraban para hacer semejantes declaraciones-. ¡Sin duda! Luego agrega: Al hacerle partícipe de esta determinación, abrigo una esperanza:  Que tanto Vd. como esa respetable municipalidad, acogerán a los misioneros como corresponde a su sagrado ministerio. Espero les apoyen en cuanto necesiten. Y acentúa el motivo: Porque repercutirá en el mayor aprovechamiento de los fieles. Sí, sí, ¡claro!

         El Prat de Llobregat, de antiguo abolengo y, prometedora industria vivía abandonado, en el orden de la fe. Carecía de asociaciones religiosas. Y la población se entregaba a diversiones profanas. Perjudiciales a la moralidad pública. Por otra parte, el párroco era mayor. Y no resultaba el más apropiado para enfrentarse a la reinante secularización del vecindario. ¡No!

Con su inconfundible estilo periodístico, Fancisco Palau narra esta nueva aventura misionera.

Fuimos al Prat el domingo siguiente. Llegamos en barca. En ella esperamos a los fieles. Esta función religiosa ofrecía un aspecto edificante. A un lado del río, estaba nuestra virgen misionera. Al otro, el pueblo la aguardaba. A los ministros enviados para anunciarles la paz, la gracia y el perdón, también. Cuando, en procesión, iniciamos el recorrido, todos se arrodillaron ante la virgen carmelitana. Cantaron la salve, mientras pasábamos el río con ella.

         Día de alegría fue éste. Pues, cantando, las niñas de la escuela -como en otras ocasiones-, la llevaron en andes. Hasta el templo, sí. Allí se inició la misión. ¡Buen comienzo! Y ¡buen futuro! Es lo que Palau sentenciaba: El que empieza bien, tiene la mitad de la obra hecha. ¡Seguro! El pueblo se animó y llenó la iglesia. Comenzamos, felizmente, nuestras tareas -nos hace saber, Francisco Palau-.

         El concurso y la asistencia fueron tal como se esperaba. Luego -pluma en ristre- dirige su propuesta al obispo: Si V.E.I. viene, su presencia, esperada, dará un día de júbilo a esta población. Pues en su abatimiento, no desecha, sino que pide un ángel salvador. La preparamos para la comunión general del domingo. Esperamos será muy concurrida. Entonces, verá a este pueblo, levantarse del sepulcro y dar, con la presencia de su pastor, una señal de vida. La verá renacer de su anterior letargo espiritual.

         De hecho, al tercer día, ya se percibía cambio en los participantes. Aumentaba tanto la acogida, como la conciencia de su pobreza personal. ¡Cuánta gracia! ¿Verdad?

         Nosotros estamos sanos, buenos y robustos -sostiene-. Y añade en tono jocoso: El sr. cura nos trata muy bien.

         Pues sí, fue el obispo, administró el sacramento de la confirmación y visitó las escuelas. Visita que le llenó de gozo. Se encontraban en un estado excelente. La de las niñas nos sorprendió, agradablemente. Pues se presentaron con la naturalidad y seguridad que les daba lo aprendido y la inocencia. El P. Palau -como en tantas ocasiones- ¡inmensamente valorativo! Por la noche, el prelado, pronuncio el sermón de los ejercicios. Continuó, al día siguiente, con la plática de comunión y, confesó como nosotros.

         María, tuvo un cometido específico en el desenvolvimiento de la misión. Ella, llegó y, llega al corazón de los sencillos. Tenemos sobradas experiencias. ¿No es cierto? Con el besamanos a la reina y madre clausuran la misión.