VIERNES III DE PASCUA
MOTIVACIÓN
Abro hoy mi ser a la palabra, sabiendo que el Señor me hará descubrir aquello que hoy estoy necesitando escuchar de sus labios; lo que puede sostener mi vida y mi camino.
El mensaje de bienaventuranza que estoy necesitando.
Hoy volveremos a escuchar palabras que nos interpelan, algunas demasiado sabidas y a las que podemos acostumbrarnos fácilmente, pero tan profundas en su contenido, que si nos detenemos en ellas, son capaces de rehacernos por dentro y de colmar nuestras esperanzas de un futuro nuevo.
En el camino de la Pascua, el Señor vuelve a colmarnos con su mismo ser; el que se nos entrega como Vida y alimento.

Del Evangelio de san Juan 6,52-59
En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
    «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
    «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

COMENTARIO ORANTE
La palabra de hoy recoge el estupor y la sorpresa que vivieron muchos de los que en el inicio recibieron el anuncio de la Pascua, y la proclamación de Cristo como Señor.
«Tomad y comed. Esto es mi Cuerpo»
«Tomad y bebed. Ésta es mi sangre»
Al escuchar estas palabras profundas -que Cristo quiso dejarnos como legado, en la noche en que nos entregó su propio ser antes de ser elevado en la Cruz-, sentimos el mismo estupor y sorpresa que vivieron sus mismos discípulos, y resuena también en ellas un eco de la extrañeza de muchos de nuestros contemporáneos.
¿Puede el Pan y el Vino sostener nuestra existencia?
¿Ser el más sólido de los alimentos?
Hoy se nos impone rebosar de gracias ante el Señor por el don de la fe; por su detalle delicado de querérsenos dar del todo y para siempre. De poder experimentar que su misma vida nos es alimento cierto; y de reconocer que sin Él, vagamos famélicos y estériles.
Hoy nos sale del corazón una acción de gracias profunda por aquellos que nos han iniciado en la fe, por los que con su ejemplo y paciencia nos han hecho apreciar y entender el don inmenso del Cuerpo y la Sangre de Cristo; Vida verdadera que se nos ofrece a nuestra libertad calladamente, y a diario.
Es ese Pan partido y Sangre derramada que nos impulsa a ser también nosotros pan y hogar para los demás.

PALABRA DE LOS MÍSTICOS
CANTO:
ORACIÓN
«El que come mi carne y bebe mi sangre
habita en mí y yo en él»
Ante la profundidad de estas palabras, Jesús,
deseo estar atento a tu presencia callada
en mí y en mis hermanos;
poder vivir no en la dispersión de las prisas,
sino en la consciencia de Quien me habita por dentro;
y tratar también a los demás
sabiendo que son receptáculos
de tu misterio.
Que al recibirte en mí, Señor,
celebre con gozo la alianza eterna
de Dios con su pueblo,
el festín que a todos nos convoca.
El Pan que nos sustenta y nos hace nuevos.
Es con tu Cuerpo y con tu Sangre, Señor,
que deseamos construir
y comprometernos con tu Reino.
Ana María Díaz, cm


 MAY 10, 2019 – FRIDAY OF THE THIRD WEEK OF EASTER
MOTIVATION
Today, I open my being to His word, knowing that He will make me discover what I need to hear from his lips and that can sustain my life and my journey.
The message of the Beatitudes that I need.
Once again, let us listen to His challenging words for which some are too well-known and that we can easily get used to, but so deep in its content that if we pause for a moment, it will renew our interiority and fill our hopes for a new future.
On the path of Easter, the Lord fills us once more with his very being; He who offers himself as Life and nourishment.

From the Gospel of John 6, 52-59
The Jews then disputed among themselves, saying,
“How can this man give us his flesh to eat?”
So, Jesus said to them,
“Very truly, I tell you, unless you eat the flesh of the Son of Man and drink his blood, you have no life in you. Those who eat my flesh and drink my blood have eternal life, and I will raise them up on the last day; for my flesh is true food and my blood is true drink. Those who eat my flesh and drink my blood abide in me, and I in them.
Just as the living Father sent me, and I live because of the Father, so whoever eats me will live because of me.”
This is the bread that came down from heaven: not like that of your fathers, who ate it and died; he who eats this bread will live forever. ”
Jesus said this in the synagogue when he was teaching in Capernaum.

REFLECTION
Today’s word reflects the stupor and surprise of those who experienced at the moment they received the announcement of Easter and the proclamation of Christ as Lord.
«Take and eat. This is my Body »
«Take and drink. This is my blood »
Listening to these profound words that Christ wishes to leave as a legacy for us, on the night when he gave us his own being before he was raised on the Cross-, we feel the same stupor and surprise that his disciples experienced, and also resounds in them an echo of the strangeness felt by many of our contemporaries.
Can the Bread and Wine sustain our existence?
Is it the most solid of all the foods?
Today we are overwhelmed with thanksgiving before the Lord for the gift of faith; for its delicate detail of wanting to give us everything and forever. To experience that his very life is real food for us; and to recognize that without Him, we wander famished and useless.
Today, a deep thanksgiving from the heart for those who have initiated us in the faith with their example and patience which have made us appreciate and understand the immense gift of the Body and Blood of Christ; a True Life offered for our freedom silently and every day.
It is this broken Bread and spilled Blood that impels us to be also bread and home for others.

WORD OF THE MYSTICS
SONG:
PRAYER
«He who eats my flesh and drinks my blood
dwells in me and I in him »
From the depth of these words, Jesus,
I want to be attentive to your silent presence
in me and in my brothers;
able to live not in the dispersion of haste,
but in the consciousness of Who is dwelling within me;
and treat others
knowing that they are vessels
of your mystery.
That taking you in me, Lord,
I may celebrate with joy His eternal covenant
with his people,
the banquet that calls us all.
The Bread that sustains us and makes us new.
It is with your Body and with your Blood, Lord,
that we want to build
and commit to your Kingdom.
Ana María Díaz, cm
 

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