Estoy concluyendo mi visita a las Hermanas Carmelitas Misioneras de la India, con la celebración de la Eucaristía, la gran acción de gracias a Dios por el gran don que nos ha revelado en su Hijo Jesucristo, muerto y resucitado. A su luz quiero elevar mi acción de gracias al Señor, por este encuentro que he podido vivir siguiendo las huelas de santa Teresa que llenó de su carisma a mi tía Aurora y que ella con su testimonio de vida me hizo partícipe.

Bajo la guía del Espíritu Santo, he realizado un camino tejido de escucha y discernimiento comunitario con las hermanas de la India, que ha alcanzado una mayor intensidad en este encuentro, promesa de una misión que tendrá su continuidad con un profundo agradecimiento, es expresión de la Iglesia que me incita cada día a ser la andariega de Dios, redescubriendo continuamente mi vocación a la santidad y a la misión evangelizadora.

“Es de bien nacidos ser agradecidos”. Por eso quiero expresar mi gratitud a todas nuestras hermanas de las Provincias de Colombia, de España y de la India que han puesto en mi corazón poder realizar este viaje.

Se afirma que “el agradecimiento es la memoria del corazón”. Por eso, aunque no he querido mencionar ningún nombre concreto, mi agradecimiento a todas las hermanas lo llevaré grabado en mi corazón. El Padre del Amor, nuestro Dios, que conoce todo este esfuerzo y nuestra Madre y Reina del Carmelo premie su acogida y el testimonio de entrega desinteresada.

A todas y cada una, ¡MIL GRACIAS!.

María Esperanza Castillo Gutiérrez

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