MIÉRCOLES VII DE PASCUA
MOTIVACIÓN
En el mismo contexto de ayer, Cristo sigue orando al Padre, y no deja de hacerlo por nosotros.
Él desea nuestra alegría, pero no nos quiere reconcentrados en el calor cómodo de nuestras propias comunidades y grupos de fe. Jesús nos da su palabra como anuncio y tesoro, y nos invita a salir.
El mundo nos espera, pero no son sus valores los que nos pueden llenar de profunda alegría.
Cristo mismo sabe de riesgos y tentaciones, pero no nos evita la prueba que nos hace fuertes, sino que ruega al Padre que nos «libre del enemigo».
Cristo ora por nosotros y pide al Padre que nos santifique en la Verdad.
Él es la única Verdad, Camino y Vida.
En medio del mundo, nos ponemos en camino hacia Dios.

Del Evangelio de san Juan 17,11b-19 
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo:
«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida.
Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad».
 
COMENTARIO ORANTE
Hay alegrías pasajeras, y otras que son capaces de colmar toda una vida.
La de Cristo, la que Él desea para todos nosotros, es una alegría cumplida, rebosante, distinta a tantas otras que hemos gustado.
La alegría de vivir en Cristo, lleva el sello de la comunión.
El Señor ora al Padre por nosotros, y nos ruega que guardemos la unidad, la comunión con Dios mismo, como signo silencioso de nuestra fe ante todos.
Hoy podemos meditar nuestra acogida a los dones del Señor: Él nos ha dado su palabra, nos ha visitado con su presencia, nos ha guardado en el Padre, nos santifica y nos envía.
¿Pienso, quizás, que todos esos dones son para otros y no para mí?
¿Cómo respondo ante tanto derroche de atenciones y de Gracia?
Señor Jesús, Tú que vives en el Padre, en la comunión del Espíritu,
sigue santificándonos en la verdad.
 
ORACIÓN
Señor Jesús:
en tu vida sencilla en Nazaret,
y en el tiempo de tus caminos y ministerio,
no nos dábamos cuenta
de que tu amor personal por nosotros,
ya estaba vivo y activo.
 
Tú estabas rodeado por unos pocos,
pero en tu corazón ya estaba latiendo
la humanidad entera.
En tu oración íntima con el Padre.
no te quedabas en un intimismo estéril,
sino que ya nos presentabas a todos
para ser introducidos en vuestra espiral de amor,
de comunión, de verdad y de envío.
 
Tu amor para con nosotros, Señor Jesús,
nos hace desbordar de alegría.
Es tu oración un modelo para nosotros;
enséñanos a decir en verdad: «Padre Nuestro»
 
Ana María Díaz, cm


5th JUNE 2019 – 7th WENESDAY OF EASTER
 MOTIVATION
In the same context as yesterday, Christ continues to pray to the Father, and does not stop doing so for us.
He desires our joy, but he does not want us to be centred in the comfortable warmth of our own communities and faith groups. Jesus gives us his word as an announcement and treasure, and invites us to go forth.
The world awaits us, but it is not its values that can fill us with profound joy.
Christ himself knows risks and temptations, but he does not avoid the trials that make us strong; yet, he asks the Father to “free us from the enemy”.
Christ prays for us and asks the Father to sanctify us in the Truth.
He is the only Truth, the Way and the Life.
In the midst of the world, we are on our way to God.

FROM THE GOSPEL OF John 17:11b-19
Raising his eyes to Heaven, Jesus prayed saying:
 “Holy Father, protect them by the power of your name, the name you gave me, so that they may be one as we are one. While I was with them, I protected them and kept them safe by that name you gave me. None has been lost except the one doomed to destruction so that Scripture would be fulfilled.
“I am coming to you now, but I say these things while I am still in the world, so that they may have the full measure of my joy within them. I have given them your word and the world has hated them, for they are not of the world any more than I am of the world. My prayer is not that you take them out of the world but that you protect them from the evil one. They are not of the world, even as I am not of it. Sanctify them by the truth; your word is truth. As you sent me into the world, I have sent them into the world. For them I sanctify myself, that they too may be truly sanctified.”

REFLECTION
There are passing joys, and others that are capable of fulfilling a lifetime.
The one of Christ, the one that He wants for all of us, is a fulfilling, overflowing joy, different from so many others that we may have enjoyed.

The joy of living in Christ carries the seal of communion.
The Lord prays to the Father for us, and he asks us to keep united, in communion with God himself, as a silent sign of our faith before all.

Today we can meditate on our welcome to the gifts of the Lord: He has given us his word, he has visited us with his presence, he has kept us in the Father, he sanctifies us and he sends us.
Do I think, perhaps, that all those gifts are for others and not for me?
How do I respond to so much abundance of attention and Grace?
Lord Jesus, you who live in the Father, in the communion of the Spirit,
keep sanctifying us in the truth.

PRAYER
Lord Jesus:
in your simple life in Nazareth,
and in the time of your journeys and ministry,
we did not realize
that your personal love for us
already was alive and active.
 
You were surrounded by a few,
but the whole of humanity
was already beating in your heart.
In your intimate prayer with the Father,
you did not stay in a sterile closeness,
but you already presented us all
to be introduced in your spiral of love,
of communion, of truth and of mission.
 
Your love for us, Lord Jesus,
makes us overflow with joy.
Your prayer is a model for us;
teach us to truly say: «Our Father»
 Ana María Díaz, cm

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