Pronto, el prelado, traza el programa de misiones preparatorias al jubileo, concedido por los ya referidos documentos vaticanos. Aunque se halla ocupado en la elaboración de su obra: La Iglesia de Dios, figurada por el Espíritu Santo, el P. Palau responde, con prontitud, a la llamada episcopal. Para él la respuesta afirmativa y diligente era cuestión de fidelidad a la Iglesia ¡Obras son amores…! Cierto.

Con la visita pastoral del obispo preparan las misiones diocesanas. En la presente ocasión, el campo asignado a Palau son los populosos centros industriales de Hospitalet, Sans y Sarriá. Arrabales importantes de Barcelona -entonces-.

El P. Palau emprendió las misiones, acompañado por el P. R. Ferrer, ocd, exclaustrado -como él-. Transcurría el otoño de 1864. El prelado escogió a los misioneros por su acreditado celo, ciencia y virtudes -Así lo afirmaba-. Confiaba -sin dudarlo- llevarían a buen término tal ministerio ¡No se equivocó! Con personas de esa calidad, imposible fallaran las previsiones. ¿O me equivoco?.

Obrera y numerosa era la gran masa de la población. Muy numerosa. ¿A qué se debía?. A la continua afluencia de inmigrantes del entorno. Buscaban, con ello, elevar su nivel de vida. Trabajaban en las grandes fábricas de Barcelona. Las mayores del territorio. -Una muestra: La España Industrial. Del servicio a sus trabajadores se encargaron las hermanas, con posterioridad. Así lo refiere la historia. ¿Verdad?-.

Tal vez no pocos de aquellos obreros, años ha, habían sido alumnos de la Escuela de la Virtud. Ahora -como entonces- Palau, predica el mensaje evangèlico: del amor y de la paz. Tanto la anterior como la actual, eran situaciones  críticas  para el país. Razón por la cual un zambullido en el mensaje evangélico, resultaba urgente. Pues tales valores podían orientar y mejorar el entorno ¡Qué duda cabe!

Con especial dedicación, el obispo había preparado, estas misiones, en vista del público al que se dirigían.

Una misión es el termómetro que marca el estado en que se halla la fe en el lugar donde se imparte. Y sus actas son historia de la Iglesia -Profunda visión, la de nuestro protagonista-. Y los suburbios de Barcelona son los que recorrerá nuestra misión -agrega-. ¡Obvio!. Las periferias la necesitan. Y la Iglesia, en no pocas  situacions, ya entonces, se hallaba en salida.

Principiamos en Hospitalet -comenta el P. Palau-. Oímos de nuestro muy celoso prelado un discurso de inauguración, de profunda doctrina. Como conclusión de estas jornadas, impartió la sagrada Comunión a los fieles y nos dirigió una importante plática. –Y prosigue-: A pesar de la lluvia y el lodo que había en las calles, las actividades estuvieron concurridísimas, y ese colectivo dio gran testimonio de su fe. -¡Que habilidad para registrar lo bueno que  percibe!- ¡Todo un referente a seguir!¿No?

De Hospitalet pasamos a Sans -anota-. Al pie de la cruz está la Virgen del Carmen. Ella, patrona de la misión. La espaciosa iglesia quedó pequeña. Con avidez y silencio sepulcral acogieron el mensaje de los enviados de Dios. La plática preparatoria, correspondió a nuestro obispo. Giró en torno a la renovación de las promesas bautismales. Promesas, cimiento en el devenir cristiano posterior ¡Claro-!

Sobre la de Sarriá, sólo sabemos que allí misionaron: Desde Sans nos hemos dirigido a Sarriá -indica, Palau-. Aunque promete informar, no contamos con tal comunicación.

El éxito y frutos de la misión fueron evidentes y notables. Superaron los mejores pronósticos. De ellos se hacía eco el órgano oficial de la diócesis. ¡Acontecimiento de relieve, fue aquél!. Sí sí. Sin embargo, el P. Palau no alude ni al plan ni al método llevado a cabo. Sí centra su atención en los obreros. En sus condiciones propias y peculiares. Ha estudiado y asimilado todos esos factores y sobre ellos dejó caer la Palabra de Dios, para que los fecundara. Para que diera sentido a cualquier situación problemàtica. ¡Buen pedagogo, este hombre!

A todos habla del misterio de Dios-Iglesia, que día a día colma su vida. A todos escucha sus dificultades y esperanzas. De todos recoge esa vida de Dios que se filtra y expresa en la de cada persona: Para nosotros es causa de inexplicable consuelo el entusiasmo religioso de que dió pruebas la población -afirma conmovido-.

La total desaparición de los archivos parroquiales de aquellas poblaciones, durante la contienda de 1936, no nos permite describir el desarrollo de estas misiones. Sabemos, no obstante, que los trabajadores renuevan las promesas bautismales. Sabemos, del entusiasmo con que acogieron la palabra de Dios y de la devoción que profesan a María, en su advocación del Carmen.

Nuevo paso en el recorrido evangélico de este grupo.  Promovido por nuestro insigne misionero.