La formación, para la Carmelita Misionera, es el proceso que inspira, estimula y orienta el crecimiento vocacional de la persona y le ayuda a desarrollar la capacidad de asumir y realizar la propia identidad con opciones libres y responsables. Así concebida la formación se convierte en el compromiso vocacional de la Carmelita Misionera que, a partir de una elección motivada y responsable, se mantiene permanentemente abierta a la gracia inicial, a la creatividad de Dios y a las exigencias siempre nuevas de la Iglesia en su historia salvífica.

 

ETAPAS FORMATIVAS

En esta etapa, la joven siente una variedad de inquietudes, sensaciones y emociones; ve en sí misma y en su realidad una serie de hechos concretos; a través de ellos logra intuir y ser consciente de que existe la posibilidad de una llamada.

 

La joven vive una experiencia de búsqueda, en una dinámica de admiración y duda. A partir de un conocimiento más directo de las hermanas, de la Congregación y de un discernimiento sobre su propia vida, reune los elementos que le permiten confirmar su llamada a seguir a Jesús en el Carmelo Misionero.

 

"Mi juventud pasó como una sombra sin conocerte ... y fui al claustro, por si acaso allí te encontrara"...

Francisco Palau

Es un espacio propicio para que tanto la joven que llega a nuestra Congregación, así como cada una de nosotras, clarifiquemos en la presencia del Señor, la autenticidad de la llamada.

En este momento de su vida, la joven adquiere un mayor conocimiento de la persona de Jesús, recibe contenidos sobre vida cristiana que le ayudan a clarificar su experiencia vocacional, conoce a María como la Mujer del Sí y va aprendiendo a hacer una lectura crítica de la realidad social así como prácticas sencillas de discernimiento.

Se le brinda un espacio para la iniciación en vida comunitaria con actitudes de apertura y diálogo, y se le ofrece la posibilidad de estar en contacto con el estilo de acción Pastoral de las Carmelitas Misioneras

 

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La joven en este momento inicia la vida religiosa propiamente dicha. Se integra en la comunidad del noviciado. Se introduce en nuestro estilo de vida. En estudio-oración-reflexión, fundamenta la llamada. Interioriza toda la experiencia y se dispone para hacer la opción por Jesús en el Carmelo Misionero.

 

 

En este momento, ofrecemos a la joven una experiencia de vida consagrada para que fundamente su llamada y se prepare para la OPCION del seguimiento de Jesús.

Es un espacio propicio para vivenciar con mayor dinamismo el llamado de Jesús; experimentar en ambiente fraterno, los votos, la fuerza de la comunión y el sentido de la misión.

La novicia va dando pasos en la oración como "trato de amistad" con quien sabemos nos ama; vive con fuerza la liturgia de cada día, ahonda en la espiritualidad carmelitana y profundiza en la persona de María como modelo de vida consagrada ySeñora de las virtudes, que suscita amor y confianza filial.

Se prepara con fidelidad, para su Consagración Religiosa.

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En esta etapa, la hermana fundamenta su opción vocacional. Profundiza los contenidos, experimenta el carisma, se incorpora más plenamente en la vida y misión de la Congregación y va integrando todos estos elementos, capacitándose para la opción definitiva llamada Votos Perpetuos.

 

El acompañamiento comunitario ayuda a la juniora a construir su esquema de valores, a discernir las realidades que vive, a ir haciéndose una imagen más real y objetiva de ella misma y a identificarse con el carisma.

 

En esta etapa vivimos un mayor conocimiento de las raíces de nuestra espiritualidad a través de los Santos del carmelo; profundizamos el Misterio de la Iglesia, sobre todo, como misterio de comunión; ahondamos la vivencia de este misterio en Nuestro Padre Fundador, en las constituciones y en la vida e historia de nuestra Congregación; tenemos una experiencia fuerte de comunión eclesial en la experiencia de una comunidad orante, fraterna y misionera; descubrimos una Iglesia encarnada que es solidaria y universal, integradora de las diversas culturas.

 

Esta etapa va desde la profesión perpetua hasta el final de la vida. En ella, la hermana testimonia con fuerza y vigor, los valores de su vocación y la pertenencia a la Congregación. Al mismo tiempo, desarrolla y recrea una dinámica de conversión que la lleva a configurarse con la persona de Jesús y el misterio de la Iglesia, en progresiva armonía de todo su ser hasta alcanzar la plenitud vocacional.

Encuentro de Formadoras, Medellín 2010

 

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