Y tú mujer afortunada, que has recibido todo, comparte con tus hermanos los dones que el Señor te ha ofrecido en su generosidad.
¡No dudes más, es ahora o nunca.!
Que María nuestra Madre, nos acompañe para que, como Ella, sepamos estar atentas a los signos de los tiempos y responder con una actitud dócil y gozosa.
Abre tus brazos y tu corazón: escucha el palpitar angustiado de los hombres, intuye su dolor y sal, con la fuerza viva que ha impregnado en ti Francisco Palau, a defender la justicia y el derecho, para que logremos un mundo en paz.
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El Magníficat de la "Missa Quilombo"
María, Nuestra Señora, Madre de Cristo y Madre de los hombres.
María, Madre de los hombres de todas las razas, de todos los colores, de todos los rincones de la tierra.
Pide a tu Hijo que esta fiesta no se acabe aquí:
la marcha final será hermosa de vivirla.
Pero es importante, María, que la Iglesia de tu Hijo
no se quede en palabras, no se quede en aplausos.
Lo que importa es que la Conferencia Episcopal
se comprometa de lleno con la causa de los negros.
Como se comprometió de lleno en la Pastoral de la Tierra y en la causa de los indios.
No basta pedir perdón por las equivocaciones de ayer;
es necesario acertar el camino de hoy sin preocuparnos por lo que dirán.
Es claro que dirán, María, que esto es política,
que es subversión, que es comunismo. Es el Evangelio de Cristo, Maria.
Maria, Madre querida, el problema de los negros
acaba envolviendo todos los grandes problemas humanos,
con todas las absurditades contra la humanidad,
con todas las injusticias y opresiones.
María, que se acabe, pero ahora mismo, la maldita fabricación de armas;
lo que el mundo necesita es fabricar la Paz.
Basta de injusticia: unos sin saber qué hacer con tanta tierra
y millones sin un palmo de tierra donde vivir
Basta de unos que tienen que vomitar para poder comer más y 50 millones muriéndose de hambre en un solo año.
Basta de unos con empresas extendidas por todo el mundo, y millones sin un lugar donde ganarse el pan cada día.
María, nuestra Señora, Madre querida, no es preciso ir tan lejos como en tu himno:
no es preciso que los ricos salgan con las manos vacías y los pobres con las manos llenas.
Ni pobre ni rico.
Nada que esclavo de hoy sea señor de esclavos mañana: basta de esclavos.
Un mundo sin señor y sin esclavos, un mundo de hermanos.
De hermanos, no sólo de nombre y de mentira, de Hermanos de verdad, María.
D. Helder Camara
Brasil – 1981
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