Como era un escrito íntimo, en Mis Relaciones, Palau se explayaba sin cortapisas. Arropado por el lenguaje simbólico, sobre todo. Lo he escrito para mí solo y lo escribo en los momentos en que más necesidad tengo de la Iglesia. En sus páginas he escrito mis amorosas relaciones con Ella.Y concluye: Hay cosas que las escribo, pero con tal reserva que si supiera se habían de leer estando yo vivo, las quemaría.

Nos hallamos, en cuanto al procedimiento de la obra, ante el ejemplo más típico de simbolismo, que se revela en sus escritos. Marcadamente profético y apocalíptico. Sí, en ellas se percibe la familiaridad con el Cantar de los Cantares y el Apocalipsis. Su entrañable devoción al profeta Elías, también se despliega en ellas.

La forma dialogada, de que se sirve para expresarse, no permite llegar a la conclusión de si se trata de hechos históricos o sólo de recursos literarios. De ahí la dificultad de su lectura. ¿Verdad? Esta obra contiene el relato más autobiográfico del autor. Sin lugar a dudas. Junto a las cartas, ¡Claro!. Motivo por el cual no está destinado a la lectura seguida. Sus páginas son retazos sumamente personales. Redactados de forma espontánea. Al contar sólo con la 2ª mitad del tomo, les falta el arranque natural. 

Como no pensaba publicarlo, Francisco Palau podía mantenerlo totalmente anónimo. Lo reservaba, exclusivamente, a su uso personal.  Sin embargo, el epistolario es importante para aclarar numerosos detalles. Para acertar en la exégesis del escrito, también. “Yo tengo, mitad escrito, un libro que traigo conmigo reservado bajo el título …. Pensaba enviártelo, porque creo te haría gran provecho, pero lo tengo por cosa tan reservada, que no me atrevo a hacerlo. Te diré, en sustancia, lo que puede concernirte a ti…. De esto tengo llena la cabeza y el corazón. Y no sé pensar en otra cosa. Absorbe mis potencias y sentidos.

Comenzó a redactar, la 2ª parte, en abril de 1864. El misterio de la Iglesia se le había revelado en noviembre de 1860. Desde ahí se inició una relación más intensa con su Amada. Concluyó el escrito en marzo de 1867. En el Vedrá. Se palpa, en sus páginas, la inmediatez y frescura de su vivencia. Trasladó al papel los sentimientos que le embargaban, en determinados momentos y situaciones de su vida espiritual. Y tales períodos se prolongaron a lo largo de 7 años.

Ante este tomo, la disposición del lector ha de ser la del que se acerca a la intimidad de un alma en tensión, sí. Por tanto, la lectura ha de hacerse por partes. Es confidencial la índole de la obra y el tema eclesial. Llevo su llave al cuello…. Y no me descuido de tenerlo cerrado…. Hay cosas tan sublimes y misterios tan profundos que temo plasmarlos en el papel, pero me sirven a mí.

Configuran diversos contenidos. Uno con el siguiente epígrafe: “La mujer tipo de la Iglesia de Jesucristo”. Al mismo tiempo inicia paginación nueva. Otro en 1866. Tomo III. Mis Relaciones con la mujer del Cordero. Después, escribe otra portada como Tomo 2, pero no interrumpe la paginación. Verdaderos puntos de referencia al definir su estructura externa son la geografía y la cronología.

Gran parte de las páginas llevan el lugar y la fecha del escrito. Cuando no, se trata de ámbitos frecuentados por Palau para caldear el espíritu.

Son numerosos y diversos los escenarios donde lo redactó: Ibiza, Es Cubells, el Vedrá, Montserrat, Sta Cruz, Cervelló, San Honorato de Randa, Corberó, Roma. Por tanto, podemos concluir que el libro es el diario espiritual de sus retiros, durante los años 1861- 1867. ¿Verdad?

Carece la obra tanto de plan previo como de síntesis. Centro y contenido de la misma -repetido hasta la saciedad-: el misterio de la Iglesia. En ella se entrecruzan, continuamente, lo vivencial, lo doctrinal y lo figurativo. Utiliza diálogos, visiones etc.

En la secuencia cronológica distinguimos el proceso seguido en sus relaciones con la Amada, durante los años que incluye la redacción. La 2ª cuestión es la que compara esos años con épocas anteriores de su vida. Y las situaciones pasadas las considera a la luz de escenarios nuevos y distanciados.

La reiteración más insistente se da en el cruce incesante entre sus reflexiones en torno al misterio del Dios de los hombres y los problemas que le absorben. Intenta, decididamente, esclarecer tal misterio. Sin conseguirlo. Por algo es misterio. ¿No es así?

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