El Ermitaño

 La situación religiosa de la Iglesia, con el paso del tiempo, en lugar de mejorar, empeoraba. Pese al esfuerzo de tantos apóstoles, quienes como Palau intentaban frenar la descristianización social. Él se reforzó en el siguiente convencimiento: la raíz del mal se encontraba en poderes secretos y misteriosos. Los cuales manipulaban a las autoridades sectarias. La revolución de 1868, violenta más que ninguna, en sus ataques contra la Iglesia, debió parecerle una confirmación palpable de sus sospechas.

Sí, la Iglesia en España y en Europa se hallaba sacudida por una ingente persecución. Y los enemigos eran simples instrumentos del poder del mal.

Por otro lado, el Padre Palau había captado con precisión, lo que la prensa era: un arma formidable en manos de esos enemigos de la fe. En consecuencia, nada más natural que hacerles frente con las mismas armas. Por lo cual decidió fundar un semanario para enfrentarse a la prensa antirreligiosa. Para desenmascarar, al mismo tiempo, las fuerzas ocultas que la inspiraban. Así nació El Ermitaño: rotativo político-religioso. Comenzó su singladura en noviembre de 1868. Se mantuvo con vida hasta un año después del fallecimiento del fundador. Fueron 227 números. Cada uno contó, con 4 páginas. En los números177 y 178 se describe una sentida necrología de Francisco Palau.

Las persistentes ilustraciones de la publicación, sirven a los lectores, en cabecera de la primera plana, una escena en la que aparece, siempre, como protagonista el diablo. Y como lema de su batalla contra él campeaba, en esa misma cabecera, la expresión ¿Quién como Dios? No sólo Francisco Palau sino un selecto grupo compartía sus ideas y dibujaba las cabeceras del rotativo.

Pese al subtítulo, el semanario nada tuvo que ver con la política. Se excluyó, intencionadamente, tal orientación. Orientación que se reiteró, hasta la saciedad. El único roce lejano con tal dimensión es de índole informativa: noticias de los sucesos más destacados. Tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

En realidad, fue una publicación religioso-apologética. No todo lo escrito en la publicación lo hemos de atribuir a Palau. Sin embargo, su influyente personalidad impuso un sello inconfundible a la impresión. Sus colaboradores se identificaron con ideas y programas del director.

Sí, Palau escribe las páginas rubricadas por la redacción hasta el nº 176. Además de las que llevan explícitamente su firma.

Es incuestionable la vertiente apologética. El enfrentamiento con los enemigos de la Iglesia, resulta continuo y directo. Siempre en el plano religioso y pastoral. ¿El mayor enemigo? el espíritu maligno, responsable supremo -según él- de las calamidades de la época. Por lo cual resultaba urgente desenmascararle y atacarle. Sin tregua. De hecho, la lectura del Ermitaño, más parece una cruzada anti-diabólica que antirrevolucionaria y antirreligiosa.

Aspectos importantes dejados por el fundador en el Ermitaño, son la mencionada influencia del mal y el exorcistado. Aparecen en todos los números del semanario. Además, tiene su formulación más amplia y sistemática en varios artículos redactados por el mismo Palau. Reunidos, luego, en el nº 76 y más tarde en un opúsculo: El exorcistado. Influencia de este misterio sobre la ruina o salvación actual.

En el Ermitaño, Francisco Palau se moja en torno a la actitud del sacerdote en política. ¡Realidad urgente a clarificar! Él tiene ideas claras al respecto. Las expone con decisión y valentía. Exige a los ministros de la Iglesia, absoluta neutralidad ante las diversas opciones políticas. Solo les debe guiar, en sus actuaciones, el servicio de Dios y de los hermanos.

Tanto la doctrina como la actividad apostólica relacionadas con el exorcistado son los aspectos más discutibles de la polifacética figura del P. Palau. Sin embargo, sólo desde su momento histórico y en su ambiente podemos comprender mejor tal postura.

De hecho, en este semanario contempla y repite lo expuesto en La Escuela de la Virtud Vindicada.

es_ESES
Compartir