
“LA JUSTICIA, EXPRESION DE LA RENOVADA OPCION POR LOS POBRES”.
Vivimos en Perú y en América Latina una situación de creciente deterioro en la vida cotidiana de los pobres, las diferencias económicas y sociales se hacen cada vez más abismales, por momentos sentimos que muere también la esperanza de un pueblo. En nuestro Continente se dan los mayores índices de exclusión, violencia e injusticia; coexisten maneras distintas de aplicar justicia para ricos y pobres y en Perú, ésto se da con mayor incidencia en mujeres y niños pobres de zonas rurales.
Las Carmelitas Misioneras, nos ubicamos en el distrito de Quellouno, al Sur -Este de la Capital de la Provincia de la Convención, departamento de Cusco-Perú. La población, está constituida por tres culturas marcadas; la Quechua-Andina, la Mestiza y la cultura nativa de los Machiguengas, actualmente está considerada en extrema pobreza, debido a su alto índice de desnutrición infantil y necesidades básicas insatisfechas. En este medio rural, no hay instituciones involucradas en la solución de estos problemas.

En medio de esta compleja realidad, las Carmelitas Misioneras, acogiendo la propuesta de nuestros Documentos Capitulares, tanto General como Provincial, asumimos la necesidad de “revitalizar nuestro compromiso por la justicia, trabajando preferentemente a favor de la mujer, para dar respuestas evangélicas a los desafíos de la realidad”, previo un discernimiento y vistas las posibilidades reales de respuesta pastoral, decidimos la creación de la Oficina de Defensoría Parroquial de Derechos Humanos, la misma que se abrió en nuestra parroquia “Virgen del Carmen” bajo la Dirección de las Carmelitas Misioneras, en el año 2001.
La defensoría impulsa algunos objetivos como:
Promover una cultura de vida, defendiendo y respetando “la vida humana como Don de Dios y tarea humana” desde su concepción, haciendo uso de los medios legales existentes en nuestra normatividad peruana y universal.
Defender y proteger legalmente a la mujer en casos de abandono, maltrato físico, psicológico, violaciones y otros. Amparar a toda persona que es víctima y sufre cualquier atropello contra su dignidad y derechos.
Defender y proteger al niño y adolescente en abandono moral y material a causa de la violencia familiar y/ o cualquier tipo de maltrato.
Fomentar y promover en toda la población, el conocimiento, respeto, defensa y práctica de los derechos humanos.
Trabajar en coordinación con personas e Instituciones con fines similares a nivel nacional.
La experiencia de trabajo durante estos ocho años de labor ininterrumpida, ha dado algunos frutos de justicia, gracias al empeño de los diversos profesionales en derecho que han aportado no sólo sus conocimientos sino su testimonio de compromiso cristiano en la causa de los más desfavorecidos, así tenemos:
Entre los casos más frecuentes que se presentan tenemos:
- Casos de violencia familiar, en agravio de la mujer y los niños menores
- Abandono moral y material de menores.
- Procesos de alimentos, seguido al abandono del hogar generalmente en varones.
- Procesos de violación sexual, en su mayor parte en agravio de menores.
- Casos de usurpación de tierras, en perjuicio de los campesinos más pobres sobre todo en analfabetos o indocumentados.
- Procesos de violación de la libertad sexual,
- Inscripción extemporánea de partida de nacimiento de mayores y menores de edad.
- En los casos de menor incidencia están los homicidios y agresiones físicas y sicológicas dentro del hogar.
Estos “casos” en realidad desvelan situaciones dramáticas, que involucran todo un contexto de olvido, marginación y exclusión de los pobres. Así como también descubren la presencia de un Dios que clama justicia y solidaridad en rostros concretos. Sentimos que la Buena Nueva del Reino, se va dando en la medida que las personas van encontrando apoyo y solución a los conflictos que las atormentan, en la medida que se descubren portadores de dignidad, protección y amor. En definitiva sólo el amor reestructura a las personas desde dentro, abriéndoles horizontes de valor, responsabilidad y compromiso. Para nosotras vivir y permanecer junto a los pobres en un modo evangélico de vida, va suponiendo desarrollar la mística del “permanecer” (aún cuando algunos abandonan o nadie quiere ir, permanecer contra toda esperanza) se trata de la forma cristiana de hacerse pobre con los pobres, afirmando la vida y la dignidad humana como sagrada e inviolable.

También contamos con un área de extensión del servicio a nivel de charlas y formación en los Derechos Humanos, particularmente en coordinación con el Colegio Estatal “José Olaya”, donde una hermana labora y es miembro de la Comisión de la Defensoría del Adolescente; se está capacitando a los adolescentes en la defensa y promoción de sus deberes y derechos, con la finalidad de que sean “líderes-vigías de los Derechos Humanos” en sus aulas. Asimismo tenemos los Promotores de los Derechos Humanos, son campesinos que desde sus comunidades se capacitan y promueven sus derechos; su labor es un voluntariado permanente que redunda en bien de sus comunidades campesinas.
Es nuestro deseo dar un paso más en este camino de identidad progresiva con Jesús y su proyecto del Reino en el contexto histórico concreto en el que nos encontramos.
Comunidad “El Vedrá”- Quellouno- Cusco- Perú.
Detallamos el testimonio de una promotora que relata su experiencia de trabajo.
Testimonio
“Mi nombre es Delfina; desde hace algunos años tengo la alegría grande de formar parte del Equipo Pastoral de mi Parroquia, ocupando varios cargos; en la actualidad me estoy desempeñando como Promotora de Derechos Humanos de mi zona del Valle de Chirumbia. Lo que voy a compartirles es sobre mi experiencia de trabajo en esta grata tarea de la defensa de los derechos humanos, en el ámbito rural campesino de mi Parroquia de Quellouno.
Desde hace varios años voy participando activamente en el quehacer pastoral de la Parroquia, como laica comprometida. Procedo de una comunidad campesina muy pobre y con serios problemas, como es Chahuares. Actualmente radico en la comunidad de Platanal del Valle de Chirumbia; tengo mi familia establecida en esa zona: mi esposo y mis dos hijos en edad escolar. Gracias a la cercanía y testimonio de trabajo de mis asesores como las Carmelitas Misioneras, he sentido esa vocación de servicio a mi comunidad, primero como Coordinadora, Preparadora de sacramentos y en la actualidad como Promotora de DD.HH.
En un mundo donde el machismo está fuertemente enraizado, no es nada fácil llevar adelante esta misión; aún somos pocas mujeres en esta área de trabajo pastoral, pero lo hacemos con valentía y decisión. Tenemos un gran respaldo de la Parroquia en todo momento y, por supuesto, de la Defensoría Parroquial. Esta oficina está siendo atendida, desde su fundación, por las Carmelitas Misionerasy un abogado profesional que atiende todos los casos en Quellouno. Todas las atenciones son totalmente gratuitas. Durante el año realizamos varios cursos- taller de capacitación en todo lo referente a Derechos Humanos y a las leyes que tienen implicancia directa con las denuncias que hacemos. En nuestras comunidades somos reconocidos como autoridades para hacer respetar y cumplir los derechos fundamentales de toda persona y su dignidad de hijos de Dios. Hay muchos abusos en contra de los más pobres y humildes, así como el maltrato de la mujer y de los niños; como siempre, el débil es afectado y es víctima de toda injusticia.
Como promotoras, hemos hecho un sin número de denuncias; algunos responsables de abusos, en este momento están purgando su pena en la cárcel de Quillabamba. Toda denuncia la hacemos al Sacerdote y él la canaliza a través de la defensoría y sus contactos con el poder judicial. Inclusive delitos que la policía no podía investigar, o simplemente no querían ejecutarlo, hemos llegado a descubrirlos, tales como crímenes cuyo autor se paseaba alegremente, amenazando con matar a los que se metían con él, por el hecho de que la víctima era una persona muy pobre y sin familiares. Muchos maltratos contra la mujer hemos tenido que denunciar, primeramente haciendo tomar conciencia a las mujeres maltratadas en su dignidad de mujer y de que tenían que denunciar sin miedo. También los abusos de autoridad, ya sea por parte de los policías, el juez de paz, tenientes gobernadores, profesores, etc.
Cuando tenemos reuniones en la comunidad siempre aprovechamos para dar charlas sobre el respeto a los derechos humanos. En un primer momento había fuerte resistencia por parte de los hombres, pero ahora, poco a poco, van aceptando que las mujeres también estamos suficientemente capacitadas para llevar adelante esta misión. Tenemos el gran apoyo de nuestra familia; por ejemplo mi esposo me acompaña a todas las reuniones y charlas. El trabajo es bonito y gratificante si uno lo realiza con fe y voluntad. Yo agradezco a nuestras asesoras que hayan confiado esta tarea evangelizadora en mi persona, pues, ellas no nos marginan a las mujeres para nada, y estoy aprendiendo mucho.
Así pues, nuestro compromiso misionero de laicos, es trabajar en la Viña del Señor como obreros y mujeres valientes, por la realización del Reino de Dios en el hoy, siendo protagonistas eficaces en la transformación de este mundo, es decir, luchando por la liberación, la salvación para construir entre todos un nuevo mundo de Justicia, de Verdad, de Paz, de Amor, donde haya pan, educación, salud y libertad para todos; donde sólo exista una raza: “la raza humana”; donde no haya discriminación por color de piel, por condición social, por el sexo; donde no haya más pobreza a costa de la corrupción estructurada a todo nivel.
Cristo Jesús es el primero que sufrió todo tipo de marginación y exclusión, por querer grabar en el corazón de cada hombre y mujer la ley del amor; entonces es Él quien camina junto a nosotros, en defensa de sus hermanos que no encuentran justicia.
Debo manifestarles, en honor a la verdad, que mucha gente pobre que no alcanzaba justicia, que ni siquiera era escuchada por las autoridades, ahora ya encuentran justicia, ya hacen escuchar su voz; por todo ello, la gente está sumamente agradecida a la Parroquia, sobre todo a las Carmelitas Misioneras que, con mucha paciencia, los acompañan ante las autoridades del poder judicial. Los pobres ya tienen alguien que los haga respetar, ya acuden con confianza a la Parroquia porque saben que hay una mano que los va a ayudar”.
Sra. Delfina Álvarez Illanes.
(Promotora de Derechos Humanos de la Oficina de la Defensoría Parroquial – DD.HH).
Comunidad “El Vedrá”, Quellouno - Cusco - Perú.