12 DE MAYO de 2019 – DOMINGO IV DE PASCUA

MOTIVACIÓN

¡Aleluya, es Pascua!

El Resucitado sigue consolándonos con su Presencia y llamándonos a miras altas, a seguirle con todo el corazón; cada uno de nosotros, en nuestra propia vocación.

Él nos invita a hacer de nuestra vida un “sí” que nos llene de sentido; un “sí” que sea pleno, convencido y generoso.

Con unas breves palabras, el Evangelio de hoy toca nuestros profundos resortes de intimidad, comunión con Cristo, adhesión y confianza. Pueden ser frases demasiado conocidas, que tengan el peligro de evocarnos imágenes demasiado gastadas; pero la palabra se me dirige de nuevo en este momento de mi historia, en la situación que estoy viviendo, concreta y encarnada. Y he de responder con mi propia decisión, tal y como soy.

Seguimos a Jesús y no queremos echarnos atrás.

Que el Evangelio dé solidez a nuestra respuesta y encontremos en Cristo el descanso que tanto anhelamos.

Del Evangelio de san Juan 10,27-30

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.
Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno».

COMENTARIO ORANTE

La imagen del Buen Pastor y la de las ovejas es una de las más queridas y comentadas del Evangelio a lo largo de los siglos. Quizás en nuestra sociedad tecnificada y llena de solicitudes, se pueden perder los matices existenciales a que hace referencia la palabra de hoy. Pero más allá de símbolos o de atmósferas más o menos cercanas a nuestra sensibilidad, hay realidades que no pasan y que hoy nos siguen animando en el camino cristiano:

  • Dios me conoce.

Quizás yo no me acabo de conocer y de aceptar a mí mismo; tanto da. Pero lo fundante, lo esencial, es que hay un Amor mayor que me conoce y me sostiene. Un Amor para quien soy importante, y que es capaz de interpretar todos mis actos y motivaciones. Alguien que me conoce en lo que realmente soy, y que no me juzga por las apariencias.

  • Dios vela por mí.

No hay peligro ni situación que me pueda arrebatar de su mano. Incluso cuando querría darle la espalda o buscar caminos errados que me alejen de su presencia, tengo la certeza de que Dios no dejará de buscarme, de abrazarme, de hacerme volver a la comunidad. De escuchar mis porqués más íntimos, que a veces ni yo mismo soy capaz de expresar.

  • Puedo escuchar la voz de Dios.

A veces es difícil discernirla entre tantos ruidos, pero Él me asegura que seré capaz de oír su llamada, sus inspiraciones. Y de seguirlas.

Quizás no siempre me sienta con capacidad, pero el camino es más fácil de lo que parece: Cristo va delante abriendo paso, Él nos protege con su cayado, y nos hace entrar en prados verdes, en donde podremos encontrar en Dios mismo el descanso.

En este domingo, podemos descansar el corazón en la promesa de vida eterna que el Resucitado, como Buen Pastor, nos dirige a todos:

«Yo os conozco. Os doy la vida eterna».

Disfrutando ya ahora de la compañía de Cristo y de su silbo amoroso, empezamos ya a gustar desde ahora destellos de eternidad.

PALABRA DE LOS MÍSTICOS

CANTO:

ORACIÓN

Cristo Resucitado,

Tú eres el Buen Pastor

que guía nuestros pasos

por caminos de plenitud y de Vida.

 

A veces no somos conscientes

de tu solicitud por nosotros,

de todo el cariño y el desvelo

con que sigues nuestras decisiones

y de cómo enderezas nuestras rutas

si se tuercen demasiado.

 

Hoy no quiero ser ajeno

ni a tu voz ni a tu llamada.

No quiero empecinarme ya más

en mis rebeldías y caprichos,

pues tu llamada nos conduce a un horizonte grande,

abierto, fraterno;

de intimidad y de Reino.

 

Que cuando me sostengas entre tus brazos

no rehúya tu mirada,

sino que te responda con un “sí” fiel y agradecido.

Sé, Señor, que estoy en las mejores manos.

En tus manos.

 

Ana María Díaz, cm

 


12il MAY 2019 – 4TH SUNDAY OF EASTER

MOTIVATION

¡Alleluia, it is Easter!

The Risen Lord continues to console us with his Presence and by calling us to high aspirations, to follow him with all our hearts; each one of us in our own vocation.

He invites us to make our life a “yes” that fills us with meaning; a “yes” that is total, convinced and generous.

With a few words, today’s Gospel touches our deep resources of intimacy, communion with Christ, adherence and trust. They can be phrases that are too well known, that have the danger of evoking images that are too worn out; but the word is addressed to me again in this moment of my history, in the concrete and incarnated situation that I am living now. And I have to answer with my own decision, just as I am.

We follow Jesus and do not want to back down.

May the Gospel give wholeness to our response and let us find in Christ the rest we so long for.

FROM THE GOSPEL OF JOHN 10:27-30

At that time, Jesus said:

«My sheep listen to my voice, and I know them, and they follow me, and I give them eternal life; they will not perish forever, and no one will snatch them out of my hand.

What my Father has given me is more than all things, and no one can take anything away from my Father’s hand.

My Father and I are one».

REFLECTION

The image of the Good Shepherd and that of the sheep is one of the most cherished and commented of the Gospel throughout the centuries. Perhaps in our society, so technical and full of invitation, one can miss the existential tones referred to in today’s word. But beyond symbols or environments more or less close to our sensibility, there are realities that are never outdated and that today continue to animate us in the Christian journey:

  • God knows me.

Maybe I never get to know and accept myself well enough; never mind. The basic, the essential, is that there is a greater Love that knows me and sustains me. A Love for who I am important, and who is able to interpret all my actions and motivations. Someone who knows me in what I really am, and who does not judge me by appearances.

  • God watches over me.

There is no danger or situation that can snatch me from his hand. Even when I would like to turn my back on him or look for mistaken ways that lead me away from his presence, I am certain that God will not stop looking for me, embracing me, making me return to the community. He will not stop to listen to my most intimate “whys”, which sometimes I myself cannot express.

  • I can hear the voice of God.

Sometimes it is difficult to discern it among so many noises, but He assures me that I will be able to hear his call, his inspirations, and to follow them.

Perhaps I do not always feel capable, but the way is easier than it seems: Christ goes ahead, opening the way, He protects us with his staff, and makes us enter green meadows, where we can find rest in God.

On this Sunday, we can keep our hearts in peace on the promise of eternal life that the Risen One, as Good Shepherd, addresses to all:

«I know you. I give you eternal life ».

Now, enjoying the company of Christ and his loving call, we begin to delight in some flashes of eternity.

A WORD FROM THE MYSTICS

SONG:

PRAYER

Risen Christ,

You are the Good Shepherd

that guides our steps

through paths of fulfilment and Life.

 

Sometimes we are not aware

of your care for us,

of all the affection and concern

with which you follow our decisions

and how you straighten our routes

if they twist too much.

 

Today I do not want to be strange

to your voice or to your call.

I do not want to stubbornly remain any longer

in my rebellions and whims,

because your call leads us to a wide horizon,

one that is open, fraternal;

one of intimacy and of Kingdom.

 

When you hold me in your arms

may I not shun your gaze,

but may I respond with a faithful and grateful “yes”.

I know, Lord, that I am in the best of hands:

In your hands.

Ana María Díaz, cm

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