Misiones en el Bajo Llobregat, I

Ahora, el campo propuesto a Palau para impartir misiones son algunas poblaciones de menor importancia. Evangelizó Cervelló. Éste sí, histórico y rico municipio. De allí se trasladó a la filial de la Palma. Y más tarde a Vallirana. Le acompañaba el P. B. Guinovart, carmelita y exclaustrado como él.

Fueron requeridos por el párroco. Solicitó la presencia de los misioneros, al tener tan buenas noticias sobre ellos. ¡Acertó con tal determinación!

La misión de Cervelló significó un magnífico escenario en la vocación eclesial del P.  Palau. Lo encontramos registrado en sus anotaciones íntimas.

Vive, por dentro, una etapa de singular comunión con su Amada. Al percibirla tan cerca se le dilata el amor e invade sus mejores fondos: Era una de las mañanas bellas, que anticipan, en invierno, la primavera. Y aprovechando de sus halagos y atractivos subí al Castillo de Cervelló, en ruinas. Allí, me encontraba de misión. Estaba yo descuidado ….y percibí  a mi Amada. Era una joven, cuya gloria ofuscaba la luz del sol. Despertose el amor y ya no me fue posible distraerle de otras ocupaciones. ¡Admirable experiència!.

Hasta el entorno natural participaba de la fiesta interior de Francisco Palau. Era primavera extra-calendario. Él, renueva su consagración y lo demás que pasó es indescriptible -concluye-. ¡Cuánta vida oculta!

Tal experiencia de comunión se despliega, imparable, en su existencia. Penetra, al mismo tiempo, sus quehaceres y proyectos. ¡Hombre privilegiado!

Ella, la Amada, le encomienda solicite libertad para sus convicciones y proyectos. -Palau pone en boca del misterio sus mejores y más limpios principios-. ¡Honesto y, sumamente, fiel! ¡A que sí!

Sin dudarlo, su experiencia espiritual se hallaba a la base y era la fuente generadora de su entrega apostólica. Sí, sí. Con ella, la misión alcanzó niveles insospechados.

En el estandarte de la misma, se hallaba presente María, bajo la advocación del Carmen. ¿Acaso, el mal podrá sostenerse? -se pregunta Palau-. Eso no -replica-. Ante ella, el misterio del mal quedará rendido. Se estremecerá ante nuestro pendón. María, reina del Carmelo promete salvar a sus hijos de la fuerza maligna. Y Francisco Palau, valiente colaborador, trata de fustigarlo y reducirlo, con toda su  convicción.

Una súplica sombría se le escapa del alma: ¡Ayúdame contra mi incredulidad!.

 Percibe, al mismo tiempo, a la Iglesia, reflejada en el sector de los creyentes catalanes ¿Verdad?

Comenta el P. Palau a su amigo, el director de la Revista Católica: Terminamos nuestra tarea en Cervelló con una comunión general, a la que asistió todo el pueblo en masa. Participación, sumamente, importante, en aquellos tiempos. Resultaba baremo imprescindible para medir la influencia de la misión. Tanto a nivel personal como de población. Muchas de nosotras lo hemos vivido. ¡Cierto!.

Por la tarde, concluida la función, -sin despedirnos- nos dirigimos a la Palma. –Y matiza-: Dejamos en Cervelló la Virgen misionera. Estuvimos en la Palma unos días -añade-. De allí, nos trasladamos a Vallirana.

El día de la Virgen, por unánime acuerdo de las tres poblaciones, salimos cantando en procesión. Amparados bajo las armas de la Reina del Carmelo, ¡Claro! El P. Ginovart bajaba del castillo condal de Cervelló. Y un coro de jóvenes, de este vecindario, cantaba el rosario a la virgen. Nos encontramos en la carretera y seguimos nuestra marcha. Los de Vallirana bajaban a nuestro encuentro.

Fue entonces cuando se produjo un panorama encantador. En los rostros de los asistentes se leía un entusiasmo difícil de describir. Improvisaron, sobre una mesa, un púlpito, en medio de la carretera. Agradable sorpresa para los transeúntes. Efectivamente. Allí fuimos sorprendidos por diligencias y coches que transitaban por ella. Nuestra presencia resultó agradable a los viajeros. Invitados a seguir su camino, se mantuvieron allí, junto a nosotros. Deseaban asistir a la despedida de los misioneros, por parte de una población y al recibimiento de la que vino a buscarnos. Eran otros tiempos, ¡De acuerdo!

Palau, incansable mistagogo, accede a lo mejor que descansa en la interioridad humana. Y lo motiva. Por lo cual estas gentes sencillas responden con toda generosidad al requerimiento de Dios. Requerimiento orientado por nuestro singular misionero.

Ayer, como hoy y mañana, la vida suscita vida. Y la del P. Palau fue todo un reclamo para vigorizar la fe de estas gentes sencillas. Todo un referente para nosotras y para sus seguidores/as.