La formación es ofrecimiento de un estilo de vida, y receptividad creativa: propuesta y asimilación personal
"La llamada y la acción de Dios, como su amor, son siempre nuevos; las situaciones históricas no se repiten jamás. El llamado está, pues, continuamente invitado a dar una respuesta atenta, nueva y responsable".
La formación, para la Carmelita Misionera, es el proceso que inspira, estimula y orienta el crecimiento vocacional de la persona y le ayuda a desarrollar la capacidad de asumir y realizar la propia identidad con opciones libres y responsables. Así concebida la formación se convierte en el compromiso vocacional de la Carmelita Misionera que, a partir de una elección motivada y responsable, se mantiene permanentemente abierta a la gracia inicial, a la creatividad de Dios y a las exigencias siempre nuevas de la Iglesia en su historia salvífica.
Etapas formativas
En esta etapa, la joven siente una variedad de inquietudes, sensaciones y emociones; ve en sí misma y en su realidad una serie de hechos concretos; a través de ellos logra intuir y ser consciente de que existe la posibilidad de una llamada.
La joven vive una experiencia de búsqueda, en una dinámica de admiración y duda. A partir de un conocimiento más directo de las hermanas, de la Congregación y de un discernimiento sobre su propia vida, reune los elementos que le permiten confirmar su llamada a seguir a Jesús en el Carmelo Misionero.
La joven en este momento inicia la vida religiosa propiamente dicha. Se integra en la comunidad del noviciado. Se introduce en nuestro estilo de vida. En estudio-oración-reflexión, fundamenta la llamada. Interioriza toda la experiencia y se dispone para hacer la opción por Jesús en el Carmelo Misionero.
En esta etapa, la hermana fundamenta su opción vocacional. Profundiza los contenidos, experimenta el carisma, se incorpora más plenamente en la vida y misión de la Congregación y va integrando todos estos elementos, capacitándose para la opción definitiva llamada Votos Perpetuos.
Esta etapa va desde la profesión perpetua hasta el final de la vida. En ella, la hermana testimonia con fuerza y vigor, los valores de su vocación y la pertenencia a la Congregación. Al mismo tiempo, desarrolla y recrea una dinámica de conversión que la lleva a configurarse con la persona de Jesús y el misterio de la Iglesia, en progresiva armonía de todo su ser hasta alcanzar la plenitud vocacional.