A la fecunda misión de Ibiza sucede una batería de actividades misioneras en la diócesis de Barcelona. Palau, hombre de probada sintonía con su entorno humano, desarrolla esta espléndida dimensión. Tiene en cuenta la carencia del pueblo en recorrido evangélico. Es consciente, al mismo tiempo, de que él puede paliar -en parte- tal escasez. En la opción influye, de modo preferencial, su amor a la Iglesia perseguida. Porque lo vive, predica el amor. Estimula a vivir en paz. -Siempre ha perseguido ese objetivo- ¿No es cierto? El reconocimiento de misionero apostólico, recibido años ha, es un aliciente para lanzarse a  las misiones populares, con la intensidad y coherencia que le caracterizan. Para Palau, tal reconocimiento supuso, -sin lugar a dudas- un hito en su recorrido vocacional. Lo ha demostrado con creces. ¿Verdad?.

Ante este hecho surge la pregunta, ¿Cómo es que Palau hijo del Carmelo, familia, preferentemente, contemplativa -en aquel momento histórico- lo vemos misionero todo terreno? Actitud normal. Exclaustrado, trata de servir a la Iglesia en cualquier emergencia. De todos modos, no existe antagonismo entre la dimensión contemplativa y la misión. ¿A qué no?

De hecho, nuestro protagonista posee bagaje suficiente para transmitir contenidos evangélicos al pueblo. Al mismo tiempo, sobresale por su testimonio, en esta dimensión. Hombre de honda interioridad se encuentra en condiciones de ofrecerla al entorno. Sí, sí, pues en la interioridad descubrimos el hontanar de la misión. Y por ello, la misión es proporcional a la experiencia espiritual del misionero. Porque -como afirma alguno de nuestros documentos- misión es la dimensión comprometida de la contemplación. Consiste en ofrecer lo que se recibe: la vida de Dios. Y es la que tenemos que acercar a quienes nos rodean. No puede confundirse con tarea. La misión es vida. La tarea no es más que el cauce por donde discurre la misión. ¿Me equivoco?

¿En qué consiste, la misión? En comunicar a los demás que:

  • Dios nos ama entrañablemente
  • Ama a cada uno, con nuestras singularidades
  • Somos hijos de Dios y por tanto hermanos entre nosotros
  • Dios nos quiere felices.

Ni más, ni menos. Eso es lo que comunicó Palau. Y lo hizo con esmero: Mi misión se reduce a anunciar a los pueblos que tú -Iglesia- eres infinitamente bella y amable y a predicarles que te amen. Amor a Dios, amor a los prójimos. Este es el objeto de mi misión”.

Interioridad y misión, en el recorrido vocacional de Palau fueron expresiones relevantes de su espiritualidad. Gozne, también, en el misterio de la Iglesia. ¡Quién lo duda! Hombre contemplativo fue Palau. Hijo del Carmelo, donde la contemplación era y es factor de primer orden. Aunque vivió poco tiempo en el convento, fue un autodidacta en la asimilación del carisma. Por otra parte, tenía grandes posibilidades para interiorizar y buscó lugares y tiempos que favorecieran esa sed que le invadía. Sed de diálogo con Dios y anhelo de profundizar en la vida. Ambas dimensiones le subían desde las raíces de su propia existencia. ¡Admirable!

Sí, Palau fue un gran misionero. Dedicó tiempo y proyectos a los sectores más conflictivos de la Barcelona de su época. Difundió la palabra de Dios en las Islas Baleares, así como en diversos lugares del país. Fue un autorizado portavoz de la palabra de Dios. ¡Cierto!

Equipado con esta armadura, y ante la llamada del obispo, se ofreció a colaborar en las misiones populares. A conducirlas: estimular a los participantes, orientarlos y a acompañarlos.

Es ahora cuando, el interés del obispo de Barcelona, por las misiones, llega a su cima. ¿Cuál fue la causa? La publicación de la Quanta Cura y del Syllabus. Las promulga el papa Pío IX. Y lo hace en 1864.

Ambos documentos dieron lugar a un espléndido jubileo. Como preámbulo, las diócesis españolas vivieron un relevante y fructuoso resurgir de las misiones. Ellas fueron consideradas el medio más idóneo para preparar a los fieles a ganar las indulgencias de la gran celebración. Razón por la cual los años 1864 y 1865 fueron denominados -por los contemporáneos- años de las misiones. Eran tantas las solicitudes de misioneros que no fue posible atenderlas todas. Por ello se prolongaron hasta el año siguiente. Eran otros tiempos, ¿Verdad?

Contemplación y misión. Movimiento de sístole y diástole en la existencia de Palau. Todo un desafío para cualquier creyente y, por supuesto, para cada una de nosotras: sus hijas.