El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; (Lc 4, 18)

Dios nos sorprende de la manera que una menos se espera pero yo le estoy profundamente agradecida “por sus modos” y trato de responder a sus bendiciones con fe y confianza en Quien nunca falla.

Afirmo lo anterior porque recientemente he recibido el nombramiento de Secretaria Nacional del NDCW (Vigilancia Nacional Cristiana Dalit*), como una misión que me otorga la oportunidad de comprometerme en la superación de las estructuras opresivas.

La nuestra es una tarea desafiante que trabaja sobre las medidas discriminatorias que existen todavía, para lograr la justicia y la igualdad. Con la ayuda de Dios, me va a permitir luchar por una sociedad libre de males y con una profunda implicación en la misión solidaria congregacional.

El 23 de enero, casi al final de la “Octava de Oración por la Unidad de los Cristianos”, entre un grupo de siete invitados católicos, se me pidió que expresara mis puntos de vista sobre el papel de la mujer, tema muy querido para mí. Una de las oraciones más poderosas de Jesús en el Evangelio de Juan es ¡Padre! Que todos sean uno como nosotros somos uno. En mi opinión, este es el fundamento de la semana de oración por la unidad. El mismo Cristo debe haber presentido la división ante la variedad de origen y mentalidades entre sus discípulos.

Como religiosa, me centré en el papel de la mujer en la unificación dentro de la Iglesia, entre las distintas denominaciones cristianas. Por un lado, se venera a la Virgen María y a muchas mujeres santas y fundadoras, mientras que por otro, se da la terrible realidad de millones de mujeres entre los grupos sociales más vulnerables. En mi trabajo como misionera he tenido el privilegio de caminar junto a mujeres que atestiguan la violencia, el maltrato y la marginación y de contribuir a su empoderamiento y a realzar su dignidad y su valor, propiciando un cambio en la percepción que la sociedad tiene de ellas y movilizando a cuantos sectores ha sido posible dada mi consagración y misión.

El Papa Francisco viene reclamando que se le otorguen a las mujeres roles más relevantes en el liderazgo de la Iglesia, señalando que “las mujeres han mantenido viva la Iglesia, a través de su notable devoción y profunda fe”. “El genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello se ha de garantizar la presencia de las mujeres en el ámbito laboral y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales”. (Evangelii gaudium 103).

Creo firmemente que toda vida consagrada significa participar en la misión del Señor; la comunidad sin misión se extingue y la misión sin comunidad se consume.

Les pido que me acompañen con sus oraciones en el ejercicio de este nuevo ministerio para que juntas trabajemos por el rol de las mujeres y de los marginados de la sociedad.

Doy las gracias especialmente a Hna. Philomena Menezes, Superiora Provincial, y a su consejo por confiar en mi capacidad y compromiso.

 

Manju Devarapalli, cm

Provincia “San Francisco Javier”India

 

 

NT: Para quienes son extraños a estos términos, “dalit” es la denominación que agrupa a las personas que descienden de las antiguas castas bajas o sin casta del sistema tradicional hindú de castas, erradicado por la Constitución de India. La NDCW es una plataforma nacional iniciada por algunos veteranos líderes cristianos “dalit” de ideas afines: teólogos, profesionales, activistas, tanto mujeres como hombres, que han estado sirviendo a la comunidad “dalit” a través de sus diferentes capacidades y promoviendo cambios sustanciales en la vida de los “dalit”.

 

 

 

 

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