¡Buenos días!, hermanos, hermanas:

Todavía no me expreso bien en español, por eso prefiero dar mi testimonio por escrito. Lo leeré.

Soy Jacinta Lee, de Corea del Sur. La última de 8 hermanos. Mi madre que era católica quiso que me bautizaran y me llevaba con ella a la Iglesia. Desde niña pensé en hacerme religiosa, porque las hermanas de la parroquia siempre me invitaban.

Los católicos coreanos representan el 12%. Personalmente, desde adolescente,  estaba muy contenta de ser católica. Agradezco a mi madre por haberme bautizado y así se lo comuniqué a ella.

Cuando era estudiante ayudaba mucho en la Iglesia, en diferentes grupos: Focolare, Legión de María, colaboraba como catequista, liturgista, grupo de jóvenes, visitas a enfermos de lepra. Siempre tuve la esperanza de poder ser religiosa.

Después de graduarme como maestra de Kindergarten, me empleé en el parvulario de una Congregación Religiosa, a la vez que asistía a los encuentros vocacionales de otra Congregación.

Por otro lado, también quería casarme, porque amo mucho a los niños y además, tenía el sueño de formar una familia cristiana. De modo que quería discernir cuál era la voluntad de Dios para mí. Durante este tiempo, tenía Misa vespertina y adoración a la Eucaristía varias veces después del trabajo.

Estoy profundamente agradecida por las muchas gracias que Dios me ha dado hasta ahora. Con este corazón agradecido, confirmé mi deseo de consagrarme completamente a Dios, que había sembrado en mí las semillas de la vocación religiosa desde niña. Si me casaba, me dedicaría a mi familia, pero quería que Dios me tomara como instrumento suyo, como Él quisiera.

Por esa época conocí a las CM que colaboraban en mi parroquia. Me fascinó la espiritualidad que busca no sólo la actividad pastoral, sino también una vida de oración completa. Decidí ingresar en las CM en septiembre de 1990.

Estoy feliz y agradecida por mi vida consagrada, que he vivido  durante más de 30 años. Cuando tenía 40 años, atravesé una crisis debido a mi deseo de casarme. Esta experiencia me ayudó a comprenderme más profundamente y a valorar más el sentido de mi vida consagrada.

El Carmelo Misionero fundado en Cataluña por el Beato Francisco Palau llegó hasta el lejano país de Corea del Sur por la Providencia de Dios. Este año estamos celebrando el 46 aniversario. Las dos Hermanas españolas, fundadoras, aún viven en Corea. Gracias a estas valientes hermanas, yo también me hice Carmelita Misionera y estoy aquí, enviada a la misión. Y aquí, entrego todos los talentos que Dios me ha dado y vivo en mi Comunidad de “Santa Cruz de Vallcarca”, desde donde: visito la comunidad de Hermanas enfermas de nuestra Casa Madre para animarlas; sirvo como voluntaria en el comedor social; colaboro en el coro de la parroquia; participo en alguna actividad pastoral en nuestra residencia “Solarium” y estudio español.

Y… ¡Qué sorpresa! Estoy en un lugar donde los pasos y el espíritu del Padre Palau todavía se sienten y donde permanece vivo el espíritu de tantas Hermanas que vivieron su fidelidad vocacional antes que yo. ¡Este es un gran regalo en mi vida! Por eso, agradezco mucho a Dios y a mi Congregación todo lo que he vivido.

Manteniendo este agradecimiento, me gustaría seguir aprendiendo y viviendo la entrega de amor y servicio a la Iglesia, como nos legó en el Carisma nuestro Fundador, Francisco Palau.

También agradezco a Mosén Juan esta oportunidad de compartir algo de la experiencia de mi seguimiento a Jesús, como Carmelita Misionera. ¡Muchas gracias!

Y ¡GRACIAS A TODOS, TODAS POR ESCUCHARME!

Hna. Jacinta Lee, cm

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